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EDITORIAL

Zombificar la economía antes de arruinarla

Otoño no sólo puede volver a poner en jaque el sistema sanitario, sino que amenaza con llevarse por delante buena parte del tejido productivo.

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La economía nacional se derrumba. No hay ningún indicador en el que se vislumbre un mínimo indicio de recuperación. Todo lo contrario. Ni en V, ni en V asimétrica ni en W: por mucho que Nadia Calviño intente engañarnos con las letras del abecedario, la crisis se prevé larga, dolorosa y será lo más parecido a una L. Esta semana, numerosos organismos han dado un baño de realidad al Gobierno social-comunista con sus previsiones sobre España. Mientras Sánchez continúa ocultando la verdad a los ciudadanos, los números no fallan: el hundimiento va a ser mucho peor de lo que indicaban los primeros cálculos.

Por la incompetencia de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, España sufrirá la peor recesión del mundo desarrollado. Ese es el pronóstico de la OCDE para 2020, que avanza una contracción de entre el 11 y el 14%. En la misma línea van el Banco de España y la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), que también han empeorado las previsiones para este año, con desplomes que van desde el 10,5 hasta el 13%. La negligente gestión del Ejecutivo, los rebrotes del coronavirus y la debacle del turismo en agosto han truncado cualquier optimismo. Los técnicos alertan de que la recuperación será tan lenta como incierta. Así, Funcas cree que España no recobrará los niveles previos a la pandemia hasta 2024. Si los vaticinios se cumplen, con una tasa de paro en torno al 20% y una avalancha de quiebras empresariales amenazado el tejido productivo, los próximos cuatro años serán agónicos.

Para Funcas, la crisis impactará en las cuentas públicas con un aumento del gasto de unos 26.000 millones este año y un desplome de la recaudación de unos 72.000 millones. Este desfase elevará el déficit público hasta el 12% del PIB, en lo que coincide el Banco de España. La deuda pública, según ambos organismos, seguirá descontrolada y superará el 120% del PIB, de donde no bajará en años.

Ante semejante panorama, la única respuesta que está dando el Gobierno social-podemita es la de zombificar la economía. En lugar de facilitar la viabilidad de las empresas –flexibilizando los ajustes de plantilla, el teletrabajo o la fiscalidad–, han optado por las restricciones, la sobrerregulación y la política del subsidio. La UE está esperado a que Sánchez aplique reformas de calado antes de darle acceso a los 140.000 millones comprometidos, pero la desconfianza hacia su Gobierno es máxima. El Gobierno ha conseguido dopar artificialmente la economía, generando un peligroso espejismo en estos meses de crisis, pero es urgente actuar ya. Otoño no sólo puede volver a poner en jaque el sistema sanitario, sino que amenaza con llevarse por delante buena parte del tejido productivo. La riqueza del país está en juego. Y esto sólo acaba de empezar.

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