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Una sanitaria y un parado, víctimas de los 'spiderman okupas': "Estamos asustados"

La pareja lamenta la criminalización de los propietarios y la defensa de la propiedad privada en España.

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La pareja lamenta la criminalización de los propietarios y  la defensa de la propiedad privada en España.
Un okupa trepa para usurpar una vivienda en Barcelona | Twitter

Enrique casi no puede contener la rabia cuando relata su terrible caso de ocupación. Él y su mujer, Pilar, vivían en Alicante. Con enorme esfuerzo habían comprado un piso que tuvieron que dejar porque la esposa de Enrique la habían contratado en un hospital de Galicia como auxiliar de enfermería. El traslado les obligó a poner su vivienda a la venta y, sin conocer la plaga de okupas que asola España, colgaron un cartel en su vivienda: "Se vende". Entonces, empezó su pesadilla.

La historia de Enrique y Pilar fue incluso mencionada por el diputado de Ciudadanos en el Congreso, Miguel Gutiérrez, junto con otros particulares víctimas de la ocupación, haciendo público así el drama que padecen los propietarios. Y pese a que el matrimonio quiere que el calvario que han vivido se conozca, prefieren guardar el anonimato porque temen represalias. Su miedo se debe a que han descubierto que "están abandonados y que la ley no los protege".

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Enrique y Ana, propietarios víctimas de los okupas, prefieren guardar el anonimato por temor a los usurpadores

Tras sacar su inmueble al mercado, en menos de un mes recibieron una llamada de sus vecinos. "En tu casa hay gente en el balcón, Enrique", avisaron. Unos okupas habían trepado hasta la segunda planta y accedieron por la terraza al inmueble del vecino de Enrique. Desvalijaron la vivienda y los muebles robados los llevaron al piso del afectado. Estos spiderman okupas no tuvieron reparos en actuar a la luz del día y cambiar la cerradura en menos de un minuto. "Llamé corriendo a la policía. Treparon hasta el segundo piso. Era un clan de marroquíes. Subieron unos cuantos y después, desde dentro, abrieron la puerta y metieron a niños, según me contaron. Todo estaba preparado hasta el más mínimo detalle. La policía me contestó que ya el domicilio pertenecía a los okupas y que tenía que buscarme un abogado para demandarlos por lo civil. Tuve que desembolsar 1.400 euros para contratar abogado y procurador (suspira). Perdona, todavía se me hace un nudo de recordar esto. Yo encima estoy en paro…", comenta compungido Enrique a Libre Mercado.

Ollas, pijamas y fotos enmarcadas

El propietario afectado describe las triquiñuelas utilizadas por los delincuentes para que las ocupaciones se realicen con éxito. "Mi abogada y la policía me comunicaron lo que suelen hacer los usurpadores para salirse con la suya. Los okupas, a sabiendas de que la policía los puede desalojar si el dueño llama antes de las 48 horas de la ocupación, se las ingenian para demostrar que "han hecho morada" y así no los pueda echar la policía.

"Los okupas van con bolsas donde llevan fotos enmarcadas para ponerlas de inmediato en el piso. Además, la ropa la preparan en perchas para colocarlas en los armarios rápidamente. Incluso llevan los pijamas puestos debajo de los abrigos. También suelen llevar ollas con comida caliente. Es todo un teatro. Montan toda la escena en el momento que entran para demostrar a los agentes que llevan varios días viviendo. Son profesionales, siempre van con niños y cambian la cerradura en menos de un minuto", confiesa con tristeza el propietario afectado.

Vigilar y romper buzones

Estas estratagemas, para okupar con efectividad, se han extendido por todo el territorio alicantino, lugar donde proliferan segundas viviendas vacacionales. "Alicante se ha convertido en Argelia. Hay edificios enteros con okupas árabes que viven muy bien gracias a las ayudas de los servicios sociales. Esto es una injusticia tremenda. Se sufre muchísimo cuando ves que no tienes garantías en tu país para defender tu propiedad privada. Estos individuos van rompiendo todos los buzones de los bloques y, al cabo de un tiempo, regresan para saber los buzones que han sido arreglados. Los que todavía continúan rotos les indica que en esa vivienda no habita nadie o que el propietario vive en otra ciudad. Entonces llaman a otros okupas y enseguida entran en los pisos. Se dedican a eso. Hay grupos de individuos en Alicante en los portales y los rellanos de los pisos. Vigilan delante de los mismos propietarios para ver si salen con las maletas. Están todo el día ojeando y lo hacen en tu cara. Incluso les informan a los vecinos que están a las puertas de su casa porque van a okupar su vivienda", narra nervioso la víctima de los usurpadores.

