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Las consecuencias del Plan de Igualdad de Calvo: cuatro preguntas que nadie se hace

¿Serán los planes de igualdad otra piedra en el camino para las empresas que quieran crecer? ¿Cómo reaccionarán las familias ante los nuevos permisos?

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La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, este viernes durante la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros. | EFE

El Consejo de Ministros sigue en campaña electoral. Este viernes le ha tocado el turno a la "igualdad". A partir del próximo martes, se amplía el permiso de paternidad a ocho semanas (que serán 12 en 2020 y 16 en 2021). Además, llegan las famosas tablas salariales a las empresas, que deberán publicar cuánto cobran sus empleados en función de su sexo. La idea de Carmen Calvo, la ideóloga del plan, es terminar con la "discriminación" que, asegura, sufren las mujeres en el ámbito laboral.

Las siguientes son las principales medidas incluidas en el "Real Decreto-Ley de medidas urgentes para garantizar la igualdad entre mujeres y hombres":

  • Ampliación del permiso por paternidad a ocho semanas en 2019, 12 en 2020 y 16 en 2021, equiparándolo así al de maternidad. Las primeras semanas se tendrán que coger de forma obligatoria tras el parto y el resto se podrán distribuir a lo largo del primer año de vida del niño. Este período será retribuido e intransferible.
  • Las empresas medianas y grandes (con más de 50 empleados) tendrán la obligación de publicar tablas salariales, que estarán accesibles para todos los trabajadores vía sindical o personal, así como a inscribirlas en un registro público.
  • Las medianas y grandes empresas también estarán obligadas a elaborar planes de igualdad –hasta ahora sólo era obligatorio para las de más de 250 empleados– y a registrarlos, recogiendo en ellos medidas dirigidas a eliminar obstáculos que impiden la igualdad efectiva.

Las reacciones al RDL han sido las previsibles. Los sindicatos han celebrado las medidas, pero han dicho que se quedan cortas y han pedido que se acorte el calendario de aplicación (eso sí, CCOO ha criticado la premura en su aprobación y que no se haya realizado "con una verdadera negociación con los agentes sociales"). Los empresarios, por su parte, han alertado sobre el coste que las medidas tendrán en las empresas.

Hasta aquí, el Gobierno ha logrado todos sus objetivos: robar un puñado de minutos de Telediario, comerle el terreno a Podemos en la semana del 8 de marzo, aparecer como el campeón de la igualdad entre hombres y mujeres… La cuestión es si realmente este tipo de medidas cumplirán su objetivo. Cuáles serán las consecuencias más allá de la propaganda. Qué impacto tendrán en el tejido productivo español. Sobre esto, hay muchas menos respuestas.

- El punto de partida: el Gobierno (en realidad, en esto no hay diferencia con los demás partidos y el 99% de los medios de comunicación) parte de una premisa: que las mujeres son discriminadas en el mercado laboral por el hecho de ser mujeres y madres.

La lógica del argumento sería algo así: "Hasta ahora, las mujeres son las que disfrutan, casi en exclusiva, del permiso de maternidad. Aunque desde hace unos años es posible compartir esas semanas con el padre, apenas se hace: apenas un 2% de las parejas hace uso de esta posibilidad. Esto provoca que los empresarios penalicen a las mujeres a la hora de contratarlas o subirles de categoría profesional. Saben que, si estas empleadas tienen un hijo, las perderán durante 4-5 meses, por lo que prefieren contratar a hombres en su lugar. Igualando el permiso [sigue este argumento, aceptado casi sin discusión en la sociedad española] se acabará también con la discriminación".

El problema es que este razonamiento ignora un buen puñado de principios económicos básicos. Nadie se plantea lo contrario. De hecho, cualquiera que ose cuestionar cualquiera de sus postulados corre el riesgo de muerte civil y acoso mediático inmediato. Pero hay numerosas preguntas interesantes que deberían estar sobre la mesa en cualquier debate honesto sobre esta cuestión.

- Cómo se repartirán las familias estas 16 semanas para cada progenitor: esta pregunta no se pone encima de la mesa de forma clara porque implicaría, para empezar, reconocer un fracaso, el del primer plan. Cuando sólo las mujeres podían disfrutar del permiso de maternidad (o tenían muchas más semanas no transferibles que los hombres) la reclamación era que el período de cuidados pudiera compartirse. Así, decían sus defensores, sin necesidad de obligar a nadie, poco a poco se iría consiguiendo la igualdad efectiva.

