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Amando de Miguel

La inminente crisis económica

Dentro de Europa, la economía española se ve particularmente afectada por el declive.

Amando de Miguel
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Una nueva fase de crisis económica amenaza a Europa. Digo a Europa porque, aunque el mundo se crea interdependiente (ahora dicen "global"), las crisis económicas últimas afectan más al viejo continente que a los demás. Dentro de Europa, la economía española se ve particularmente afectada por el declive, pero con ciertos rasgos peculiares. Es fácil comprender que la corrupción política amenaza al mundo entero, pero repercute de modo especial en España. Aquí adopta formas muy características, como el nepotismo, el amiguismo, en definitiva, el desproporcionado beneficio personal en el uso del dinero público.

La corrupción española se beneficia del proceso de multiplicación de todo tipo de organismos en la Administración pública central y sobre todo en la regional (malamente llamada "autonómica"). Muchos de tales entes sirven de tapadera a los correspondientes intereses particulares que se benefician con ventaja de esa estructura.

Con cierta independencia de lo anterior, se observa un notable y creciente grado de ineficiencia de los servicios públicos. Lo de la automatización es una filfa. El trato que suelen recibir muchos administrados por parte de los funcionarios deja mucho que desear, por no decir que resulta inicuo. Como es natural, cabe la vía jurídica para protestar, pero en muchos casos se trata de una vía muerta o, en el mejor de los casos, lenta y cara.

Como es sabido, en la economía de mercado las crisis son de naturaleza cíclica. Pero en España el Gobierno suele ocultar esa constancia, al presumir que vienen a ser consecuencia de su mala gestión. Tal disimulo agrava los males que puedan llegar, precisamente por falta de previsión.

Aparte de las circunstancias corrientes que aceleran o agravan las crisis económicas, en España se produce un notable alejamiento de la población de lo que podríamos llamar interés productivo. Es lo que explica en España unas desmesuradas tasas de desempleo. Hace mucho tiempo que los españoles dejaron de cultivar la ética del trabajo, del esfuerzo, del mérito o de la innovación. Los centros del interés colectivo se mueven cada vez más en torno al ocio, el deporte (activo, pero sobre todo de espectáculo), las apuestas y juegos de azar, el alcohol y las drogas alucinógenas, la buena comida en exceso, las diversiones de toda índole hasta el agotamiento. Viene a ser una caricatura del ambiente de decadencia de las grandes civilizaciones, como la del Imperio Romano (panem et circenses).

Cunde la sensación de que se halla a punto de desbaratarse el mal llamado "Estado de Bienestar". Concretamente, ha llegado un momento cercano en el que el Estado no va a poder pagar las pensiones. Es decir, el Fisco se habrá comido bonitamente las cotizaciones (forzosas, claro) que hicieron en su día los ahora jubilados o los que empiezan a jubilarse. Lo único bueno es que los jubilados sobreviven cada vez más años, pero a veces a costa de una nueva pobreza. Es un misterio la alta sobrevivencia de la población española, a pesar de las inadecuaciones del sistema sanitario y de las prácticas contrarias a una buena salud.

El Gobierno argumenta que ya ha indicado repetidamente que los contribuyentes activos deben hacerse su plan privado de pensiones. Pero entonces la duplicidad con las pensiones públicas tiende a parecerse a una gigantesca estafa, una de tantas como imperan en la vida colectiva de los españoles. Como lo es que muchos contribuyentes mantengan un sistema doble de pertenencia a la Seguridad Social y a los seguros sanitarios privados. Es un ejemplo más de la general ineficiencia de la Administración pública, de la que se lucran muchos listos. Definitivamente, la picaresca es nuestro género nacional.

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