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El boicot a la fresa española al que dio alas Sánchez coincide con la cosecha de las fresas alemanas

Los instigadores del boicot contra la fresa española utilizaron el tuit de Pedro Sánchez para aumentar la presión sobre los supermercados alemanes.

Los instigadores del boicot contra la fresa española utilizaron el tuit de Pedro Sánchez para aumentar la presión sobre los supermercados alemanes.
Cestas de fresas españolas | Europa Press

Más de 150.000 personas se han adherido ya a la campaña contra la fresa española instigada por una plataforma alemana, que reclama a los supermercados que no vendan fresas de nuestro país "hasta que el Gobierno andaluz no haga una gestión sostenible del agua". Una alusión a la polémica de los regantes de Doñana que en las últimas semanas ha alentado el Ejecutivo central hasta el punto de que tanto Teresa Ribera como Pedro Sánchez se han hecho eco del boicot.

La propia plataforma, Campact, comentó en redes sociales el insólito hecho de que el presidente Sánchez avalara el boicot a los agricultores españoles.

"Si incluso el presidente español pide que se deje de vender fresa española, ¿a qué esperan Lidl, Aldi, Rewe y Edeka?", señala en un tuit dirigido a las principales cadenas de distribución alemanas.

En la petición pública abierta en internet, los instigadores del boicot destacan cómo Alemania es el "principal importador de fresa española" y cómo "un tercio de la fresa cultivada en España acaba en nuestros supermercados, incluso en invierno". Añaden que las fresas importadas "son mucho más baratas que las fresas alemanas" y lo achacan a "la explotación de sus trabajadores". "Son fresas baratas a costa de la naturaleza y las personas", dicen.

Desde el gobierno andaluz y los empresarios de la fresa han respondido a esta campaña de descrédito denunciando que se están utilizando bulos y datos falsos y recordando también un hecho clave: la ofensiva en Alemania contra el producto español coincide en el tiempo con la llegada a los supermercados alemanes de la fresa cultivada en regiones como Renania del Norte-Westfalia, Baja Sajonia y Baden Württemberg.

La campaña de los frutos rojos en aquel país comprende los meses de mayo, junio y julio; este año, las temperaturas más bajas de lo habitual en primavera la habrían retrasado y es justo ahora cuando empiezan a llegar a los estantes a un precio muy superior al de las fresas españolas: cuatro o cinco euros por cesta frente a los 1,5 euros que puede costar la recogida en Huelva.

La llamada al boicot, además de apelar a los supermercados, pide a los consumidores alemanes que "actúen" y compren "fresas regionales de temporada". Un mensaje similar al que han lanzado en estos días productores locales y que han recogido periódicos regionales, en reportajes donde se compara la "ecológica" producción alemana "de proximidad" y al aire libre con el impacto ambiental de las importaciones desde España hasta Alemania. También defienden que aunque pueda ser más cara, la fresa alemana tiene "más sabor y vitaminas" por haber sido recolectada más cerca de casa.

En la misma línea, representantes del sector han hablado estas semanas refiriéndose a la situación del cultivo de fresa en Alemania y a su "principal competidor", España, lamentando la caída de la producción local. Entre quejas por las dificultades para utilizar determinados pesticidas, productores denunciaban la diferencia de salarios entre unas regiones europeas y otras y la "feroz" guerra de precios.

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