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“Si yo fuera rico…”

Yo no sé por qué razón oigo hablar continuamente de los ricos; quizá sea por envidia de los que no lo son.

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No quisiera que el título les indujera a un error más que justificado. Ni siquiera pretendo recitar una letra de Sheldon Harnick que todos conocen y que en su versión original decía: If a were a rich man…

Nada de eso pretendo. ¿A qué obedece, pues, el título? A que yo no sé por qué razón oigo hablar continuamente de los ricos; quizá sea por envidia de los que no lo son, aunque nunca reconocerán que nada hicieron en sus vidas para poder serlo.

Unos días hay que establecer impuestos para los ricos, cuando, hasta donde yo sé, los ricos están en las pretensiones de leyes justas que deben ser cumplidas por todos los ciudadanos de una nación organizada. El dinero de los ricos es considerado por los que no están dispuestos a compartir un solo céntimo con nadie como un dinero infectado de un virus que se llama explotación, cuando, para verdadera explotación, la de los pobres que tienen ocasión de ello; información suficiente ha sido difundida por los medios.

Pero lo cierto es que el dinero de los ricos, dado su carácter, no debe ser aceptado por ningún sujeto público. Estos no suelen creer en el pecado, pero piensan que debe parecerse a algo así.

En cualquier sociedad en la que se mantengan unos valores cívicos y morales (éticos) – está claro que no hablo de España– los benefactores, los mecenas, los que sin obligación alguna más allá que su propia conciencia, entregan cuantiosos recursos para resolver carencias de los que las sufren y se les distingue por su condición erigiendo monumentos en su memoria.

Una intervención reciente me ha invitado a pensar, si yo fuera rico, qué haría con mis recursos legítimamente obtenidos. La interviniente lanzó una patochada: decía algo así como: los ricos piden que se les suban los impuestos para aportar más a la sociedad.

No lo creo, pero me aliviaría si conociera sus nombres. Si son ricos es por su laboriosidad, por su creatividad, por su tesón, por su iniciativa y muchas cosas más. ¿Les va a faltar la imaginación para saber cómo pueden ayudar a la sociedad sin contar con la Administración y con el Gobierno?

Y de aquí viene el título: si yo fuera rico, no me faltarían cauces y fines para versar mis riquezas a la sociedad en su conjunto y, concretamente, a los más necesitados. Pero nunca se me ocurriría entregarlos voluntariamente a la Administración Pública, es decir, al Gobierno, para que, como hizo la ministra de Igualdad apenas tener dinero, entregó 600.000 euros para actividades feministas. ¿Mantendrá la igualdad que pregona entregando otro tanto a actividades machistas?

¡Ojo! No digo que se entreguen, sino que nunca se debieron entregar los ya entregados.

¿Dónde están esos ricos que piden más impuestos? Efectivamente, disminuirán sus riquezas, pero seguirán las carencias de los necesitados.

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