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Las pensiones que vienen: en esta década llegarán a los 65 años un millón de personas más que en la anterior

Nuestro país todavía no está entre los más envejecidos de la UE. Pero lo estará, porque el proceso ocurrirá con más rapidez que en nuestros vecinos.

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Nuestro país todavía no está entre los más envejecidos de la UE. Pero lo estará, porque el proceso ocurrirá con más rapidez que en nuestros vecinos.
Una pareja de jubilados miran el atardecer desde un banco, el pasado domingo, en Alicante. | EFE

En la próxima década llegarán a los 65 años en España 1.250.000 personas más (aproximadamente) que entre 2011 y 2020. Y alcanzarán la edad de comienzo de su vida laboral menos de la mitad de jóvenes que de nuevos jubilados. Estas dos cifras nos muestran la magnitud del reto demográfico al que se enfrenta el Estado del Bienestar español.

Aunque estamos acostumbrados a escuchar noticias sobre el proceso de envejecimiento en España, lo cierto es que éste todavía no ha llegado. O no del todo. Sí en lo que tiene que ver con los nacimientos, estancados desde hace cuatro décadas (bueno, más que estancados, en descenso casi continuo) salvo con un ligero repunte a finales de los 90 y primeros 2000 impulsados por la inmigración. Pero en lo que hace referencia al número de mayores y dependientes, España todavía está en mejor situación que muchos de sus vecinos. Nuestra sociedad no está, ahora mismo, tan envejecida como la alemana o la italiana. Aunque esto es algo que cambiará en poco tiempo y que sucederá con más rapidez a como lo ha hecho en estos países.

Para este artículo, tomaremos datos y gráficos de Eurostat (Population structure and ageing); del informe de Fedea y Cajamar "El futuro de las pensiones en España" (uno de los más completos publicados en los últimos años; en concreto de los capítulos "El proceso de envejecimiento en España", de José Ignacio Conde-Ruiz y Clara I. González, y "Algunas reflexiones sobre el informe del Pacto de Toledo", de Ángel de la Fuente, Miguel Ángel García Díaz y Alfonso R. Sánchez); y de las tablas de demografía del INE, con cifras para el 1 de enero de 2011 y el 1 de enero de 2021.

Empezaremos con el siguiente gráfico, del informe de Fedea (página 77). Muestra la evolución de la tasa de fecundidad en España desde comienzos del siglo XX.

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No hay nada muy nuevo. Pero sí sobresale una cuestión de la que no siempre somos conscientes. Esa franja del llamado baby-boom, que en España se enmarca entre finales de los 50 y finales de los 70, en otros países de nuestro entorno (Francia, Italia, Alemania...) habría que moverla una década hacia la izquierda. Los fenómenos son parecidos: veinte años de explosión demográfica seguidos de un hundimiento en la natalidad. Pero el momento, no. Nosotros llegamos más tarde tanto al boom como al desplome de las tasas de fecundidad.

¿Qué quiere decir esto en 2021? Pues, por ejemplo, que España tiene una edad mediana inferior a la de Alemania o Italia.. por ahora. Francia se salva en este punto no tanto por su número de ancianos, que es muy elevado, sino porque es el único gran país europeo que ha mantenido tasas de fecundidad cercanas a los 2,1 hijos por mujer hasta hace no tanto tiempo.

La edad mediana es la edad que divide a la población en dos partes iguales; es decir, que hay tantas personas por encima como por debajo de ese nivel. En Japón, esa edad mediana es de 48,6 años, en Alemania, de 47.8 y en Italia de 46,5. Mientras tanto, en España es de 43,9 años (por comparar, en Francia es de 41,7 años y en EEUU es de 38,5). Todas las cifras son altas si hacemos la comparación en términos históricos. Pero, como vemos, Alemania le saca una década a EEUU y eso se nota en muchos indicadores económicos: desde el mercado laboral al gasto social en función del PIB.

