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EEUU ya no es lo que era: de paraíso capitalista a mercado cada vez más intervenido

El cúmulo de regulaciones, impuestos y medidas intervencionistas no para de aumentar desde hace años.

El cúmulo de regulaciones, impuestos y medidas intervencionistas no para de aumentar desde hace años.
La economía estadounidense, cada vez más intervenida. | Pixabay/CC/Leonhard_Niederwimmer

A menudo se tiende a asumir que hablar de la economía de Estados Unidos es sinónimo de hablar de capitalismo. Puede que esto fuese cierto en su momento, sin duda, pero las cosas han cambiado mucho en los últimos años y cada vez queda menos de aquel paraíso capitalista. De hecho, los niveles de libertad económica que se registran hoy en día en el país norteamericano están por debajo de las cotas alcanzadas en dieciséis países europeos. Esta evolución contrasta, por ejemplo, con la de Suecia, que durante mucho tiempo fue el corazón de la socialdemocracia, pero en la actualidad presenta un grado de apertura al mercado mucho mayor.

En Europa, la mayoría de la gente piensa que Estados Unidos carece de un Estado de Bienestar. Cuando desmonto este mito en conversaciones comunes, a menudo recibo miradas de incredulidad. El caso es que el gobierno federal cuenta con más de 100 programas de gasto social cuyo presupuesto rebasa los 100 millones de dólares, hasta el punto de que las transferencias se llevan un tremendo 30% del PIB, más que ningún otro país de la OCDE salvo Francia, donde estos pagos del gobierno suponen el 31,7% del PIB.

Este desarrollo tiene una larga historia detrás que William Voegeli recogió en su libro Never Enough: America's Limitless Welfare State, una obra publicada en 2010 en la que se advertía del avance del Estado de Bienestar. Ajustando los desembolsos para descontar el efecto de la inflación, el autor encuentra que el gasto social subió a una tasa del 12,6% anual bajo el mandato de Lyndon B. Johnson, incrementándose a un ritmo del 8,3% anual durante las presidencias de Richard Nixon y Gerald Ford y subiendo a un porcentaje del 3,2% anual bajo gobierno de Jimmy Carter.

¿Han cambiado las cosas? Sí... pero a peor. Un libro relevante para analizar esta cuestión es The Myth of American Inequality, una obra de Phil Gramm, Robert Ekelund y John Early que muestra cómo el 20% de menor renta recibe ya un monto de transferencias que asciende, en promedio a 45.389 dólares anuales. Las clases medias tienen, por tanto, incentivos para dejar de trabajar y dedicarse a vivir de este tipo de ayudas. De hecho, el quintil 2 y 3 ganan más que el quintil 1 en lo tocante a sus ingresos laborales, pero el quintil 1 supera su renta disponible merced a la percepción de un mayor volumen de ayudas. Dicho de otro modo, las rentas bajas se convierten en rentas medias vía transferencias sociales, mientras que las rentas medias y medias-bajas terminan con un ingreso efectivo menor por la forma en que están diseñados estos programas. En Estados Unidos, el principio capitalista que insiste en alinear los incentivos con el desempeño ya no aplica. Al ajustar la renta para considerar el efecto de las transferencias, el quintil 1 gana un 10% más que el quintil 2 e incluso un 3% más que el quintil 3.

Además, estas transferencias son financiadas casi íntegramente por los mismos ciudadanos que tienen un nivel elevado de ingresos pero reciben continuos ataques porque, supuestamente, no pagan suficiente impuestos. Si bien la propaganda anticapitalista insiste una y otra vez en este discurso, los datos muestran que el 0,1% que más gana paga aproximadamente el 40% de su renta al fisco y que el 20% de mayores ingresos aporta el 83% de lo recaudado en concepto de Impuesto sobre la Renta, amén del 38% de los ingresos generados por los distintos gravámenes al consumo, que son impuestos semejantes al IVA europeo que se aplican a nivel estatal y local.

También es absurdo afirmar que apenas hay regulaciones económicas en vigor y que el mito del capitalismo de cowboys sigue en pie. Los anticapitalistas insisten, por ejemplo, en que la crisis financiera de 2008 fue el resultado de una excesiva desregulación; sin embargo, entre 1980 y 2008 hubo 28 cambios normativos en el sector, de los cuales 5 tuvieron una naturaleza desregulatoria, frente al refuerzo legislativo que supusieron los 23 restantes. De hecho, en los mercados financieros que entraron en colapso en 20008 no había nada parecido al modelo de laissez faire. Inmediatamente antes de la crisis financiera, el número de reguladores federales dedicados a controlar la actividad de la banca ascendía a 12.190 personas, cinco veces más que en 1960, mientras que el gasto asociado a estas agencias había aumentado de 725 a 2.300 millones desde 1980 hasta entonces (ajustando los datos a la inflación).

El exceso de regulación afecta todos los aspectos de la vida en Estados Unidos. A menudo, es el producto de la acción de todo tipo de grupos de presión. El Estado de Nueva York, por ejemplo, ha cambiado recientemente los requisitos para estar ocupado como asistente en una peluquería o un salón de belleza. A partir de ahora, desempeñar esta función requiere un curso de capacitación de 500 horas cuyo coste medio asciende a 13.240 dólares. El principal cometido que tienen estos asistentes es lavar el pelo de los clientes, aparentemente un complejo arte que todos hacemos con naturalidad a diario… salvo los trabajadores neoyorquinos.

Estados Unidos está lejos de ser un país de "capitalismo desenfrenado". Hay demasiada regulación, demasiada deuda pública, demasiados programas gubernamentales de redistribución y demasiados impuestos. Es evidente que Estados Unidos necesita más capitalismo, no menos.

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Rainer Zitelmann es empresario, doctor en Historia y Sociología y autor de más de 20 libros. Sus últimos lanzamientos en español son "El capitalismo no es el problema, es la solución" (Unión Editorial, 2021), "Los ricos en la opinión pública" (2022) y "En defensa del libre mercado" (Unión Editorial, publicación prevista en 2023).

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