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¿Discriminación? Los datos clave para entender la polémica sobre la igualdad salarial y el tenis

Las acusaciones de discriminación carecen de fundamentos económicos... pero instaurar un modelo más meritocrático es muy complicado.

Las acusaciones de discriminación carecen de fundamentos económicos... pero instaurar un modelo más meritocrático es muy complicado.
Nadal y Badosa, en Sídney. | EFE

En los últimos días se ha generado cierta polémica en torno a los niveles retributivos de dos torneos de tenis programados en China. Mientras que el ATP 250 de Chengdu entregó 175.340 dólares al ganador, la triunfadora del WTA 250 disputado en Guangzhou se llevó 34.228 dólares, lo que supone un 80% menos. Esta disparidad ha alentado las críticas de quienes consideran que esta es una situación de "discriminación" y "desigualdad" que debería ser corregida.

El problema con este tipo de comentarios, que son recurrentes a lo largo de la temporada y entroncan con el auge de ciertos tipos de discurso feminista, es que, por mucho que hablemos del mismo deporte y de torneos que reparten el mismo número de puntos (250), lo cierto es que hablamos de eventos diferentes, organizados por empresas diferentes, financiados por patrocinadores diferentes, celebrados en ciudades diferentes y, en definitiva, sujetos a dinámicas económicas totalmente diferentes.

Pensemos, por un momento, en el mundo de la música. ¿Acaso todos los conciertos generan el mismo volumen de negocio? ¿Se remunera igual a todos los grupos de rock o a todos los cantantes de pop? Claro que no. Sucede lo mismo en otros ámbitos del deporte o del espectáculo. Y la cuestión no va de sexo, de hombres o mujeres, sino de los ingresos que generan estas competiciones y acontecimientos.

En el caso de los torneos de tenis celebrados en China que se ha pretendido comparar de forma torticera, basta con comprobar cuáles fueron los cabezas de serie de una y otra competición:

- En el 250 de Chengdu, las estrellas de referencia fueron Alexander Zverev (número 10 de la ATP, con 1,9 millones de seguidores en Instagram) y Lorenzo Musetti (que está en el puesto 18 de la clasificación masculina y cuenta con 290.000 fans en la citada red social).

- En cambio, en el 250 de Guangzhou, los principales nombres fueron los de Magda Linette (número 24 de la clasificación femenina, con 132.000 followers en Instagram) y Tatjana Maria (número 48 de la WTA, con 49.000 simpatizantes en su canal).

De modo que, atendiendo a los méritos deportivos y a la popularidad de los principales reclamos de taquilla de ambos eventos, parece evidente que no estamos hablando de torneos comparables, porque la inversión que tienen detrás y la capacidad de generación de negocio de ambos eventos no es la misma.

En el pasado, tenistas como Rafael Nadal se han pronunciado abiertamente contra la idea de que todos los torneos deban acarrear un reparto igualitario de retribuciones entre hombres y mujeres. "Debes ganar por lo que generas, no por ser hombre o mujer. En el mundo de la moda, las modelos ganan más que los hombres que se dedican a eso mismo… A veces hacemos preguntas capciosas en las que se busca la polémica", declaró la superestrella española en 2019. Novak Djokovic también se ha manifestado en esta línea, mientras que Roger Federer ha preferido quedarse al margen de este tipo de debates. Por su parte, Andy Murray se ha manifestado partidario del reparto igualitario, bajo toda circunstancia.

El reparto en los Grand Slam

La final masculina del torneo de Wimbledon alcanzó en la edición de 2023 un "pico" de audiencia de casi 11,3 millones de espectadores a través de la BBC. Los datos de seguimiento alcanzados por el encuentro que disputaron el español Carlos Alcaraz y el serbio Novak Djokovic son los mejores desde 2016, cuando el británico Andy Murray se impuso a Milos Raonic ante un máximo de 13,3 millones de televidentes. Por otro lado, los 11,3 millones de seguidores del encuentro disputado el pasado 16 de junio superan también los 9,6 millones que conectaron en 2019 con la esperada final que enfrentó al propio Djokovic con el legendario tenista suizo Roger Federer.

