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Raúl Pardo-Geijo, abogado penalista de Murcia: "La ley reina pero la jurisprudencia gobierna"

Considerado el mejor abogado penalista de Murcia, Raúl Pardo-Geijo analiza las claves de su sector.

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Raúl Pardo-Geijo, abogado penalista | Pardo Geijo Abogados

A lo largo de su trayectoria el Despacho del que forma parte ha recibido numerosos galardones y reconocimientos. En el último año, Raúl Pardo-Geijo ha recibido el Premio de Ley 2017, el Premio El Suplemento y la Estrella de Oro del Instituto para la Excelencia Profesional, todos ellos por su condición de abogado penalista.

Considerado el mejor abogado penalista de Murcia, ¿puede decirnos qué cualidades ha de tener un buen abogado penalista?

A mi juicio, algunas son innatas y otras fruto de la práctica, lo que no es óbice para que las primeras se adquieran a través de este último medio. Un buen penalista, tan sólo es un desiderátum, además de tener rigor jurídico y procesal (lo que exige una actualización diaria) debe poseer otras cualidades (memoria, capacidad de síntesis, adecuada proyección de lo conocido, capacidad de reacción, etc.), sobre todo, cuando se enfrenta a macro-procesos. Otro tema es la vehemencia o docilidad a la hora de defender o acusar. En ocasiones se cree que un letrado que se aquiete ante cualquier arbitraria actuación judicial frente al justiciable será más favorable para sus intereses que otro que, por el contrario, con ímpetu y desde el respeto, la rebata, lo que es radicalmente incierto. Si así fuera, el juzgador condenaría o absolvería al cliente en función, por ejemplo, de la mejor o peor actuación de su letrado y eso es un pensamiento que, amén de mendaz, atenta gravísimamente contra la independencia judicial. El juzgador no juzga al letrado sino a su cliente, que nada tiene que ver con el mismo.

Su bufete ha salido muchas veces en las páginas de los periódicos regionales y nacionales y de hecho, como afirman varios medios y otras fuentes judiciales, es considerado uno de los abogados más prestigiosos a nivel nacional. ¿Cómo se lleva el hecho de ser famoso?

Lo cierto es que, por fortuna, la mayoría de asuntos trascendentes en los que intervenimos no han salido a luz en los precitados medios. Ocurre, sin embargo, que en muchísimas ocasiones nos hemos enterado del resultado de un procedimiento a través del periódico porque, por uno u otro motivo, el gabinete judicial de prensa, u otra fuente externa, ha tenido acceso al mismo y ha considerado que tiene interés general. Lo que no suele tenerlo, por desgracia, son la absoluciones y/o sobreseimientos, que copan poco o nulo espacio en el ámbito informativo porque el interés que suscita a la sociedad parece ser de mucha menor índole. En cuanto a la fama, no tengo. Nunca he colaborado en debates sobre asuntos que no son tratados en el despacho (no se puede hablar con coherencia de lo que no se conoce al detalle) y sólo hablo a los medios cuando, previamente, existe una campaña mediática en contra de un cliente. Y es que, a veces, esta profesión obliga a asumir la defensa por esa doble vía.

¿Cuáles son los casos que más le gusta llevar a Raúl Pardo-Geijo?

Podría contestar mejor a la inversa. Hay ciertos casos que jamás llevaría, unos por el delito en sí, otro por el carácter de la conducta perpetrada. Sea como fuere, en uno u otro asunto, disfruto de los casos en lo que, en el iter del procedimiento, te enfrentas a fiscales y jueces que saben aplicar correctamente el derecho penal pero también procesal. Para ello, insisto, no sólo hay que estar actualizado a diario (la jurisprudencia penal es harto cambiante y la ley prácticamente ha dejado de servir sin su interpretación) sino que, además, hay que emplear el sentido común y estar alejado de cualquier prejuicio, lo que no es fácil.

¿Afirmaría con rotundidad Raúl Pardo-Geijo que la justicia es universal e igual para todo el mundo?

No lo es ni, por pura lógica, podrá serlo. Es lo primero que debe ser asumido en esta profesión. La justicia es un mero concepto. Los juzgadores son personas distintas que pueden interpretar un hecho idéntico de manera diferente (el juez que, por ejemplo, interpreta una conducta como engañosa puede encontrar otro que no lo entienda así). Se trata, pues, de convencer fácticamente al Juzgador, según el caso, acerca de su existencia o no, pero también, a posteriori, de hacerle entender jurídicamente, nuevamente según el caso, que la misma tiene o no encaje en la esfera penal.

¿No ha pensado en dedicarse a la docencia universitaria ofreciendo a los estudiantes sus conocimientos en materia penal?

Aunque respeto profundamente la docencia, lo cierto es que por el momento no tengo tiempo para ella. Impartir clases a diario no me permitiría atender a mis clientes de la forma que estimo adecuada y además, desgraciadamente, lo que se estudia en la Facultad de Derecho no alcanza ni el 15% de lo que realmente conforma el Derecho Penal Sustantivo y Procesal. La ley reina pero la jurisprudencia gobierna, es decir, el Código Penal (la Ley) es, en sí, un cuerpo prácticamente vacuo siendo, por el contrario, la Jurisprudencia (o interpretación de la misma emanada de los Tribunales que, por cierto, es extremadamente cambiante) la que permite desempeñar esta profesión con garantías, eficacia y precisión. Lo que hoy constituye, por ejemplo, un delito de estafa, mañana deja de serlo por un mero detalle y eso nunca lo dice la Ley, sino la interpretación que los Jueces -verdaderos legisladores- realizan sobre la misma. En este sentido y porque además lo estimo necesario, he preferido dedicarme por cuenta propia al estudio constante de la doctrina y jurisprudencia que, a diario, emana de los altos Tribunales pues, a fin de cuentas, conforma la base sobre la que gravita mi profesión.

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