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Colas y racionamiento en Corea por unas patatas fritas gallegas

Decenas de coreanos hicieron cola para comprar las Bonilla a la Vista, que en solo dos horas se agotaron.

Patricia Malagón
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Decenas de coreanos hicieron cola para comprar las Bonilla a la Vista, que en solo dos horas se agotaron.
Patatas fritas Bonilla | EFE

La fama gastronómica de las patatas gallegas ha llegado también a Asia y lo ha hecho gracias a la marca Bonilla a la Vista, que comercializa patatas fritas envasadas. Hasta aquí todo parece algo normal, una internacionalización más de una empresa española. Sin embargo, la locura despertada por la venta de estas patatas ha sorprendido a todo el mundo. La mejor prueba de esta fiebre patatera se dio en Seúl, capital de Corea del Sur, cuando se pusieron a la venta 3.600 latas de patatas fritas gallegas. Un gran número coreanos hicieron cola para comprarlas y en solo dos horas se agotaron. De hecho, el establecimiento solo dejaba llevarse 2 unidades por cliente.

En Corea estas patatas se han convertido en un objeto muy preciado, tanto es así que aparecen en varias escenas de la película coreana Parásitos, nominada a Mejor Película y Mejor Película Extranjera en los Oscar de 2020. "Son como los Iphone. La gente hace cola para comprarlas", comentan desde la empresa a Nius Diario. De hecho, tal es la locura por estas Bonilla a la Vista que cada año viajan a Corea entre 40.000 y 50.000 kilos de patatas.

¿Qué hay detrás de Bonilla a la Vista?

En 1932 Salvador Bonilla, que empezó vendiendo churros y patatas fritas por las distintas ferias de Galicia, decidió abrir en Ferrol su primera tienda. Hasta 1949 no consiguió abrir el segundo establecimiento, lo hizo en La Coruña y de la mano de su hijo, César, quien tuvo la idea de empezar a repartir botes de patatas fritas de 1 kilo en bici por las cafeterías de la ciudad. Sin embargo, durante varios lustros la familia Bonilla prescindió de las patatas y se centró en los churros.

Hasta la década de los 60, las patatas Bonilla a la Vista no volvieron a renacer y lo hicieron gracias a que los propietarios decidieron abrir una fábrica en Arteixo, el pueblo donde tiene la sede Inditex. Pero, no fue hasta el año 2017 cuando la compañía terminó de dar el paso definitivo al aumentar la inversión para producir más.

Fernando Bonilla, actual director e hijo de César, señaló en una entrevista en La Opinión de Coruña, que tienen 84 empleados y elaboran 700.000 churros y 37 toneladas de patatas fritas todos los meses. Gracias a esa producción y a la venta por internet, Bonilla la Vista ha llegado a Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia, Panamá y, por supuesto, Corea.

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