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Ni excusas ni refugios

Señor presidente del Gobierno: sus promesas nos hacen temer que el desaforado endeudamiento público no ha yahecho más que empezar.

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Señor presidente del Gobierno: las cosas, las funciones que se nos encomiendan, pueden hacerse bien o mal, pero sea, cual fuere el resultado, hay que asumirlo con serenidad, con gallardía y reconociendo las fortalezas, que alguna habrá, y las debilidades, por muchas que fueran. De estas últimas, de las debilidades, de los fallos, no se debe estar buscando responsables ajenos a la cuestión solo para eludir las responsabilidades y, si me pone en el brete, las culpas.

Porque en este país nuestro se ha tratado de derivar lo que son responsabilidades legales a las llamadas responsabilidades políticas ante las cámaras legislativas, cuya función es legislar y no juzgar, siquiera sea políticamente.

En las ocasiones en que nuestras Cortes –Congreso o Senado– se han abrogado esa función que no les pertenece, el resultado nos ha producido sonrojo y, más claramente, vergüenza personal y también de la propia nación.

Buscar excusas en momentos difíciles en que algunos pedimos cuentas de lo hecho, o refugiarse en hechos que todos reconocen no explicativos de lo que les están pidiendo, es un signo de debilidad humana que preferiríamos no ver en nuestro presidente.

Usted es consciente, porque se han hecho eco de ello la práctica totalidad de los medios españoles y no pocos de los extranjeros, que desde que usted es presidente del Gobierno las relaciones de la Presidencia con altos órganos de la Administración –Banco de España, Aref…–, también con la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional, etc., están muy lejos de, digamos, una situación aceptable para un orden en la vida política, social y económica.

Refugiarse en el Covid-19, en mi opinión, es una villanía, que nada dice en su favor. El alegre endeudamiento nacional que caracteriza su acción de gobierno estuvo denunciado mucho antes de que conociéramos lo que era el Covid-19 y lo que nos estaba preparando.

Usted está gastando más de lo que debe desde el primer momento de su primer Gobierno, y sigue en incremento, como quien es adicto a un vicio irrefrenable. Y sus promesas nos hacen temer que el desaforado endeudamiento público no haya hecho más que empezar.

Usted que ha estudiado Economía me permitirá una cita de Adam Smith, que ojalá conociera. Decía Smith:

La falta de parsimonia general en tiempo de paz es una de las principales causas de contraer deudas en tiempo de guerra.

Esto, exactamente, es lo que le ha pasado a usted si sustituye "paz" por "bonanza económica" y "guerra" por "momentos de dificultad" o de crisis.

Destituir o degradar a quien discrepe tampoco es la solución.

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