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Imprescindible controlar el dinero

El político debe tener siempre presente que el dinero que maneja y del que dispone no es suyo.

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Estamos ante una necesidad paradigmática que, por su evidencia, sonroja su mención. ¿Por qué afirmo con rotundidad que hay que controlar el dinero? No porque lo haya dicho el Tribunal de Cuentas, que también, sino porque si el dinero, como la mayor parte de los bienes y recursos, es escaso, habrá que controlar su uso para asegurar su utilización eficiente.

No creo que sea difícil de aceptar, sin más, este axioma. Es natural que lo escaso, o sea, lo limitado en cantidad, se controle hoy para evitar problemas mañana, ante una carestía significativa.

A medida que avanzamos en desarrollo, en innovación, que crecemos en renta y riqueza, disminuye alarmantemente la lista de bienes que no precisan control, porque no es imaginable que su escasez futura merezca consideración especial.

Cuando daba mis primeros pasos en la docencia de la economía, allá por los inicios de los sesenta, los ejemplos de lo que llamábamos bienes libres eran numerosos, y los alumnos asentían con la cabeza cuando se hablaba del agua, del aire, del medio ambiente, etc.

De aquellos, hoy, casi ninguno permanece fiel a su clasificación. El agua potable, cada vez es más escasa –más aún, en tantos países pobres–; el aire, cada vez más contaminado –o al menos eso nos dicen–, nos obligará, en su momento, a deambular unidos a una botella de oxígeno; en cuanto al medio, la deforestación y la euforia urbanista obligará a pagar un precio para disfrutarlo.

De esto son conscientes los que rigen la vida pública porque han nacido, especialmente, para prohibir, para mandar, para regular bien o mal lo que tenemos que hacer los que vivimos bajo su imperio.

¿Y el dinero? Algunas veces son infantiles y cuando se les habla de que la deuda crece y el dinero se acaba, vienen a decir lo que el hijo de escasa edad cuando sus padres plantean un problema semejante: podéis ir al cajero de la esquina y sacarlo.

El político ni siquiera tiene esa inocencia que salva al infante. Pero es que, además, el político debe tener siempre presente que el dinero que maneja y del que dispone no es suyo; es el sacrificio de muchos ciudadanos, que han reducido sus rentas, producto del esfuerzo de su trabajo, para pagar unos impuestos con los que satisfacer necesidades esenciales de la población no caprichos.

¿Por qué, entonces, el Gobierno de España, el señor Sánchez, no controla al milímetro en qué gasta Cataluña el dinero público del pueblo español? ¿En virtud de qué autoridad decide que se levante el control sobre el gasto en una comunidad insolvente y quebrada? ¿No hay indicios o sospechas suficientes para controlarlos? Mienten además cuando vinculan control financiero y artículo 155. El primero se aplicó el 16 de septiembre de 2017, y el segundo el 27 de octubre del mismo año.

Diga, simplemente, lo que dijo: era un gesto. Y añado yo: que no merecen los españoles.

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