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José T. Raga

Una zozobra injustificada

La inquietud, la zozobra actual, no la entiendo, porque es lo que se quería. Y, no lo olvidemos, la inflación genera inflación.

Sí; injustificada porque se presentaba cuando la situación que provocaba tal inquietud estaba clamorosamente anhelada, con pronunciamientos privados y públicos en los que se ponía la esperanza de que así ocurriera, mejor pronto que tarde. Políticos, empresarios y en general los agentes del mundo económico, también los de fuera de él, la requerían con urgencia.

Es verdad que nunca llueve a gusto de todos, y que con frecuencia los que reclaman lluvia copiosa y urgente, llegado el momento, muestran su disconformidad con el advenimiento del agua que llena los embalses y riega los campos, porque no era el momento más propicio.

Algo de esto ha ocurrido en los últimos años respecto a la evolución de los precios. Desde el año 2013, incluso desde el año anterior, los precios se han mantenido en el entorno de la estabilidad; en unos momentos han tenido un ligero incremento y en otros una ligera contracción.

Algunos, entre los que me cuento, que nos gusta la estabilidad y no el caos, nos sentíamos satisfechos, más aún porque la evolución de nuestra economía era positiva, con tasas de crecimiento no esperadas en períodos inmediatamente anteriores. Otros, sin embargo, poseídos de un espíritu keynesiano que hubiera querido para sí el propio J. M. Keynes, reclamaban con urgencia la presencia de tasas de inflación más elevadas, decían, llevados de su inocencia, para relanzar la actividad económica.

Pues bien, por fin, tanto rogar, se ha hecho presente una tasa de inflación respetable en el pasado mes de enero. Ante el deseado dato, la reacción no se ha hecho esperar. Todos aquellos que clamaban por la conveniencia de tensiones inflacionistas –sin tensiones no hay inflación– han sacado sus hachas de guerra, dispuestos a la lucha contra la inflación.

El Gobierno se ha apresurado a desacordar lo acordado para la revisión de un buen número de precios ligados a la inflación, pues sus costes se verían incrementados de no tomar una medida semejante. ¿Se había olvidado que la economía española, en su práctica totalidad, está indexada, generalmente al índice de precios al consumo?

Los entusiastas de Keynes han olvidado que el propio profesor de Cambridge, para que la inflación tuviera ese efecto beneficioso de generar optimismo y con él crecimiento, exigía como condición que hubiera recursos en paro y, lo que es más importante, que éstos pudieran movilizarse fácilmente; cosa que no ocurre en nuestro país.

Además, ¿qué esperaban de ese caudal de euros que cada día salen del Banco Central Europeo con destino a las economías de la UE? Mientras esos euros vuelvan al BCE en forma de depósitos, el problema puede ignorarse, pero cuando salgan al mercado, si no hay flexibilidad para crecer por parte de la oferta, el conflicto sólo se resolverá con incremento de precios.

La inquietud, la zozobra actual, no la entiendo, porque es lo que se quería. Y, no lo olvidemos, la inflación genera inflación, con el peligro de que se entre en una espiral inflacionista.

En Libre Mercado

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