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José T. Raga

Dulce o amargo, según para quién

¿Por qué la llamada "política social" no será menos política y más social?

José T. Raga
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Así son las cosas. Ni las normas y decisiones más impersonales, más generalistas, tienen siempre efectos iguales en aquellos sobre los que se aplican. De ahí el viejo aforismo de que cada uno habla de la feria según le va en ella.

La previsión de los resultados, por procedimientos más o menos sofisticados, es un buen instrumento para no tener que esperar la terminación de la feria y, quizá, verse sorprendidos, amargamente, por sus resultados. En el mundo en que vivimos, y con la información de que disponemos, cada vez resulta menos aceptable aquella salida, para salvar el honor y la buena voluntad, del "yo qué sabía" o "de haberlo sabido"…

La cosa es más grave cuando la relación entre causa y efecto de la conducta ferial se halla inserta en las leyes del sentido común y, como parece natural, en los principios o supuestas leyes del saber científico, sobre todo en el ámbito de las ciencias sociales.

Por ejemplo, cualquiera de los que acuden con alguna frecuencia al mercado entiende que si el que vende un producto decide subir el precio, el efecto será que los compradores reaccionarán, en mayor o menor medida, disminuyendo las compras del mismo.

Si esto es tan claro, ¿por qué pensamos que si aumentamos el precio del trabajo seguirá demandándose la misma cantidad de trabajadores? Además, el propio Ministerio de Economía había advertido al presidente Sánchez de que tuviera mucha "prudencia" a la hora de subir el SMI. Advertencias semejantes hizo el Banco de España, y hasta escándalo produjo en las filas de CCOO.

Tras ello, ¿a qué viene ahora la sorpresa del Gobierno, al menos en escena, por el dato de que durante el mes de agosto se destruyeron 286 empleos cada hora? O lo que es lo mismo: cada día de esos treinta y uno se destruyeron 6.864 empleos.

El resultado es cualquier cosa menos sorprendente. Es el correspondiente natural a la perturbación que se ha producido en la feria. Y qué dicen los feriantes. Pues ya vemos que los reguladores de la feria quieren expresar con su sorpresa que lo que ocurra en ella les afecta francamente poco.

De los concurrentes, los verdaderos protagonistas de la feria, hay dos grupos: unos, gozosos, que han vuelto de la misma frotándose las manos, con un sabor dulce y placentero, que pondrán de manifiesto en mejor calidad de vida. Los otros, apesadumbrados, muestran en sus rostros la amargura de haber quedado sin empleo y, lo que es peor, sin poder prever cuándo volverán a ser contratados.

¿Por qué la llamada "política social" no será menos política y más social?

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