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EDITORIAL
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Con un ministro como Garzón, la ganadería española no necesita enemigos

No es la primera vez que este destructivo e incompetente comunista arremete contra sectores fundamentales de nuestra economía.

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Parecería una broma de mal gusto o una de esas estrambóticas noticias que se publican con ocasión del Día de los Inocentes. Pero no: el ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha acusado en el diario británico The Guardian a la ganadería industrial española de exportar carne de "peor calidad", de incurrir en "maltrato animal" y de provocar un "deterioro ecológico descomunal".

No es la primera vez que este destructivo e incompetente comunista arremete contra sectores productivos tan importantes como el cárnico o el turístico. Así, en mayo puso en pie de guerra al segundo al acusarlo de ser "estacional, precario y de bajo valor añadido", mientras que en julio provocó el justificado enfado del primero con sus recomendaciones para que los españoles comiéramos "menos carne" y con sus acusaciones a la industria del ramo de causar "daño ecológico".

Pero sus últimas declaraciones a The Guardian superan con creces a las anteriores y no es de extrañar que no sólo las principales asociaciones ganaderas y los principales partidos de la oposición, sino presidentes autonómicos como el de Aragón, Javier Lambán (PSOE), o el de Castilla y León, Alfonso Fernandez Mañueco (PP), hayan pedido su destitución inmediata.

La bochornosa garzonada debió llevar al ministro de Agricultura y Alimentación, Luis Planas, a ser el primero en exigir la defenestración del titular de Consumo, pues sus acusaciones contra el sector ganadero le descalifican como ministro del ramo. Está visto, sin embargo, que Sánchez y su tropa son de sostenella y no enmendalla. Si inadmisibles han sido las palabras de Garzón, no menos sonrojantes han resultado las excusas del Ejecutivo para no echarlo. Y es que decir que el comunista ha hablado "a titulo personal", tal y como ha afirmado la ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez, o que "no es la primera vez que lo hace", al decir de la titular de Educación, Pilar Alegría, no llega siquiera al grado de desautorización. Una persona que dirige un ministerio no puede difamar "a título personal" a ningún sector económico.

Claro que peor ha sido la defensa que de Garzón ha hecho su semejante Yolanda Díaz.

Ya sea por necedad o delirios ideológico, los miembros del Gobierno se tapan mutuamente las vergüenzas, por lo que no cabe esperar ni destituciones ni dimisiones.

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