España está en un punto intermedio. Pero con un matiz: somos el país rico en el que estos indicadores demográficos peor y más rápido van a evolucionar en la próxima década. Al menos los indicadores de los actuales habitantes. Porque podría rejuvenecerse la población con la llegada de millones de inmigrantes (eso podría generar otros problemas o beneficios, pero aquí no entraremos en ese debate). Pero para los que ya vivimos en España, el futuro a corto plazo está más o menos escrito. La demografía se mueve en tendencias a medio-largo plazo que sí es posible anticipar en cierta medida.

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Por ejemplo, este gráfico del informe de Fedea (página 89) muestra la tasa de dependencia a los 65 años en la actualidad (barra gris) y la proyección para 2050 (barra blanca). Pues bien, aunque ahora estamos por detrás de algunos países del este y de los países más envejecidos de la UE (Italia, Grecia, Portugal, Alemania). Y aunque en 2050 nuestros vecinos del sur de Europa (Grecia, Italia, Portugal) seguirán teniendo sociedades más envejecidas que la nuestra, "en términos de aumento de la tasa de dependencia a los 65 años, España sería el país que presentaría una mayor diferencia respecto a 2019 bajo las proyecciones de la AIReF y Eurostat".

Esto puede verse también en el siguiente gráfico: partimos de un nivel de dependencia inferior al de la media de la UE-27. Pero nuestra pendiente es más pronunciada y a mediados de la década de los 30 superaremos esa media. Y, cuidado, todas estas previsiones incluyen un aporte migratorio. Es decir, siempre se calculan estas cifras a 10-20-30 años vista teniendo en cuenta que lo normal es que acojamos unas cuantas decenas de miles de inmigrantes cada año. Si no, la tendencia será todavía más acusada.

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El siguiente cuadro, de elaboración propia con datos del INE, refleja en parte lo que apuntamos sobre las previsiones para la próxima década.

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Hemos dividido a la población española por grupos de edad. En 2011, había 7,5 millones de personas con más de 65 años y 5 millones entre 55 y 65 años. Como es lógico, el número de personas de más de 65 años en 2021 ha subido hasta superar los 8,8 millones (cada año llegan más personas a esa edad que el número de mayores de 65 años que fallecen, con lo que engorda ese grupo demográfico).

Pero quizás de lo que no somos conscientes es de lo que se aproxima. Hay 6,2 millones de personas de 56 a 65 años o, lo que es lo mismo, hay 1,2 millones de potenciales nuevos pensionistas más ahora que en 2011. Y también hay más integrantes del grupo de edad de 46 a 55 años (los que se jubilarán a partir de 2030-32. Esto quiere decir que todas las noticias que hemos leído en la última década sobre el incremento en el gasto en pensiones, el envejecimiento de la población o la tensión sobre las cuentas públicas pueden haber sido sólo el anticipo de lo que viene.

Esos 6,2 millones de personas que ahora tienen entre 56 y 65 años van a jubilarse en la próxima década. Habrá alguno que se acoja a las nuevas opciones para alargar la edad de jubilación. Pero la mayoría quiere cobrar su pensión a los 65-67 años (recordemos que en España la edad de jubilación legal varía en función de los años cotizados).

Y en el mercado laboral no habrá relevo. Entre 11 y 20 años, ahora mismo hay algo menos de 5 millones de personas en nuestro país. Es decir, llegarán menos de los que se van. La parte buena, para los que empiecen su carrera en la próxima década, es que habrá menos competencia relativa: ya hay quien habla de una tendencia a largo plazo que favorece a los trabajadores y los salarios. Aunque no es el objeto de este artículo, es verdad que el desplome demográfico tiene algunos paralelismos con situaciones previas de caída de la población (por epidemias, guerras, etc...), que a medio plazo mejoraron la posición negociadora del factor trabajo frente a otros.

