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Crisis de las pensiones en Japón: qué ha pasado y qué podemos aprender en España

Un informe sobre las prestaciones de jubilación genera una enorme polémica. El Gobierno desautoriza a los autores y paraliza las reformas.

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Crisis de las pensiones en Japón: qué ha pasado y qué podemos aprender en España
A pesar de la distancia, Japón y España comparten muchas cosas: por ejemplo, el envejecimiento de su población. | Flickr/CC/Josefe aka Hipnosapo

Las pensiones no perdonan. Ni en España ni en Japón. Son un tema radioactivo. Cualquier político, periodista o experto que se atreva a salirse del camino marcado, ya sabe que se está arriesgando. Y mucho. Porque todo el mundo habla de largo plazo, de responsabilidad y de no usar la demagogia, pero al final parece que no queremos escuchar a nadie que nos recuerde que el rey está desnudo. Este mes lo hemos comprobado: incluso en una sociedad como la nipona que, desde la distancia, parece tan equilibrada, ponderada, sensata y previsora, el debate sobre las reformas en la jubilación es muy peligroso. Eso sí, para el que crea que esto es un alivio, ya sabemos lo que dice el refrán: "Mal de muchos..." Pues eso.

Este mes, por ejemplo, la publicación de un informe de un organismo público dependiente del Ministerio de Economía (Financial Services Agency -FSA- el equivalente, más o menos, a lo que en España sería la AIReF o el servicio de estudios del Banco de España) ha generado una enorme polémica. Tanto, que ha obligado al Gobierno a retirar el estudio y a pedir disculpas por su contenido.

¿Y qué decía el documento? Pues, a primera vista, nada muy sorprendente: advertía de que si se mantiene la actual tendencia demográfica, las pensiones comenzarán a reducirse en términos relativos (si las comparamos con los salarios) y los jubilados japoneses tendrán que tirar de ahorros, si los tienen, para mantener su nivel de vida.

Así, de todos los cálculos incluidos en el estudio, el más citado estos días es uno que se plantea cuánto dinero necesitaría una pareja de japoneses que se jubile ahora para mantener, durante el resto de su vida, su ritmo de gasto. Según el FSA, una pareja de hombre de 65 años y mujer de 60 o más (también en Japón las mujeres tienen una esperanza de vida 5-6 años superior a la de los hombres) tendrá un déficit mensual medio de unos 50.000 yenes (unos 410 euros). O lo que es lo mismo, si esa pareja vive 20 años más (hasta los 85 años de él) necesitará 13 millones de yenes (105.000 euros) de ahorros para cubrir ese déficit; y si vive 30 años más (hasta los 95 de él, una edad cada día más habitual), la cifra ascendería a 20 millones de yenes (unos 165.000 euros).

Por ahí, por esas cifras tan llamativas, se ha colado la oposición para atacar al Gobierno, al que han acusado de "defraudar a los ciudadanos". Y el Gobierno reaccionó, como no podía ser de otra manera, señalando a los autores, diciendo que el contenido del informe era "extremadamente inapropiado" y prometiendo que rechazaría sus conclusiones y propuestas si la redacción final que el FSA enviará al Ministerio de Economía no cambiaba partes sustanciales del contenido del mismo.

¿10.000 kilómetros de distancia?

Hasta aquí, la polémica. A primera vista, puede parecer algo muy lejano. Tanto como los más de 10.000 kilómetros que separan Madrid de Tokio. Sin embargo, si miramos con algo más de atención, vemos que hay muchas más semejanzas de las que habríamos pensado en un primer momento. De hecho, desde el punto de vista económico y social, Japón y España son dos países que se parecen bastante. Y, por eso mismo, hay un puñado de enseñanzas que aprender sobre lo ocurrido en las últimas semanas en el país del Sol Naciente.

- Demografía: esto más o menos ya lo tenemos claro. España y Japón son dos de los países (junto a Italia) más envejecidos del mundo. Y la tendencia se mantendrá, salvo cambio radical, en las próximas décadas. Dos datos que explican muy bien dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos. El primero es que según los cálculos de la OCDE, en su informe Pensions at a Glance 2017, en 2050 España y Japón serán los dos países con una tasa de dependencia más elevada del mundo. La tasa de dependencia es el número de personas de más de 65 años en relación a los habitantes en edad de trabajar, de 20 a 65 años: pues bien, según estas proyecciones, en Japón alcanzará el 77,8% y en España el 77,5% (por comparar, la media de la OCDE se situará en el 53,2%). O lo que es lo mismo, nos acercaríamos a la frontera de un trabajador por pensionista. Insostenible.

Y no se prevén grandes cambios. Ya vimos la semana pasada, cuando el INE publicó sus primeras cifras sobre crecimiento demográfico para 2018, que en España la tendencia se acentúa: cada vez nacen menos niños. De hecho, la tasa de natalidad es algo mayor en Japón que en nuestro país (1,48 frente a 1,39 en 2015, según datos recogidos por la OCDE). Pero en cualquiera de los dos casos, lejísimos de ese 2,1 por mujer en edad fértil que asegura el reemplazo generacional.

Es cierto que, ante una situación como ésta, queda el recurso a la inmigración. En esto, Japón es un país más cerrado que España. Pero más allá de si el relevo llegará de fuera de nuestras fronteras (algo que no podemos controlar y que habrá que ver si ocurre) las perspectivas de los dos países son muy similares.

