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El encuentro micro-macro

¿No le importa que los 1,16 billones de euros que debían las familias españolas en mayo de 2018 se hayan convertido en 1,23 en abril de 2020?

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Seguramente deberíamos ser los profesores de economía los que asumiéramos la responsabilidad de que lo obvio sea puesto en duda por parte de no pocos agentes económicos. En unos casos habrán sido nuestras preferencias a la hora de exponer el contenido de una asignatura con diversidad de denominaciones, lo que, sin duda, ha contribuido a fomentar la confusión. Antoine de Montchrestien fue el primero que, muy a principios del siglo XVII, utilizó la de Economía Política. Sería a finales de ese siglo cuando Alfred Marshall recurriría a la de Principios de Economía, en sustitución de una previa Principios de Economía Política que, no obstante, aún sigue en los programas de no pocas universidades. Bajo la nueva denominación aparecen destacados libros de grandes economistas, como Paul A. Samuelson y el también Premio Nobel William D. Nordhaus.

Desde el cambio de Economía Política a Economía a secas, el abanico de posibilidades se ha ido abriendo, alcanzando un cúmulo de denominaciones que, inevitablemente, proyectan la errónea imagen de una diversidad de contenidos de lo que es, simplemente, Economía.

Tan así que lo que no es cierto en un ámbito tampoco lo es en otro. Y quería llegar a ello para que el presidente del Gobierno, si es posible, tenga muy en cuenta que lo que en microeconomía es cierto lo es también en macroeconomía.

Por ello, mi pregunta hoy sería muy sencilla: ¿aceptaría, señor Sánchez, que si los ingresos de su economía familiar fueran, digamos, 100.000 unidades monetarias de referencia –un año y otro y otro…–, su familia gastase 180.000 de forma continuada? Supongo que la respuesta sería rotundamente negativa.

¿Por qué, pues, cuando de la economía familiar pasa a la economía nacional, no le importa que, desde que usted gobierna, la deuda de la Nación se haya incrementado en 110 millones de euros diarios? Contabilizo también sábados y domingos, aunque no se trabaje.

¿No le importa que aquellos 1,16 billones de euros que debían las familias españolas en mayo de 2018 se hayan convertido en 1,23 en abril de 2020? ¿No le quita el sueño como se lo quitaría si una deuda proporcionalmente igual la acumulase su propia familia?

Ya sé que los informes de la Airef no pasan de ser para usted documentos administrativos, cuando son mucho más. Pero la última advertencia, hace unos días, ha sido del Fondo Monetario Internacional. ¿Y si un día España no consigue financiación por deuda excesiva? En algún país oriental esto conduce al suicidio del causante –jefe del Gobierno–.

Yo estoy tranquilo; eso, aquí no ocurre.

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