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EDITORIAL

Sánchez e Iglesias condenan a las generaciones futuras

La trampa de la deuda pública supone una herencia envenenada para las generaciones venideras.

EDITORIAL
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La deuda pública española está tan descontrolada que ha terminado 2020 con otro récord vergonzoso. Los pasivos alcanzaron el inadmisible monto de 1,3 billones de euros al cierre del ejercicio, nada menos que el 117,1% del PIB, dato que no se veía desde hacía 118 años. Por culpa de la nefasta gestión social-comunista, la nueva normalidad consiste en endeudarse por encima de la riqueza que se produce. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se mueven en el cortoplacismo más insensato y así piensan seguir, derrochando el dinero que arrebatan al contribuyente. 

Consumados desinformadores, socialistas y comunistas se agarrarán al coronavirus para justificar lo injustificable. Desde que gobierna Sánchez, la deuda se ha incrementado en 155.253 millones de euros. Durante su primer año, sin pandemia alguna, el Ejecutivo disparó la deuda en 38.688 millones. ¿Recuerdan los corruptores viernes sociales de 2019? La factura de esa inmoral campaña caciquil ascendió a 10.000 millones de euros.

Sánchez ha cargado sobre los españoles una losa de deuda de 3.280 euros por persona. Dicho de otra forma: en los últimos dos años y medio, la deuda pública se viene incrementando cada día en 169,86 millones de euros. Para intentar corregir estos desequilibrios, PSOE  y Podemos deberían poner freno al gasto público; pero no, prefieren pedir al BCE que condone las deudas de los Estados. En el caso de España, más de 300.000 millones de euros. Se necesita tener poca vergüenza. 

Aunque el impago de las deudas forma parte del argumentario de la extrema izquierda, en el BCE no dan crédito. Ese desvarío no sólo pondría en riesgo la credibilidad de Europa y las cuentas de resultados de sus bancos centrales: es que es completamente “ilegal”, como ha advertido el propio BCE. Pero es que aunque la deuda de España con el BCE desapareciera por arte de magia, el problema no quedaría resuelto, pues la economía nacional seguiría pasando calamidades para obtener los ingresos que necesita a fin de devolver el resto de sus pasivos. 

La trampa de la deuda pública supone una herencia envenenada para las generaciones venideras. El endeudamiento de hoy es la subida de impuestos de mañana;y las familias y empresas de nuestro país no podrán soportarlo.

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