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El suicidio europeo con el gas natural: desplomó su producción desde el 2000 para entregarse a Rusia

El "gurú" energético y pronuclear Michael Shellenberger recoge los datos de la Agencia Internacional de la energía sobre producción de gas natural.

El "gurú" energético y pronuclear Michael Shellenberger recoge los datos de la Agencia Internacional de la energía sobre producción de gas natural.
Trabajadores rusos en el gasoducto Nord Stream. | Alamy

El experto en energía y best seller Michael Shellenberger recoge y analiza los datos que ofrece la Agencia Internacional de la Energía sobre producción y exportaciones de gas natural en Europa y Rusia.

Autor de libros como "San Fransicko: Por qué el progresismo arruina ciudades" o "Apocalipsis nunca: por qué el alarmismo climático nos hiere a todos" Shellenberger es uno de los mayores defensores de la energía nuclear como uno de los métodos más limpios, seguros y masivos de obtener energía eléctrica.

En su análisis de la dependencia del gas ruso en Europa, Shellenberger destaca cómo durante los últimos 15 años, el continente europeo en su conjunto ha cometido una suerte de suicidio de abastecimiento reduciendo su producción de gas de manera paulatina y aumentando su dependencia del hidrocarburo que proviene de la antigua Unión Soviética, que aprovechaba la situación para aumentar sus exportaciones.

Hasta el año 2000, Europa incrementó su producción de gas natural, mientras que Rusia reducía sus exportaciones. En ese momento se dio la vuelta la tendencia. Desde entonces, Europa ha dejado de producir gas de manera notable, hasta producir un tercio de lo que extraía en 2000. Mientras, Rusia ha disparado sus exportaciones.

El papel de Rusia como principal exportador a la Unión Europea ya se ha venido reforzando en los últimos años. Si en 2010 el 24% del gas natural consumido en la UE era de origen ruso, en 2016 ya representaba el 36%. De la misma forma, las exportaciones al bloque comunitario totalizan cerca de 90% de las exportaciones de gas ruso.

A comienzos de los 2000, arrancó el alarmismo climático y se desincentivó el bombeo de gas, mientras se promocionaba la inversión en energías renovables. El dinero fluía más barato y abundante a proyectos que implicaran cualquier excusa climática. El efecto fue inmediato, se dejó la producción de gas natural en manos de los rusos.

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