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EDITORIAL

El IVA de las mascarillas y la voracidad fiscal del Gobierno

Socialistas y comunistas se han negado a suprimir o rebajar el IVA de las mascarillas con la colosal mentira de que la UE no lo permite.

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La voracidad fiscal del Gobierno social-comunista sólo se ve superada por la inconmensurable desfachatez de Sánchez y compañía. Así, no es de extrañar que España sea el único país de Europa que sube los impuestos en plena pandemia, mientras el Ejecutivo saca pecho por la “sensibilidad social” que destilan sus terrorificos Presupuestos Generales del Estado (PGE). Concreta muestra de esa impostura lo constituye el hecho de que España mantenga el tipo impositivo del 21% del IVA para un bien no ya de primera necesidad sino de uso forzoso como son las mascarillas.

Mientras la inmensa mayoría de los países de la UE hace ya meses que han suprimido o reducido al mínimo del 4% el IVA de estas obligatorias prendas de protección sanitaria, así como el de los guantes y los geles hidroalcohólicos, socialistas y comunistas se han negado a hacer lo propio propalando la colosal mentira de que la UE no lo permite, cuando lo cierto es que la propia Comisión Europea aclaró en abril en un comunicado que no sancionaría a los países que rebajasen este impuesto en el contexto de la pandemia.

Mención aparte merece la no menos delirante excusa que, sin vergüenza, dio Pablo Iglesias para justificar que Podemos votara junto al PSOE en contra de la propuesta hecha por Ciudadanos en abril de rebajar el IVA del 21 al 4%, en la que alegaba que su formación aún lo rebajaría más: mentira tremenda que, aun de ser cierta, no explicaría por qué Podemos preferiría mantener el tipo impositivo en el 21% y no reducirlo a uno mucho más próximo al cero como es el 4%.

Lo más bochornoso de todo es que incluso ahora el Ejecutivo social-comunista se resiste a esa rebaja fiscal insistiendo en una innecesaria consulta a la UE y dejando de manifiesto que prefiere dar una nueva vuelta de tuerca a su intervencionismo económico para volver a fijar precios máximos a la venta de esos productos. Antes que renunciar a su mordida fiscal, el Gobierno prefiere trasladar el coste a la industria sanitaria con una medida de control de precios que tanto la experiencia como la teoría económica enseñan que conduce a la escasez.

Este absoluto desprecio a la seguridad sanitaria se convierte en hipócrita preocupación por la seguridad vial si ello permite al Gobierno sacar más dinero del bolsillo de los ciudadanos. Así, con finalidad exclusivamente recaudatoria, el Ministerio del interior ha decidido limitar aún más la velocidad en la gran mayoría de las vías urbanas, de 50 a tan solo 30 km/h. Este Gobierno, que ni siquiera se molesta en informar verazmente del número de fallecidos por el coronavirus, alega ahora gran preocupación por el número de heridos y muertos en accidentes de tráfico: cualquier excusa o mascarada es buena para freír a multas e impuestos a los ciudadanos.

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