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¿Por qué mucha gente posee oro y plata?

Cuando el inversionista piensa en oro, lo puede hacer desde una cobertura ante la inflación, como valor refugio, o sólo para diversificar cartera.

José María Martínez Gallego (SEMPI)
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Oro y plata | SEMPI

Cuando el inversionista medio piensa en el oro, lo puede hacer desde un prisma de cobertura ante la inflación, tal vez como un seguro ante una crisis, como valor refugio, o quizás sólo como un diversificador de cartera.

Estas son unas cuantas buenas razones para poseer oro, pero también son siempre unas excelentes razones para comprar otros metales preciosos como ahorro e inversión.

Debido los riesgos monetarios y económicos actuales, y los tipos de crisis que se están produciendo en todo el mundo, incluido el golpe separatista que fuerzas políticas y económicas radicales están aventurando en España, léase Cataluña, los ciudadanos de muchos países se están decidiendo a buscar coberturas de tranquilidad ante las tormentas no metereológicas que surgen por doquier.

Veamos pues algunas razones que impulsan a un ciudadano medio, ahorrador e inversor, a fijar su mirada y parte de su bolsillo hacia el oro y los metales preciosos de inversión.

En primer lugar, fijémonos en el estado actual de la economía mundial: la deuda, el gasto deficitario, los derivados y los desequilibrios comerciales se encuentran en niveles sin precedentes en toda la historia. Tan malos como son los niveles de deuda mundial, los derivados totales superan los 1,2 billones de dólares. Esta burbuja precaria amenaza con derribar la economía mundial. Este factor por sí solo podría acabar con el bienestar económico durante la noche, mientras medio mundo duerme. Es justo en un escenario como ese cuando se pueden disparar el oro y la plata.

Otra razón para depositar parte de los excedentes económicos en el oro o la plata es que, al final, todas las monedas de Fiat, desde el dólar al euro, pasando por rublo, yuan o yen, van perdiendo paulatinamente su valor. Desde el año 1500, una friolera 617 monedas fiduciarias circulantes en todo el mundo han perdido su valor. Alrededor de una cuarta parte de los casos se debió a la hiperinflación. El mensaje de la historia es muy claro: ninguna moneda Fiat ha durado para siempre. Eventualmente, todas fracasan. Y hoy están todas hechas de papel, respaldadas por… nada.

El mundo ha formado un nuevo sistema monetario cada 30 o 40 años. Precisamente el tiempo medio, 40 años, de una moneda fiduciaria. En el caso del dólar estadounidense, lleva sin respaldo desde 1971, desde que Nixón acabara con la convertibilidad del oro. Es decir, el dólar lleva siendo Fiat desde hace 46 años. Según la historia, ya está fuera de juego desde hace tiempo.

Nadie duda de que el sistema financiero global es más vulnerable que nunca. El restablecimiento global afectará al mundo entero, es decir, a todas las 180 monedas en uso hoy en día, porque el dólar representa más de la mitad de la moneda en circulación. Con este tipo de dominio, la fe en todas las monedas Fiat podría desvanecerse una vez que el dólar caiga.

En tercer lugar, el oro y la plata vienen con una garantía de los bancos centrales, ya que en un intento desesperado por detener la crisis, funcionarios de los gobiernos de todo el mundo están inundando el planeta con dinero. Lo que llamamos vulgarmente "darle a la maquinita". Con ello, aumenta el poder adquisitivo del oro y la plata. El problema de estos mecanismos es que en ocasiones pueden derivar en tasas inflacionarias crecientes. Es más, la historia nos ha ofrecido dramáticos ejemplos de procesos hiperinflacionistas.

Otra razón para recurrir al oro y la plata es la del aumento desproporcionado de los bonos gubernamentales emitidos en por países de los cuatro continentes. Bonos que se han convertido y representan una de las mayores burbujas de la historia, a la espera de que alguien (¿China?) haga estallar los de algunos de los líderes mundiales: Estados Unidos, Alemania, UE…

Y así, podría continuar enumerando razones serias para pensar en el oro y la plata como tablas de salvación para las economías de hogar, empresa o estado.

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