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Yolanda Díaz, la comunista fascinada con Carrillo que decía que era "imposible" gobernar con el PSOE

De padre sindicalista, la hoy vicepresidenta del Gobierno comenzó a despuntar en la política gallega tras fichar a Iglesias como asesor.

Yolanda Díaz, la comunista fascinada con Carrillo que decía que era "imposible" gobernar con el PSOE
Yolanda Díaz y Pedro Sánchez durante la cumbre Hispano-Portugesa | EFE

Ya sea por sus frecuentes meteduras de pata o por las expectativas que algunos proyectan sobre su figura, lo cierto es que el protagonismo de Yolanda Díaz es incuestionable. La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo suena incluso como posible sucesora de Sánchez, algo de lo que ella misma renegaba antes de aterrizar en el Congreso de los Diputados. "No tengo ambición política, siempre hay que convencerme para todo", aseguraba en 2009.

Nacida en Fene (Coruña) hace 50 primaveras, Díaz se jacta de haber sido la primera niña de San Valentín, el barrio de la ría de Ferrol en el que creció. Es la pequeña de tres hermanos y la única chica: "Siempre me dijeron que siendo mujer tendría que esforzarme el doble para ser libre".

"Carrillo me besó la mano"

Se dice que por su casa solían desfilar camaradas comunistas casi todas las semanas y ella misma ha desvelado algunos de los encuentros que, según dice, han marcado su trayectoria. "Tenía cuatro años cuando Santiago Carrillo me besó la mano", recordaba emocionada en una entrevista concedida al diario El País.

Su padre, Suso Díaz, militaba en el Partido Comunista en la clandestinidad y llegó a ser secretario general de Comisiones Obreras en Galicia. Su tío Xosé Díaz pronto se pasó al nacionalismo y ocupó un escaño por el BNG en el Parlamento gallego. Con tales referentes, la hoy vicepresidenta del Gobierno no dudó en afiliarse al PCE en cuanto tuvo edad para hacerlo.

De niña quería ser filóloga, pero, cuando llegó el momento, decidió estudiar Derecho. Después, realizaría tres cursos de postgrado en Urbanismo, Relaciones Laborales y Recursos Humanos, que trató de vender como si fueran másteres para dar empaque y solemnidad a su trayectoria académica. Así aparecieron durante mucho tiempo en la web oficial de Moncloa, a pesar de que la propia Díaz no dudó en su día en burlarse de la polémica que rodeó al máster de Cristina Cifuentes, pero finalmente no tuvo más remedio que rectificar.

El fracaso marcó sus inicios

Díaz comenzó trabajando como pasante en un despacho de abogados de Santiago de Compostela, pero nada más colegiarse —allá por 1998— abrió su propio bufete. Sus primeros coqueteos formales con la política no llegarían hasta siete años después. En 2005, se presentó como candidata de Esquerda Unida a las elecciones a la presidencia de la Xunta. Sin embargo, ni siquiera obtuvo el 1% de los votos, por lo que se quedó fuera del Parlamento gallego.

Tras aquel intento fallido, decidió rebajar sus expectativas y presentarse a las elecciones municipales por el mismo partido. Así, en el año 2007, logró convertirse en teniente de alcalde de Ferrol gracias a un pacto con el PSOE que acabó como el rosario de la aurora. "Duramos 15 meses, y rompimos el acuerdo —recordaba años después—. Por eso quizás tengo claro, porque lo vi directamente, que con ellos es imposible gobernar".

A la tercera va la vencida

En 2009 volvió a fracasar en su intento por saltar a la política autonómica, algo que no logró hasta que en 2012 decidió renunciar a las siglas de IU en pro de una coalición mucho más amplia. Tal vez por eso, ésa sea ahora su mayor obsesión. Integrada en la llamada Alternativa Galega de Esquerda —junto con Anova-Irmandade Nacionalista, Espazo Ecosocialista Galego y Equo-Galicia—, Díaz se erigió como portavoz del grupo en el Parlamento autonómico hasta que en 2015 se presentó a las elecciones generales con En Marea, pasando a formar parte de Unidas Podemos.

Decepcionada con la posición de su partido en la investidura fallida de Pedro Sánchez, poco a poco fue alejándose de Esquerda Unida y escalando puestos en el grupo confederal, hasta convertirse en la sucesora de Pablo Iglesias en el Gobierno de coalición con el PSOE, el partido con el que años atrás estaba convencida de que era "imposible" gobernar.

Fichó a Iglesias como asesor

Aunque ya hay quien dice que su gran protagonismo podría poner en peligro su relación, lo cierto es que Yolanda Díaz es amiga íntima tanto del propio Iglesias como de Irene Montero, que la llegó a definir como "una mujer todoterreno y una buena persona capaz de entregar muchas horas de su vida restándoselas a su hija para luchar por su país".

Su amistad se remonta al año 2012, cuando Díaz fichó precisamente a Iglesias como asesor en la campaña que la catapultó a primera línea política. Por aquel entonces, la hoy vicepresidenta de Gobierno se hizo muy conocida por aparecer en las reuniones de su partido con su bebé en brazos, algo que después haría también en Madrid Carolina Bescansa y la propia Montero, que incluso posó en el photocall de uno de los debates electorales que organizó La Sexta con su hija pequeña en una mochila de porteo. Consciente del tirón de este tipo de gestos, cuentan que incluso Iglesias llegó a plantear que Díaz saliera con su hija posando en la foto del cartel electoral.

Su vida privada

La también ministra de Trabajo se casó el 15 de noviembre de 2004 con Juan Andrés Meizoso, ferrolano y delineante de profesión. Yolanda iba vestida de rojo y él con un traje color crema, aunque la ceremonia civil se celebró en la más absoluta intimidad. Fruto del matrimonio, nacería su única hija, Carmela. Concretamente, el 8 de marzo de 2012. "No pudo elegir mejor día para nacer", ha presumido ella en reiteradas ocasiones.

Hoy, Yolanda Díaz se ha convertido en una mujer muy diferente a la que recuerdan en su Fene natal. Su estilo desaliñado ha dejado paso a un look perfectamente estudiado que nunca pasa inadvertido y aquella joven que decía no tener "ambición política" podría convertirse ahora en la esperanza de los comunistas para alcanzar la presidencia del Gobierno por primera vez en la historia de la democracia española. Unos la temen, otros la detestan, pero lo que está claro es que su nombre dará mucho que hablar, al menos hasta las próximas elecciones generales.

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