El problema es que esta lógica parece que no ha encajado con la realidad. Hasta ahora, las familias españolas han decidido de forma mayoritaria que la que disfrute casi por completo del permiso fuera la madre: apenas el 2% de los hombres se han tomado alguna semana del período disponible para los dos. En esto nuestro país no se diferencia de otros países europeos: en todos ellos y con mucha diferencia, son las mujeres las que han optado de forma mayoritaria por tomar el período en el que se puede compartir el permiso entre los dos progenitores.

Ahora se da otra vuelta de tuerca. De hecho, por lo apuntado el viernes, parece que no habrá un período común, en el que se pueda decidir si el permiso lo coge el padre o la madre. Cada uno tendrá 16 semanas y deberán organizarse con ellas: si las cogen al mismo tiempo o de forma consecutiva. Pero no habrá un período del que pueda disponer uno u otro como existe en la mayoría de los países de Europa. Este diseño ha hecho que algunos colectivos feministas hayan criticado al Gobierno: creen que el hecho de que las semanas de permiso obligatorio se disfruten a la vez entre los dos progenitores (y que el resto también puedan simultanearse) hará que los padres no se impliquen lo que estos colectivos creen que deberían en la crianza de los niños: lo que piden es que las semanas simultáneas obligatorias sean sólo las dos primeras tras el parto.

Ahora la pregunta será si los padres van a coger las semanas no obligatorias, cómo se distribuirá el resto, si esto va a cambiar las tendencias a medio plazo del mercado laboral (en el que son las mujeres las que más interrupciones hacen o las que más a menudo tienen empleos a tiempo parcial). Y cómo afectará a los padres potenciales saber que tienen esas semanas a su disposición: tanto las obligatorias como el resto. Para ninguna de estas preguntas hay una respuesta clara.

- ¿Acabará con la 'discriminación'? Eso es lo que defienden sus promotores. Su argumento es que como los empresarios ya sabrán que tanto hombres como mujeres tendrán el mismo permiso, no penalizarán a estas en favor de aquellos.

Lo primero que hay que decir es que nadie ha conseguido probar hasta ahora que exista esa discriminación. Sí, hay mucho ruido, mucho estudio, mucho titular de prensa, pero ningún dato concluyente y sí mucha discusión entre los expertos sobre las razones de las diferencias en sueldos o condiciones. Así, las cifras que se ofrecen como prueba suelen ser agregados de salarios medios entre hombres y mujeres, en los que no se tiene en cuenta la carrera laboral, la experiencia, la especialización, las horas trabajadas, los sectores, factores como la peligrosidad… De hecho, en las propias estadísticas oficiales se reconoce que, cuando estas circunstancias entran en el cálculo, las diferencias menguan hasta casi desaparecer.

Pero incluso si entramos en ese esquema mental y admitimos que las mujeres estén siendo penalizadas por ser madres, la pregunta sería la misma: qué ocurrirá a partir de ahora. Si es verdad que los empresarios españoles son unos avariciosos, obsesionados con el beneficio a toda costa y que desprecian las motivaciones personales de sus empleados, la lógica nos debe llevar a pensar que lo que harán es ampliar el campo de su discriminación, buscando a trabajadores que tengan menos posibilidades de ser padres en un futuro cercano, bien porque son muy jóvenes o más viejos, o porque son solteros o porque les prometen que no tendrán hijos…

Debemos dejar claro que en Libre Mercado no creemos que esto vaya a ocurrir, porque no creemos que se esté produciendo esa supuesta discriminación. Pero si uno piensa que un colectivo está siendo castigado, y coge a otro colectivo y le iguala las condiciones que en teoría han generado ese castigo, la lógica lleva a pensar que lo que terminará no es el castigo del primer colectivo, sino que éste se ampliará a todo el grupo. Ni siquiera decimos que eso vaya a ocurrir seguro, pero sí que es una opción que alguien quizás debería tener en cuenta.

Como alguien debería tener en cuenta cómo afectará a los futuros padres y madres que les obliguen a dejar su trabajo por un período de tiempo más prolongado. Esto, en parte, también influirá en la siguiente pregunta.

- ¿Impulsará la natalidad? La siguiente derivada es la que tiene que ver con la natalidad. España es uno de los países del mundo con una tasa de nacimientos más baja y los promotores de este tipo de medidas aseguran que buena parte de la culpa es de la falta de políticas de igualdad. En los países del norte de Europa (como Suecia, Holanda o Dinamarca) la regulación hace años que reconoce el derecho a permisos más largos para padres y madres, lo que explicaría, según este relato, sus mejores tasas de natalidad.