Además, si se toman en consideración los números de seguimiento online que ofrecen las dos plataformas web de la BBC (BBC iPlayer y BBC Sport), encontramos que los "picos" de audiencia de la final disputada por Carlitos y Nole se incrementan en otros 4,1 millones de espectadores. Por lo tanto, los niveles de expectación que ha suscitado la final masculina de 2023 han superado holgadamente los registros alcanzados en la historia reciente de la televisión británica. De hecho, sería necesario remontarnos a 2013 para encontrar números más abultados que los de la última edición del torneo de las fresas, puesto que la final disputada entonces por Murray y Djokovic citó a 17 millones de personas ante la pequeña pantalla.

¿Cuáles fueron los números de la final femenina, en la que se midieron Marketa Vondrousova y Ons Jabeur? El encuentro entre la prometedora tenista checa y la rocosa estrella tunecina sedujo a un "pico" de 4,5 millones de personas en la transmisión de la BBC, cifra a la que se deberían sumar 1,3 millones de personas que conectaron con el partido mediante los canales digitales de la corporación audiovisual británica.

En cambio, la bolsa de pagos ofrecida por el torneo de Wimbledon es la misma para hombres y mujeres. Así, Alcaraz y Vondrousova se llevaron 2,9 millones de euros cada uno, mientras que Djokovic y Jabeur se embolsaron 1,5 millones por cabeza. Esta circunstancia choca con el nivel de interés suscitado por uno y otro cuadro, puesto que el seguimiento fue claramente superior en el caso de los hombres que en el de las mujeres, como revelan los números de audiencia que ha comunicado la BBC.

¿Significa eso que los derechos de imagen de los Grand Slam deberían repartirse según el seguimiento de los partidos? No es tan fácil responder a esta pregunta, porque las audiencias dependen de múltiples factores: el día y el horario en los que se programa el encuentro, el interés que suscita el rival, la competencia de otros productos audiovisuales… De igual modo, ¿es un axioma que las finales masculinas generan más interés televisivo? No necesariamente. Es más: aunque aún no hay cifras definitivas, las audiencias del US Open celebrado el pasado mes de septiembre revelan un mayor seguimiento para el encuentro entre Coco Gauff y Aryna Sabalenka (3,4 millones de espectadores) que para el partido disputado por Novak Djokovic y Daniil Medvedev (2,3 millones de televidentes).

¿Cómo le ponemos el cascabel al gato? Sabemos que, a nivel global, la ATP suma 1.000 millones de espectadores recurrentes, frente a los 700 millones que se asocian a la WTA. Quizá este tipo de análisis puede servir para establecer un reparto más ligado a las circunstancias reales de la demanda del mercado, pero resulta evidente que no es fácil concretar estos datos en un modelo nuevo. De hecho, en lo único en lo que sí coinciden los expertos de la industria tenística es en señalar que el potencial de ingresos de ambos circuitos sería mayor si se reorganizase el calendario y los derechos de televisión se negociasen de forma conjunta, generando más valor y acabando con la actual fragmentación que dificulta sobremanera el seguimiento de ambos circuitos, obligando a los aficionados a abonarse a distintos canales.

¿Y la asistencia por partido?

Otra forma de abordar la cuestión de los Grand Slam sería atajando la cuestión de la asistencia media por partido. El modelo de negocio de un torneo como Wimbledon se apoya principalmente en los derechos de retransmisión, que en 2022 generaron unos ingresos de casi 250 millones de dólares, pero la venta de entradas aportó 70 millones. Los patrocinios, muy limitados por el estilo propio del torneo británico, dejaron otros 70 millones, mientras que los puestos de comida y bebida inyectaron 50 millones más en las arcas del torneo. Pues bien, ¿sería posible desagregar la "tarta" del número de espectadores para retribuir de acuerdo con el interés que despierta cada partido, remunerando a los jugadores en base al número de personas que se citan en cada pista? Es una posibilidad, pero no parece muy sencilla de materializar. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que los tickets de los grandes torneos (no solamente los Grand Slam, sino también los Máster 1000 de formato mixto) se venden en paquetes diarios que incluyen partidos de ambos circuitos. Por tanto, tampoco esta vía parece generar consenso.

Como vimos, cosa distinta es lo que ocurre con los boletos de los torneos que no son mixtos. Aunque la remuneración es plenamente igualitaria en el Abierto de Australia, Rolland Garros, Wimbledon, el US Open y los ciclos de la categoría Másters 1000 donde se disputan cuadros de ambos sexos, el resto de las citas del calendario suelen disputarse de forma diferenciada y, como vimos con el ejemplo de las competiciones celebradas recientemente en China, la tarta del negocio de la ATP suele ser mayor que la de la WTA. En 2022, los pagos acumulados por los cien mejores tenistas masculinos ascendieron a 177 millones de dólares, frente a los 118 millones que se embolsaron las cien raquetistas con mejor ranking. En este campo, pues, no tiene sentido insistir en igualar lo que bajo ningún concepto tiene sentido que sea igual. Hablamos de eventos distintos, con formatos distintos y modelos de negocio distintos.

