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José María Rotellar

Sánchez envía a Bruselas las cuentas del Gran Capitán

El documento publicitario del Gobierno de Sánchez muestra que el papel lo aguanta todo y que obvia los problemas de los componentes del crecimiento.

El documento publicitario del Gobierno de Sánchez muestra que el papel lo aguanta todo y que obvia los problemas de los componentes del crecimiento.
El documento del Gobierno de Pedro Sánchez pretende presumir de evolución económica | Europa Press

El Gobierno ha enviado a Bruselas la actualización del plan macroeconómico y fiscal del período 2024-2025, documento que no cuenta con unos Presupuestos Generales del Estado en los que sustentarse, pues Sánchez ha renunciado a presentarlos, como es obligación de todo gobierno, y piensa gobernar a base de prórrogas, al menos, de momento. Este documento enviado no es más que un documento publicitario sobre la marcha de la economía española, amparado en el barniz del corto plazo impulsado por el gasto público desmedido, y una serie de deseos a futuro que lo convierten en algo parecido a las cuentas del Gran Capitán:

El documento enviado no aporta nada nuevo realmente, sino que lo emplea el Gobierno para volver a presumir de la evolución económica.

Habla del crecimiento trimestral, pero nada dice de que no hemos recuperado todavía el nivel de inversión previo a la pandemia (estamos un 2,16% por debajo de entonces, en términos reales o constantes).

Dice que nunca el empleo ha sido tan abundante como ahora, pero no menciona que la última EPA ha sido catastrófica, con fuerte destrucción de empleo, aumento de paro y disminución del número de activos. Tampoco dice que las horas trabajadas descienden y que caen los contratos a tiempo completo frente los contratos a tiempo parcial. Es decir, ignora que, realmente, no se crea empleo, sino que se reparte.

Habla de nuevos máximos de exportaciones, pero no resalta que el sector exterior está en clara desaceleración, tanto por pérdida de competitividad de la economía española como por disminución de la renta de nuestros socios comerciales y nuestros países emisores de turismo. Sólo menciona tangencialmente que si las circunstancias geopolíticas empeoran y eso frena el crecimiento de la zona euro, entonces nuestro sector exterior podría verse afectado.

Dice que el escenario macroeconómico está avalado por la AIReF, pero no dice que esta institución se ha preocupado mucho por la sostenibilidad de la deuda.

Prevé una mejora de la economía en la zona euro en 2024 y una disminución de la inflación. No está nada claro que la zona euro vaya a mejorar en su crecimiento económico con todas las perturbaciones que hay en el horizonte, pero, además, parece menos claro que la economía española vaya a evolucionar mejor que en el ITR-2024, ante la necesaria disminución del gasto público, al tener que aplicar las reglas fiscales, y la disminución de la aportación de todo el sector exterior, incluido el turismo, al crecimiento económico. Por otra parte, la inflación está desacelerándose momentáneamente en la eurozona, pero acelerándose en España. Esa divergencia preocupante podría suponer un perjuicio para España en el caso de que el BCE comenzará la bajada de tipos, porque podría alimentar la inflación en España en fase creciente (siendo un riesgo, también, para un rebrote en el resto de la eurozona).

Mantiene un crecimiento del 2% para 2024 y del 1,9% para 2025. El crecimiento de 2024 tiene gran parte de efecto arrastre, pues con el dato sorprendente de crecimiento que dieron en el IVTR-2023, eleva el interanual de los tres primeros trimestres de 2024, de manera que sólo por ese efecto base el PIB crece 8 décimas.

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Fuentes: INE y elaboración propia Ministerio de Economía, Comercio y Empresa para las previsiones desde 2024. Niveles en base 100=2015 salvo PIB nominal (miles de millones de euros).

Por los datos de crecimiento que prevé del PIB nominal -que implican una previsión de inflación todavía algo elevada en España, por el deflactor alto que emplea- prevé aumentar el PIB nominal en unos 80.000 millones de euros al año, que es lo que le permitirá seguir manteniendo niveles de déficit de alrededor del 3% y bajar el cociente entre deuda y PIB, pero seguirá aumentando preocupantemente la deuda en valores absolutos hacia unos niveles poco sostenibles sin el respaldo del BCE.

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Fuente: elaboración propia a partir del informe de revisión de previsiones macroeconómicas y fiscales 2024-2025 del Gobierno de España

La fortaleza española en su posición financiera neta respecto al resto del mundo viene dada por el buen desempeño del sector privado, ya que el sector público se come gran parte de esa capacidad, en lo que constituye un claro efecto expulsión de la inversión privada.

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Fuentes: INE y elaboración propia Ministerio de Economía, Comercio y Empresa. Las cifras del sector público incluyen ayudas financieras.

Habla de compromiso con la estabilidad presupuestaria por haber cerrado 2023 con un 3,64% de déficit sobre el PIB frente al 3,9% previsto, pero se olvidan de decir que es gracias, en gran parte, al efecto que todavía se notó en 2023 de incremento de recaudación derivado de la inflación, porque el gasto aumentó, introduciendo elementos estructurales negativos para el saldo presupuestario.

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El crecimiento potencial del PIB (el estructural de la economía) sigue siendo bajo, elemento que pone en riesgo la sostenibilidad de las cuentas públicas en caso de recesión, con un saldo estructural muy negativo, que no parece que vaya a poder reducirse en la medida en la que lo plasman en el informe (que es el esfuerzo que ha pedido Bruselas).

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Fuente: Ministerio de Economía, Comercio y Empresa

Con esa previsión de crecimiento de PIB nominal antes comentada es con lo que esperan, por efecto del cociente, que disminuya la deuda sobre el PIB, pero no por verdadera reducción de deuda en valores absolutos, ya que no alcanzan el superávit presupuestario. Además, si se produce alguna desviación de gasto y los ingresos comienzan a fallar, que es posible ante su optimista previsión de evolución de recaudación, ese cociente de deuda sobre el PIB subirá.

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Fuente: Ministerio de Economía, Comercio y Empresa

Por último, habla del plan de resiliencia, pero nada dice de su ejecución de manera exhaustiva.

En conclusión, un documento que muestra que el papel lo aguanta todo, sobre la base del barniz del crecimiento de corto plazo, que obvia los problemas de los componentes del crecimiento, que son insanos (más gasto público y menos inversión y consumo), y que tampoco aborda la fragilidad del empleo, más allá de la cifra récord, que esconde un reparto del empleo. Es optimista en sus previsiones, especialmente en la evolución del déficit, de la deuda, de la recaudación y del saldo estructural, sin aportar ninguna propuesta de reforma estructural que haga sostenible el crecimiento a largo plazo.

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