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La paradoja animalista: el fin de los festejos taurinos por el covid llevó a 20.000 reses bravas al matadero

Ante la indiferencia de los animalistas que dicen querer proteger a dicha especie.

Ante la indiferencia de los animalistas que dicen querer proteger a dicha especie.
La dura situación del sector taurino | UCTL

"Sin corridas de toros no habría toros bravos". Los partidarios de la Fiesta esgrimen este argumento de manera frecuente y, a tenor de los datos, parecen tener razón. No en vano, si nos fijamos en el número de machos y hembras nacidas en el campo bravo, cifra facilitada por la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL), podemos ver que el periodo comprendido entre 2010 y 2020 estuvo marcado por una reducción importante de ambas rúbricas que coincide, precisamente, con un descenso en el número de festejos organizados.

Si en 2010 nacían 16.822 machos y 16.679 hembras, en 2020 esta cifra había bajado a 12.782 y 13.903, respectivamente. Al mismo tiempo, entre 2010 y 2019, los espectáculos taurinos organizados pasaron de 2.422 a 1.425. Por tanto, la reducción de 997 eventos se tradujo en un descenso de 6.816 nacimientos, puesto que el agregado pasó de 33.501 a 26.685 animales bravos. Dicho de otro modo: por cada festejo que se dejó de organizar, dejaron de nacer casi siete reses de lidia.

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Algo parecido nos dicen los datos referidos al número de vacas reproductoras. Esta cifra ascendía a 45.706 en el año 2011, pero cayó a 36.346 en 2013 como consecuencia de la crisis que sufrió el sector. Es cierto que el dato se fue recuperando de 2014 a 2019, hasta llegar al umbral de 40.703 vacas reproductoras, pero la pandemia ha hecho que las cifras regresen a 35.321 en 2021.

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En términos porcentuales, las hembras aprobadas en tienta que pasaron al registro de la UCTL se reducen del 12% en 2011 al 9% en 2021, otro reflejo del efecto de la pandemia en el campo bravo. De igual modo, la evolución en la cifra de becerros herrados muestra una fuerte caída, pasando e 30.646 en 2011 a 22.394 en 2020.

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Quizá lo más llamativo de todo está en las bajas que registran las ganaderías por motivos ajenos a la lidia. En un año normal, se lidiarían unos 9.500 animales, habría 4.500 muertes por causas naturales, cerca de 5.000 reses serían llevadas al matadero por motivos de deshecho y 2.000 machos y hembras serían vendidos a otro tipo de explotación. Sin embargo, en 2020 vemos que la cifra de muertes naturales se disparó a casi 7.000, mientras que los animales que fueron llevados al matadero se elevaron a 15.324. De igual modo, en 2021 las muertes naturales crecieron a 6.730 y los deshechos en el matadero subieron a 14.847. Si comparamos los 9.697 animales que fueron al matadero entre 2018 y 2019 con los 30.171 que lo hicieron en 2020 y 2021 podemos ver de forma clara el demoledor efecto de la pandemia y la reducción de espectáculos asociada a la misma, con más de 20.000 reses enviadas al matadero.

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¿Será posible frenar esta sangría? El informe de la UCTL contabiliza un descenso en el número de reses desde las 7.055 de 2019 hasta las 918 de 2020. En 2021 se ha recuperado el 62,5% de la actividad observada en 2019, pero esto significa que los datos de la pasada temporada siguieron estando un 37,5% por debajo de lo habitual.

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