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Las tres grandes falacias que encierra el postureo ecologista de Mónica García

La líder comunista incurre en todo tipo de trampas, manipulaciones y mentiras para justificar su diatriba anti-mercado "en nombre del planeta".

Audio filtrado de Amyts, el sindicato de Mónica García, sobre la huelga sanitaria hasta las elecciones

El audio empezará a sonar cuando acabe el anuncio

La líder comunista incurre en todo tipo de trampas, manipulaciones y mentiras para justificar su diatriba anti-mercado "en nombre del planeta".
La comunista Mónica García trenza un falaz discurso | Más País

La portavoz de Más Madrid, Mónica García, ha pronunciado un encendido discurso sobre cuestiones medioambientales. Durante su intervención en la cámara regional, la dirigente comunista ha afirmado lo siguiente:

Desde el nacimiento de Cristo hasta la Revolución Francesa, en 1789, se aumentaron un 0% de las (sic) partículas por millón de CO2. Desde que nació la señora Ayuso hasta que ha nacido mi hija Rosita, esas partículas por millón han aumentado un 20%. Esto es ciencia, bienvenidos a la ciencia, lo suyo es negacionismo absurdo, infantil y patológico, pero también interesado y maniqueo, porque Vds. siempre se van a poner del lado de quienes se forran depredando nuestro planeta en vez de al lado de quienes queremos habitarlo. Y no, la lucha contra el cambio climático no va a arruinarnos, puesto que va a salvarnos nos abre las puertas a un modelo económico más justo, más sostenible y más próspero que el suyo.

Vayamos punto por punto para desentrañar los mensajes compartidos por García. El primero tiene que ver con el comportamiento de las emisiones de CO2. Aunque es cierto que este indicador se mantuvo plano durante siglos y siglos, no es menos cierto que su aumento en los siglos XIX, XX y XXI se ha producido de la mano de un nuevo modelo productivo que ha tenido efectos asombrosos en el bienestar de las personas. Veamos los datos: en 1789, Francia tenía una esperanza de vida de 34 años y un PIB per cápita de 2.000 dólares; en 2022, estos mismos indicadores ascendían a 84 años y 46.000 dólares. Algo parecido ocurre si nos fijamos en los demás países del mundo, con el añadido de que la brecha entre las naciones más avanzadas y las menos prósperas se ha cerrado de forma cada vez más acelerada en las últimas décadas. Y, si hablamos de pobreza, los dos periodos están marcados por situaciones muy diferentes: uno bajo en emisiones en el que la miseria afectaba al 90% de la humanidad y otro con más producción de dióxido de carbono pero con menos de un 10% de la población global en situación de carencia material severa. Por tanto, García incurre en una grosera omisión que solo se explica por su voluntad de contaminar el debate sobre estas cuestiones aislando cualquier tipo de análisis económico y tratando la cuestión de las emisiones como si fuesen un capricho y no un efecto de la actividad productiva que puede ser manejado y, de hecho, se está gestionando con creciente eficiencia, como veremos a continuación.

Sigamos. A renglón seguido, la líder de Más Madrid habla de su hija Rosita para señalar que, entre su nacimiento y el de la presidenta autonómica, Isabel Díaz Ayuso, la concentración de CO2 ha ido a más. Lo que no dice Mónica García es que, si comparamos los actuales niveles de emisiones de dióxido de carbono con los registros históricos, la evolución de España no solo no es a peor, sino que claramente evoluciona a mejor. Para ser precisos, estamos en datos propios de los años 80 y hemos reducido nuestra huella de carbono en un 40%. Si nos centramos solamente en Madrid, el comportamiento también es muy favorable y, desde que en 1990 se realizó un primer registro de emisiones, este indicador se ha reducido más de un 30%.

El negacionismo "absurdo, infantil y patológico", amén de "interesado y maniqueo", parecería ser, por tanto, el de la cabeza visible del comunismo político en Madrid, puesto que su intervención también intenta trasladar la falsa idea de que el modelo defendido por Isabel Díaz Ayuso (el capitalismo de libre mercado) sería incompatible con la protección del medio ambiente, mientras que su sistema preferido (inspirado en el comunismo y basado en el intervencionismo económico) sería una solución más "justa, sostenible y próspera". En realidad, la historia ha puesto de manifiesto que las ideas comunistas que inspiran a García generan un enorme daño al medio ambiente y los estudios más avanzados insisten en subrayar la conexión entre más mercado y mejor preservación de la naturaleza. Así, en la actualidad vemos que los países más capitalistas son también los más verdes.

Por tanto, (1) no tiene sentido comparar las emisiones de CO2 de un periodo de estancamiento socioeconómico y pobreza con las de una fase histórica de desarrollo y bienestar, (2) no es aceptable que se oculte la fortísima reducción de las emisiones de CO2 durante las últimas décadas, y (3) no tiene ni pies ni cabeza plantear que el comunismo le sienta mejor al medio ambiente que el capitalismo, cuando la evidencia sugiere todo lo contrario. Tres grandes falacias recogidas en el breve pero muy demagógico discurso ecologista de Mónica García.

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