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La frase del verano

Aunque los Gobiernos no quieran, los salarios siempre dependerán de la productividad del trabajo.

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La razón de abordar las manifestaciones y pronunciamientos de los notables, políticos, grandes empresarios tiene su fundamento –además de en la defensa de la verdad– en que desempeñan una función acreedora de confianza. Más aún cuando lo hacen con afirmación expresa de su condición.

Los últimos días de julio, la señora ministra de Industria, Comercio y Turismo nos obsequió con una entrevista en el Congreso de la que se deducían opiniones, criterios… que merecerían largos y sustanciosos comentarios, por lo que tenían de atentado a la verdad, a la coherencia y a la racionalidad.

Como ministra de un Gobierno del PSOE, valoró cómo deberían ser las cosas, lo cual hace temer una regulación para que sean como la autoridad crea que deben ser. Así, opinó, por ejemplo, que "el turismo se tiene que redistribuir" porque no llega a todos los sitios. Naturalmente, llega a donde los turistas quieren que llegue. Pero no voy a entrar en tales esperpentos.

La que más me preocupó fue la afirmación de que "España no debe competir en el mundo con salarios bajos". Una evidencia mayor, señora ministra, porque los salarios en España no son precisamente bajos, salvo que usted defina antes qué entiende por salarios bajos.

Lo primero que debe entender la ministra es que el salario no es una variable independiente, aunque el Gobierno fijase, como le gustaría, sus niveles; muchas dictaduras de derechas y de izquierdas así lo han hecho.

Aunque los Gobiernos no quieran, los salarios siempre dependerán de la productividad del trabajo; y si desagregamos la magnitud, cada salario dependerá, en el límite, de la productividad de cada trabajador. Por eso el sinsentido de la igualdad salarial, no sólo entre varones y hembras, sino entre varones o entre hembras. Ya sé que esto destroza muchos mitos, pero yo no soy el culpable.

La crisis de 2007-2009, auspiciada por el señor Zapatero, tiene una explicación muy sencilla si se compara la evolución de los salarios y de la productividad en España.

Si, por ejemplo, tomamos los datos de 2004 –primer año del Gobierno de Rodríguez Zapatero– y les asignamos un valor de 100 euros, en 2007 los salarios habían subido a 111,8 euros, y a 124,1 en 2009. La productividad, sin embargo, se había quedado en 101,8 euros en 2007 y en 106,2 en 2009.

Un crecimiento salarial del 24,1% frente a un crecimiento de la productividad de sólo el 6,2% tenía que conducir a un ajuste mediante una crisis, tras haberse derrumbado el sector exterior, con un déficit por cuenta corriente ya en 2007 del 10% del PIB; el mayor de todos los países de la OCDE.

Así que, señora ministra, no hay que competir en salarios bajos sino en productividad. Y recuerde una regla básica de la lógica: hay definir las cosas por lo que son, no por lo que no son.

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