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Carlos Sánchez Mato, de querer derribar el sistema a derribado en dos años

El polémico concejal marxista fue destituido este lunes. Finalmente perdió el pulso contra Montoro. Y también contra Carmena.

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Manuela Carmena y Carlos Sánchez Mato | EFE

El punto de inflexión fue hace unos meses, cuando Carlos Sánchez Mato decidió presentar una denuncia ante la Fiscalía por el caso Open de Tenis de espaldas a la alcaldesa. En ese momento perdió la confianza de Manuela Carmena, que ya miraba con preocupación los tiras y afloja de su concejal con el Ministerio de Hacienda y el incumplimiento sistemático de la regla de gasto.

Pero los delicados equilibrios de la coalición de partidos y plataformas que conforman Ahora Madrid habían pospuesto la decisión de la regidora, incluso cuando fue imputado por malversación, prevaricación y delito societario y reprobado por ello por el Pleno del Ayuntamiento. Hasta este lunes. "No podía permitir que el concejal de Hacienda no apoyase la propuesta (del Plan Económico Financiero) que él mismo había dirigido al Pleno", justificó Carmena.

Aunque lo cierto es que esto último no pillaba de imprevisto a la alcaldesa. Fue ella misma la que lo apartó de las relaciones institucionales con Hacienda cuando Cristóbal Montoro decidió intervenir las cuentas del Ayuntamiento de Madrid al presentar éste, por tercera vez, un PEF que aspiraba a elevar un 7,4% los desembolsos del Consistorio a pesar de que la ley exige limitar los aumentos de gasto al 2,1% en 2018.

Tampoco es la primera vez que Carmena lo aparta de sus responsabilidades. Precisamente la denuncia a la Fiscalía a la que antes nos referíamos le costó su destitución como alto cargo en la empresa pública Madrid Destino. Y ésta no es la única polémica en la que Carlos Sánchez Mato se ha visto envuelto durante estos dos años y medio de mandato. En su currículum está romper con las agencias de calificación; cesar a la anterior interventora; subir el IBI a los grandes empresarios; poner en marcha varias comisiones de investigación sobre las gestiones del PP –la de los últimos tres mandatos ha sido tumbada en dos ocasiones por la Justicia–; crear auditorías ciudadanas que valorasen las acciones del gobierno antecesor –también anulada por los tribunales–; incumplir la regla de gasto en su particular pulso a Cristóbal Montoro o grabar con micrófonos ocultos al consejo de Madrid Destino .

Este cristiano de base -cuyos modelos vitales son Jesús de Nazaret y Carlos Marx, según él mismo proclamó- era el último (y único) gran reducto de poder que le quedaba a IU. De hecho, como su asesor fichó al hermano de Alberto Garzón, Eduardo, que este mismo lunes cargó duramente contra el PEF aprobado. Y es que tal y como el propio Sánchez Mato reconoció "el poder local es una palanca que nos puede dar otro 14 de abril de 1931".

El hasta ahora delegado de Economía y Hacienda es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y experto en Cooperación Internacional y Desarrollo. Es apasionado y vehemente a la hora de defender sus convicciones, pero también soberbio. Incluso con la prensa con la que algunas veces mostró una actitud poco profesional.

Esta forma de entender la manera de hacer política le ha llevado a tomar controvertidas decisiones, como rechazar defender a los presos políticos de Venezuela o el ataque de las juventudes de la CUP a la sede del PP en Barcelona. Por contra, se ha dejado ver en cuestionadas manifestaciones como la defensa a los okupas del Patio Maravillas o La Ingobernable (Museo Ambasz) o favor del referéndum ilegal en Cataluña. También a tener gestos polémicos, como votar con la nariz tapada cuando lo hacía en contra de sus principios.

"No queremos ser los mejores gestores del sistema, hemos venido a derribarlo", afirmó Carlos Sánchez Mato. Hace de esto casi dos años exactos y lo cierto es que el sistema ha acabado derribándole a él.

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