- Estancamiento económico: Japón lleva más de 30 años de decadencia. Quizás no sea una crisis como la que vivió España entre 2008 y 2013, pero sí es un estancamiento del que no parece que vaya a salir. No es éste el lugar de analizar las razones (desde la estructura industrial a la política monetaria, pasando por la falta de incentivos a la innovación) pero sí de apuntar a que muchos de los signos que se intuyen en la economía de la Eurozona, sobre todo de los países del sur, ya estaban presentes en Japón desde comienzos de los 90.

Al final, todo puede resumirse en una alarmante falta de crecimiento de la productividad, tanto en el sur de Europa como en el país nipón. Ése es el segundo aspecto que nos une y es clave para las pensiones: si no tienes relevo generacional, tu única salvación para pagar las prestaciones de jubilación reside en el crecimiento económico y en la productividad. Y esto sólo para mantener las prestaciones en términos de poder adquisitivo, porque en relación a los salarios, seguirán cayendo si no hay relevo en el mercado laboral. Pero si tampoco hay nada que rascar por ese lado, la solución deviene casi imposible.

- Las pensiones y la resistencia a las reformas: como decíamos anteriormente, lo que ha pasado en este último mes en Japón es muy significativo. En primer lugar, un organismo más o menos independiente y de perfil técnico hace una advertencia sobre el sistema de pensiones (en España hemos tenido unas cuantas); la opinión pública y los medios atacan con dureza a los autores, como si aquellos que denuncian que el rey está desnudo fueran los que le han robado la ropa; el Gobierno recula y se paralizan todas las reformas.

De hecho, entre Japón y España existe otro paralelismo más. En 2004, en el país nipón se aprobó un sistema de control del gasto en pensiones con puntos en común con el Factor de Sostenibilidad y el Índice de Revalorización que en España llegaron con la reforma de 2013. De hecho, como se explica en este artículo, el mecanismo incluía un mínimo (¿recuerdan el famoso 0,25%?) para los años malos y un diseño en el que se preveía que en los años buenos, las pensiones no subirían tanto para ir ahorrando para la época de vacas flacas (también el IRP español incluía un tope máximo). El problema es que las previsiones macro eran muy optimistas y en casi todos los ejercicios el crecimiento del gasto ha sido superior al que le tocaría tras aplicar de forma estricta la fórmula matemática. No diremos que las dos situaciones se parecen como dos gotas de agua… pero un aire sí que tienen.

En este punto, ver lo que ocurre allí sirve para entender los acontecimientos que se suceden en nuestras calles y las reacciones de nuestros políticos. No es que sirva de disculpa pero, como decíamos antes, si hasta en Japón pasa lo mismo…

Las diferencias

Eso sí, existen dos diferencias muy relevantes que deberían hacernos reflexionar. La primera es que, aunque la evolución de nuestras economías tiene ciertas similitudes, no podemos olvidar que Japón sigue siendo un país muchísimo más rico que España. Según datos del Banco Mundial, el PIB per cápita asciende en el país nipón a 48.567 dólares; mientras, en España nos tenemos que conformar con 32.403 dólares (un 33% menos). O lo que es lo mismo, una pensión equivalente al 50% del sueldo medio japonés será mucho más elevada que una prestación que guarde la misma proporción en España.

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Aquí viene el segundo elemento para el análisis. Volvemos al informe de la OCDE sobre las pensiones en los países ricos. En las páginas 109 y 113 de este documento, tenemos las tablas con los datos sobre la generosidad del sistema de pensiones de cada país. En el primer caso (tabla de la derecha, en inglés, click para ampliar) se muestran las tasas de reemplazo en función de la renta del beneficiario (0,5 – 1 – 1,5 de los ingresos medios de cada país). Esta ratio mide el nivel de la pensión respecto a los ingresos previos a la jubilación. Pues bien, como podemos comprobar, España es uno de los países con un sistema de pensiones más generoso del mundo, con una tasa de reemplazo neta superior al 80% para el pensionista medio (en la OCDE, la media es del 69,1%). En Japón, la cifra es del 63,7%.

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Además, la OCDE incluye otra tabla que no suele analizarse tanto pero también es muy interesante (ver tabla inferior de la derecha, click para ampliar). Nos referimos a la que recoge el valor-riqueza de la pensión. Es decir, a cuánto equivalen los ingresos previstos para cada pensionista en el momento de su jubilación (valor presente neto de todos los flujos de renta previstos). Pues bien, de nuevo, España es uno de los países más generosos de la OCDE, muy por encima de otros mucho más ricos. Así, para un hombre de ingresos medios, el valor presente neto de los cobros que tendrá de la Seguridad Social equivale a 15,4 años de su renta. La media en la OCDE es de 11,8 y en Japón esta cifra es de 7,6 años.

O lo que es lo mismo. Tenemos, como los japoneses, una perspectiva demográfica muy negra; una economía que no carbura; estancamiento crónico y falta de productividad; unos políticos cortoplacistas, obsesionados con la opinión pública; y una opinión pública igual de cortoplacista, que no quiere ni oír hablar de reformas en el sistema. En todo esto nos parecemos. En lo que nos diferenciamos es en que las prestaciones que paga nuestra Seguridad Social son mucho más elevadas que en Japón (un país más rico) y que en la mayoría del resto de los países ricos del planeta. También nos diferenciamos en que la tasa de ahorro para la jubilación está en mínimos (sólo nos salva al ahorro-inversión en vivienda) y que el modelo descansa al 100% en el sistema público de reparto, sin que haya nada previsto (como en Holanda, Suecia, Dinamarca o Reino Unido, por poner sólo algunos ejemplos) en los pilares dos y tres (ahorro a través de planes empresariales o ahorro individual).

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