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EDITORIAL

¿Cataluña roba a Barcelona?

Por las mismas razones que los nacionalistas dicen que "España roba a Cataluña", tendrían que admitir que "Cataluña roba a Barcelona".

Dado que son las personas, y no los territorios, los únicos que pagan impuestos, la única "balanza fiscal" con cierto sentido sería aquella destinada a comparar lo que cada ciudadano paga al Estado y lo que recibe de él. Aun así, el cálculo sería complicado habida cuenta de que, si ya es difícil cuantificar, exacta e individualmente, cuanto dinero entrega cada ciudadano a Hacienda, todavía resultaría mucho más difícil cuantificar los beneficios obtenidos por cada ciudadano de todo lo que gasta e invierte el conjunto de las administraciones públicas.

Aun así, de todos es conocido que los nacionalistas catalanes justifican su victimista cantinela del "Espanya ens roba" en el hecho de que los contribuyentes de aquella región aportan al Estado más de lo que este gasta e invierte en la misma. El argumento, no obstante, continúa siendo falaz, pues, por la misma regla de tres, los nacionalistas deberían admitir que el mayor "expolio fiscal" por parte de España lo sufre la Comunidad de Madrid, que aporta al conjunto casi el doble que Cataluña, por no hablar del "expolio fiscal" que perpetra Cataluña en la provincia de Barcelona.

Efectivamente, según el último estudio de Convivencia Cívica Catalana, dedicado a analizar los saldos fiscales de las cuatro provincias catalanas, Barcelona sufre un notable déficit fiscal en Cataluña, mientras las restantes, Gerona, Lérida y Tarragona, registran superávit fiscal. Concretamente, la administración catalana obtiene de Barcelona el 82,5% de sus ingresos pero destina a esta demarcación sólo el 65,7% de sus gastos e inversiones. Vamos que el cacareado déficit fiscal de Cataluña respecto de España es bastante menor que el que sufre la provincia de Barcelona respecto de Cataluña

A estos pseudo indicadores económicos le ocurre lo mismo que al pseudo derecho de la autodeterminación: Que por ser falaces se contradicen a sí mismos. Así, por las mismas razones que los nacionalistas dicen que "España roba a Cataluña", tendrían que admitir que "Cataluña roba a Barcelona"; y por la misma razón que dicen que debe respetarse que Cataluña pueda separarse de España, tendrían que admitir que Barcelona pudiera separarse de Cataluña. Es más: puestos a que el objeto de estudio de las balanzas fiscales, o que el titular del derecho a decidir, sea el territorio, y no el individuo, también cabría hablar, no menos falazmente, de las balanzas fiscales y del derecho a decidir de los distintos términos municipales que componen cada provincia. Como falso sujeto fiscal y como falso titular de derecho, todo colectivo es siempre reductible y contradictorio entre sí.

Comparar, en definitiva, lo que los ciudadanos entregan al Estado y lo que reciben de él, siempre es un saludable ejercicio democrático, incluso el primer imperativo del que cabe hablar en una democracia. Pero utilizar esa comparación para fortalecer el colectivismo nacionalista y alimentar los delirios identitarios, resulta un completo e injustificable dislate.

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