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SOS desde Chile: su modelo liberal está en peligro

 “El populismo ha vuelto a Chile", según el economista Cristián Larroulet. 

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Santiago de Chile | Pixabay/CC/lebastias

Cristián Larroulet es una de las mentes más brillantes del liberalismo hispanoamericano. Este economista, académico, político e investigador se formó en la Universidad de Chicago y contribuyó a difundir en su país las ideas liberales que acabaron haciendo de Chile una de las democracias más prósperas del continente.

Ha participado en la fundación del Instituto Libertad y Desarrollo, un think tank de notable influencia en el panorama político, y también en la creación de la Universidad del Desarrollo, constituida en 1990 y pionera en el desarrollo de la formación superior privada. En el terreno de lo público, ha colaborado puntualmente con presidentes de centro-izquierda como Eduardo Frei, Ricardo Lagos o Michelle Bachelet, si bien su principal responsabilidad llega en 2010, cuando Sebastián Piñera le nombra ministro secretario general de la Presidencia.

En el marco del X Foro Atlántico convocado por la Fundación Internacional para la Libertad (FIL), Larroulet visitó Madrid para participar en un ciclo de charlas sobre el populismo. Con visible preocupación, manifestó que "es un poco incómodo, pero hay que reconocer que se empieza a hablar de Chile en eventos o conferencias sobre la decadencia de las instituciones en América Latina. Hace algunos años habría sido impensable…".

El chileno explica que, "por fortuna, se ha tendido a ver a mi país como una de las pocas naciones latinoamericanas que ha logrado consolidar un modelo de desarrollo político y económico más o menos estable. Y esto viene de atrás. Entre 1820 y 1910, Chile es el país que más crece en toda América Latina. La figura de líderes como Andrés Bello marcó para bien la trayectoria que seguimos durante ese primer siglo de independencia. Pero ya en el siglo XX aparecen poco a poco las tensiones populistas que creíamos haber esquivado. Surgen nuevos liderazgos carismáticos, algunos de corte militar, otros de corte marxista. Y la estabilidad queda en entredicho".

La llegada de Salvador Allende supone, como es evidente, un punto de inflexión en la historia de Chile. "En 1973, la situación era imposible. Teníamos la inflación más alta del mundo, un parlamento roto… Aquello era insostenible", recuerda. Luego llegó el régimen militar de Augusto Pinochet y, a finales de los años 80, la consolidación de la transición a la democracia.

"Desde entonces, y por más de veinticinco años, Chile ha dado ejemplo al resto de países de la región, precisamente porque hemos esquivado el populismo. Somos líderes en renta per cápita, somos el país más próspero de la región… pero empieza a haber muchas razones para el pesimismo", explica.

En opinión de Larroulet, "el populismo ha vuelto a Chile. Es duro pero es así. Hay gente incrédula de esta tesis, porque Michelle Bachelet ya fue presidente entre 2006 y 2010 y su gestión entonces fue más o menos rigurosa. Pero el fenómeno populista está muy presente en su nuevo mandato. La Bachelet que tenemos hoy es muy distinta a la de hace una década".

¿A qué se debe esta deriva? "En el año 2006 empezó a cuajar un movimiento liderado por estudiantes y por intelectuales. La idea central: olvidar todo lo construido, dejar atrás décadas de consenso en el modelo económico… y utilizar la 'retroexcavadora' para tumbar todos los cimientos del sistema que tanto éxito nos ha dado. La economía de mercado, la democracia liberal, la sociedad abierta… pasan a estar en el punto de mira", lamenta.

Según Larroulet, Bachelet ha lanzado cuatro ataques frontales al exitoso modelo chileno. "Primero, una reforma educativa que quita poder a los padres, resta autonomía a las instituciones formativas y frena la participación del sector privado en el sector. Segundo, una reforma laboral que lo único que hace es darle más poder a los sindicatos y restarle flexibilidad al mercado de trabajo. Tercero, una reforma tributaria que golpea especialmente a las empresas y también a los trabajadores. Y cuarto, la pretensión de lanzar una nueva Constitución.

"En la legislatura anterior al gobierno de Bachelet se creó un millón de empleos, se redujo la desigualdad, se creció al 5 por ciento… pero bajo su mandato el crecimiento se ha estancado, la inversión cae, el empleo se deteriora… Poco a poco, vamos volviendo a las políticas, a los discursos y a los vicios del populismo", denuncia.

"¿Soy pesimista? No, hay esperanza, pero depende de dos factores: por un lado, la democracia (siete de cada diez chilenos rechaza las reformas de Bachelet, el apoyo a la presidenta es de apenas un 18 por ciento); por otro lado, instituciones (por ejemplo, el TC nos ayuda a frenar los excesos de las reformas de la retroexcavadora, el Banco Central es independiente y evita escenarios de desorden monetario, se mantiene la apertura comercial y se esquiva la tentación proteccionista). Hay elecciones en noviembre. A fecha de hoy, parece claro el triunfo de Sebastián Piñera. La sociedad chilena reconoce que el país funcionó bien entre 2010 y 2014. Por eso soy optimista. De hecho, creo que su triunfo electoral puede ser incluso más amplio que el de 2010, pero hay que trabajar para que así sea", explica.

El mundo, a mejor

Pese al boom populista, Larroulet insiste en que la globalización y la expansión del capitalismo han tenido efectos beneficiosos. "Si uno considera cómo ha evolucionado la humanidad en los últimos cincuenta años, resulta evidente que hemos vivido un cambio a mejor. Pensemos en China o en India, donde cientos de millones de personas han salido de la miseria más absoluta. Pensemos en mi país, Chile, que ha reducido la tasa de pobreza del 40 al 8 por ciento. Si vemos la realidad con la mirada de la igualdad de oportunidades, entonces parece evidente que el mundo ha cambiado a mejor, con más igualdad en el progreso y mucha menos pobreza".

"Los cambios tecnológicos, como ya advertía Joseph Schumpeter, tienen ganadores y perdedores. Eso genera situaciones complejas o difíciles que hay que saber manejar. Pero desde el punto de vista del progreso humano, no hay ninguna duda de que las últimas décadas han ido a más, por tanto hay que defender los pilares de la democracia liberal y de la economía de mercado", zanjó.

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