De nuevo, los que defienden estas propuestas tendrán que explicar todo esto mucho mejor. Para empezar, es verdad que en estos países hay desde hace años leyes con permisos de maternidad-paternidad más largos y que tienen tasas de natalidad más elevadas que las españolas. Pero también es verdad que hay otros países occidentales mucho menos generosos en este tema de los permisos (por ejemplo, EEUU) en los que las tasas de natalidad son todavía más altas. No sólo eso, además, en casi todos esos países del norte de Europa las tasas están cayendo desde hace años (y no, no es por la crisis que hace tiempo que superaron) y ninguno alcanza los 2,1 hijos por mujer que se considera la tasa de reemplazo (de hecho, quitando a la población inmigrante de la estadística, las cifras de estos países tampoco son muchísimo mejores que las de las familias españolas). Así que si los permisos ayudan a la natalidad… como mínimo se puede decir es que lo hacen con un éxito muy escaso.

No sólo eso. Si uno quiere unir en el análisis maternidad-natalidad y mercado laboral, entonces deberá recoger todas las variables que afectan a uno y otro elemento de la ecuación. Es decir: Suecia tiene permisos más generosos y mejor tasa de natalidad que España; pero también tiene un mercado de trabajo muchísimo más flexible que el nuestro, más multinacionales, empresas más productivas y un nivel de desempleo muy inferior. ¿Cuál de estos factores afecta-ayuda más, aunque sea un poco, a su natalidad? Pues puede haber muchas respuestas, pero el que crea que sólo con los permisos ya se solucionará todo, al menos debería intentar demostrarlo.

- Y el resto del plan, ¿qué efectos tendrá sobre las empresas? Porque no sólo de permisos vive el RDL de Calvo. Además de la ampliación de estos, el Gobierno ha aprobado la obligación de que todas las empresas de más de 50 empleados publiquen tablas salariales y elaboren un Plan de Igualdad.

Desde hace años, todos los expertos que analizan la economía española coinciden en que tenemos un problema con el tamaño de las empresas. ¿La razón? Pues en parte puede ser por un tejido productivo poco competitivo y una normativa poco flexible. Pero en buena parte se debe a las normas que incentivan que las empresas no crezcan. ¿Cómo? Pues dando ventajas de las que sólo te puedes beneficiar si tu empresa no alcanza una determinada cifra de negocio o empleados (por ejemplo, un tipo más bajo en el Impuesto de Sociedades o el acceso a determinadas ayudas); o imponiendo obligaciones extras a las empresas que sobrepasan ese umbral.

El RDL aprobado este viernes es una norma más, ni la primera ni seguramente la última, que empujará a las empresas españolas en la misma dirección, la de no crecer. Hacer un plan de igualdad o publicar tablas salariales tiene un coste y ningún beneficio para la compañía. De hecho, un empresario con una pequeña empresa puede pensar que, si acaso, le va a suponer otro quebradero de cabeza burocrático. Es fácil imaginar qué incentivos tendrá.

Y un punto adicional en el que nadie piensa. Thomas Sowell lo explica muy bien en su libro La discriminación positiva en el mundo: muchas veces, las medidas que en teoría iban a beneficiar a un colectivo acaban perjudicando a ese mismo grupo. En este caso, tomamos como ejemplo las tablas salariales. La propaganda oficial asegura que es una medida que obligará a las empresas a pagar lo mismo por el mismo trabajo (algo que en Libre Mercado creemos que ya ocurre). Pero la realidad puede ser mucho más complicada:

  • imaginemos a una empresa que tiene nueve empleados hombre como jefes de área
  • le queda un hueco libre y quiere abrir un proceso de contratación
  • el problema es que sus actuales jefes de área cobran mucho: quizás les contrató en época de burbuja o tienen muchos años de antigüedad y han ido acumulando subidas de sueldo…
  • la empresa quiere que el recién llegado cobre bastante menos (le falta experiencia, contactos, conocimiento de los clientes…)
  • hasta ahora, la empresa contrataba a quien le daba la gana y le ofrecía el sueldo que estimaba conveniente
  • ya no puede; ahora tiene una tabla salarial que pesa como una losa y supone una amenaza constante de sanción si el inspector correspondiente considera que refleja desigualdad o discriminación
  • ¿solución? Pues lo más sencillo es contratar a un chico, aunque la candidata que más le guste sea mujer; así al menos no tendrá que justificar por qué le paga un 30-40% menos que a sus nuevos compañeros

¿Es inimaginable pensar que pueda ocurrir algo así? Sólo para quien no conoce el día a día de las empresas y el terror que los empresarios sienten ante una legislación intrusiva y aplicada de forma arbitraria en muchas ocasiones. La primera máxima de cualquier empresa, sobre todo en el caso de las pymes, siempre es "no te metas en líos o juicios con la administración… sea cual sea el resultado, siempre perderás". Desde ahora, ya saben que tienen una nueva amenaza.

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