En cualquier caso, si, desde un punto de vista financiero, ha sido complejo y costoso asumir la llegada de esos 5 millones de cincuentones que esperaban su turno en 2011. Es sencillo imaginar cómo impactarán en las cuentas públicas los 6,2 millones de personas de 56 a 65 años que había en España el 1 de enero de este año. Porque, además, lo lógico es pensar que estos nuevos jubilados tendrán derecho a (1) más pensiones contributivas: sobre todo entre las mujeres, según vayan llegando a la edad de jubilación las cohortes nacidas en los 60 y los 70, vamos a tener un porcentaje más elevado de cotizantes con derecho a pensión; y (2) prestaciones más elevadas: carreras laborales más estables, sueldos más altos, mejores bases de cotización...

En este 2021 se jubilarán los trabajadores nacidos entre 1954-56 (en función de lo que apuntábamos anteriormente sobre los años cotizados). Lo que quiere decir que todavía no hemos llegado a ese baby-boom de finales de los 50 que veíamos en el primer gráfico del artículo.

El orgullo y el reto

Como siempre apuntamos, esto en parte es la consecuencia de una gran noticia: somos uno de los países con una mayor esperanza de vida. Pero esto, que es un motivo de orgullo, también supone un reto económico.

Otro gráfico del informe de Fedea, para que nos hagamos una idea de la magnitud de este problema. Aquí aparecen los países de la UE en función de dos parámetros: Gasto en Pensiones / PIB (eje vertical) y Tasa de Dependencia 20-64 (Eje Horizontal).

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Esta tasa de dependencia muestra la relación entre el porcentaje de población de más de 64 años y la población en edad de trabajar (de 20 a 64 años). Y, como es lógico, hay una relación directa entre el gasto en pensiones y esas tasa de dependencia. Esto es importante porque uno de los mantras más repetidos en nuestro país es aquel que dice que "todavía tenemos margen" porque gastamos en pensiones por debajo de otros países de nuestro entorno. Los marcados con un triángulo verde (Austria, Bélgica, Francia, Alemania, Portugal o Italia).

Pero aquí hay que hacer al menos tres apuntes. En primer lugar, como explicábamos hace unas semanas, si incluimos el gasto en Clases Pasivas ya estamos en la media de la UE (aunque es verdad que por debajo de los que más gastan). En segundo término, si ajustamos nuestro gasto en función de la edad, la diferencia de gasto con esos países se reduce en dos puntos de PIB (y nos quedamos cuatro puntos de PIB por encima de Alemania). Y es que, no lo olvidemos, como hemos explicado en este artículo, seguimos siendo un país menos envejecido que nuestros vecinos. Lo seremos más en el futuro... pero todavía no les hemos alcanzado.

De hecho, al propio José Luis Escrivá, ministro de Seguridad Social, se le escapó al comienzo de este verano una declaración incómoda que luego tuvo que rectificar. Fueron aquellas palabras en las que avisaba a los baby-boomers de que tendrían que jubilarse más tarde y cobrar menos. Rectificó, pero menos... no dijo que fuera mentira, sino que había estado poco claro y se le había entendido mal.

Por último, algo que casi nunca se comenta cuando decimos que otros países gastan más que España en pensiones respecto al PIB. O cuando se asegura que "tenemos margen". O que hay otros sistemas más "generosos" que el español. ¿Quiénes son esos ejemplos? Según las cifras de Eurostat sobre el gasto en pensiones respecto del PIB en Europa en 2018, había siete países que superaban a España (en orden de mayor a menor gasto): Grecia, Italia, Francia, Austria, Portugal, Finlandia, Bélgica. ¿Son los países con unas finanzas públicas más saneadas? ¿Los que más crecen? Que cada uno saque sus conclusiones. Pero con una cuestión clave en la cabeza: en lo que hace referencia al envejecimiento y al gasto asociado al mismo, nosotros todavía estamos empezando a vivir lo que ellos ya experimentan desde hace años. Y no parece que lleguemos a ese punto especialmente bien preparados.

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