Impotencia y miedo

Por si no fuera suficiente, la abogada alertó a Enrique y Pilar de la posibilidad de que la familia okupa se "lesionara" dentro de su vivienda. En ese caso, la pareja tendría que indemnizar a los okupas porque se convierten en inquilinos de pleno derecho y los propietarios deben cumplir las garantías constitucionales. "Solo faltaba que yo también les tuviera que pagar la pensión a estos delincuentes", reflexiona indignado el propietario.

Roto por la impotencia, Enrique le comunicó a la abogada que quería ir en persona a desalojar a sus okupas. "Me dijo que no lo hiciera, porque entonces me detendría la policía. Yo quería ir aunque fuese a pitar en el timbre toda la noche, pero la abogada me dijo que los okupas me denunciarían por acoso. No podía hacer nada", manifiesta el afectado.

Enrique, por momentos, se arrepintió de haber llamado a la policía. La abogada le explicó que si yo no avisaba a los agentes lo harían los mismos okupas. En el momento que los usurpadores firman el atestado de la ocupación hacen constar que viven en la dirección ocupada. Ese es su objetivo. De esta forma, se empadronan y dejan al propietario fuera de juego. "Si el propietario no denuncia, los okupas llaman a la semana la policía y les transmiten que han ocupado una vivienda. Así están protegidos. Si intentas entrar te graban con los móviles y los agentes no tardan ni un minuto en aparecer y te pueden llevar al calabozo".

Durante los 16 meses que duró el infierno, los vecinos avisaban a Enrique y Pilar de que los okupas habían realquilado su casa, ya que "no paraba de subir y bajar gente". Finalmente, la pareja de propietarios que vive de alquiler en Galicia pudo recuperar su vivienda. Después de tres notificaciones judiciales de desalojo, los usurpadores se fueron. "Pagamos 121 euros del cerrajero y tuvimos que poner una alarma justo ese día. La abogada nos advirtió de que, diez minutos después de haberse ejecutado el desahucio, podían volver a okupar el piso y empezar el procedimiento otra vez. ¡Es de locos!", exclama Enrique.

Los propietarios, que han recuperado la casa recientemente, han comprobado que su piso no era el que dejaron. "Miro la aplicación de la alarma cada cinco minutos en el móvil. Nuestra casa nos la han dejado hecha un asco. Ya lo vendemos por un precio tirado, casi lo regalamos y eso que solo vivimos de un sueldo y yo no tengo trabajo", manifiesta Enrique.

La mala experiencia ha llevado a la pareja a no confiar en nadie a la hora de vender su vivienda. "Ya no me fío de nadie. En España no hay defensa de la propiedad privada. El chollo es tan grande que a las inmobiliarias se está acoplando mucha gente que venden las llaves de los pisos a okupas. Hay que tener mucho cuidado. No tenemos el piso ya ni en una web, ni en un portal inmobiliario. Estamos asustados", indica el afectado.

Ahora, todos los jueves a las ocho de la tarde, desde la cuenta de Twitter @fueraokupas1, Enrique y Pilar contactan y ayudan a las víctimas de los okupas en España. De este modo, buscan llegar al Trending Topic, con el hashtag #LeyAntiocupas, para así presionar al Gobierno y poner el foco en los propietarios.

"No puede ser lo que estamos viviendo en este país. Los servicios sociales de cada ayuntamiento están blindando a toda esta morralla de delincuentes. Es muy grave. Regalan los informes de vulnerabilidad a cualquiera que se acerca a pedirlos. No investigan. Los okupas ya tienen antecedentes y, sin embargo, les conceden las ayudas económicas. Es una vergüenza", concluye Enrique.

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