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EDITORIAL

Gabilondo, puesto en evidencia por María Jesús Montero

Gabilondo ya no es que sea soso; es que ni es serio ni formal... ni se le respeta en su propio partido.

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Ya ha debido de resultar bastante frustrante para el candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo, ver cómo sus patrañas sobre el impacto de la pandemia en la región quedaban en evidencia con sólo reparar en los datos que publica el Ministerio de Sanidad: así, mientras el candidato socialista ha tenido la desfachatez de asegurar que “el riesgo de fallecer por covid-19 en Madrid es un 54% mayor que el promedio de España”, los datos oficiales señalan, por el contrario, que la tasa de letalidad del coronavirus en Madrid (0,1%) es doce veces menor que en el conjunto de España (1,2%). 

Pero más irritante ha debido de parecerle que en plena precampaña, y mientras él trata de convencer a los madrileños de que no va a subirles los impuestos, su correligionaria y ministra de Hacienda María Jesús Montero haya anunciado una reforma tributaria –un hachazo fiscal– que tiene el declarado y voraz objetivo de acabar con la baja fiscalidad que, en el ejercicio de las competencias fiscales, aplica Madrid en impuestos como el de Patrimonio o el de Sucesiones.

La pretensión de acabar con el escaso autogobierno fiscal de las autonomías, que nunca ha sido utilizado por los socialistas para bajar los impuestos, no es lo único grave del tremendo proyecto del Gobierno social-comunista, que también contempla una subida generalizada de impuestos con la falaz excusa de cerrar la brecha recaudatoria que separa a España de la media de la UE. Y es que, por mucho que Montero recurra a la manida cantinela de que la armonización fiscal con Europa solo la van a soportar "las grandes empresas y los más ricos”, el diferencial de “entre 7 u 8 puntos” del PIB que, en términos de recaudación, existe entre España y la media europea no se debe a una menor presión fiscal en España, sino básicamente al hecho de que la media de los salarios es aquí un 20% más baja. Dicho de otra forma: no es que los españoles soporten tipos impositivos más bajos sino, más bien, lo contrario: tenemos bases imponibles más bajas, lo que explica, en un sistema fiscal progresivo, ese diferencial.

Sea como fuere, las promesas de Gabilondo de no subir los impuestos a los madrileños chocan frontalmente con la pretensión del Gobierno socialista de reducir el déficit a base de aumentar los ingresos fiscales en más de 90.000 millones de euros. Eso, por no hablar de las formaciones comunistas (Más Madrid y Podemos) que abiertamente llevan a gala la necesidad de subir los impuestos.

Gabilondo, en fin, ya no es que sea soso; es que ni es serio ni formal... ni se le respeta en su propio partido.

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