Otros debates

Donde no se aprecian diferencias muy polémicas es en los ingresos que obtienen los tenistas. A menudo, los acuerdos de patrocinio trascienden a lo ocurrido en las pistas. En 2022/2023, Federer logró 95 millones de dólares y solamente disputó un partido de exhibición (su despedida en la Laver Cup, celebrada en septiembre de 2022 en Londres), mientras que Nadal obtuvo 1,5 millones en las canchas y 14 millones en los despachos. Pues bien, los números de la publicidad no muestran una diferencia notable entre hombres y mujeres, puesto que las marcas también están deseosas de cerrar acuerdos con las más grandes figuras femeninas del tenis de antaño, caso de las hermanas Williams o de Maria Sharapova, así como de las jugadoras más capaces del circuito actual. Célebre es el caso de la estadounidense Naomi Osaka, que ha puesto su carrera en pausa para ser madre, pero en 2023 facturó 12 millones gracias a su vinculación con distintas empresas. También logran datos muy satisfactorios de facturación por publicidad otras tenistas como Iga Swiatek, Coco Gauff o Jessica Pegula, todas ellas integrantes del "top diez" elaborado por la revista Forbes en 2023, que muestra una retribución muy similar en la élite de los tenistas masculinos y femeninos.

¿Qué otras propuestas se podrían esbozar, entonces? Hay quienes defienden que los torneos de Grand Slam deberían intercalar un día de competición masculina seguido de otro de partidos femeninos, para así establecer más claramente la popularidad de cada circuito. Sin embargo, esta tesis puede resultar perjudicial para la ATP y la WTA, porque la facturación total de los torneos sería probablemente más baja. Asimismo, no hay que olvidar que, ante los ojos de muchos espectadores, la expectación no obedece tanto al sexo, sino a la calidad de los jugadores. Así, la jugadora número #1 de la WTA suele generar más interés que el tenista número #20 de la ATP – y viceversa.

¿Y qué hay de las reglas que se autoimponen ambos circuitos? ¿Es procedente que las jugadoras disputen sus partidos a tres mangas mientras que la ATP exige cinco sets en los encuentros masculinos de Grand Slam? ¿Deberían retirarse las limitaciones que impone la WTA a la participación del "top diez" en torneos de rango 250?

Los ingresos del tenis, por debajo del potencial

Más allá del debate sobre la igualdad de ingresos, los expertos en el mundo del tenis coinciden a la hora de señalar un problema central que afecta tanto al circuito femenino como al masculino: a saber, la infravaloración de los derechos audiovisuales del deporte de raqueta en comparación con otras disciplinas que tienen mucha menos popularidad, pero hacen mucha más caja con la televisión. La ATP se ha propuesto elevar su facturación extendiendo la duración de los torneos y mejorando el atractivo de los horarios para ajustarlos a las franjas de mayor audiencia, pero las principales estrellas del circuito insisten en que el circuito requiere de cambios más profundos basados en revalorizar los derechos y no en inflarlos a base de seguir cebando el calendario con más partidos.

En medio de ese debate por conseguir más ingresos, cada vez se habla más de la entrada de Arabia Saudí en el accionariado de la ATP. Estos rumores han sido confirmados por el circuito masculino en las páginas del Financial Times y llegan después de que el país del Golfo inyecte 1.000 millones en el mundo del golf. De momento, ya se ha anunciado que las NextGen ATP Finals pasarán a disputarse en Arabia Saudí y abandonarán su tradicional sede milanesa. Esta decisión puede ser la antesala para el traslado de la Copa de Maestros a suelo árabe, un traslado que podría concretarse en 2025, cuando expire el actual acuerdo que vincula el torneo a la ciudad de Turín. Asimismo, se habla de un nuevo torneo Másters 1000 que podría formar parte de la apuesta de Arabia Saudí por el deporte de la raqueta. Sin embargo, la WTA no formaría parte del acuerdo y, de nuevo, esto abriría el debate sobre el diferencial de ingresos.

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