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El gobierno de Meloni prohíbe instalar plantas solares en tierras cultivables

Sí se permitirá la energía agrovoltaica con paneles a más de dos metros de suelo.

Sí se permitirá la energía agrovoltaica con paneles a más de dos metros de suelo.
La presidenta italiana, Georgia Meloni. | Europa Press

El Gobierno italiano de Georgia Meloni ha vetado por decreto la instalación de plantas de paneles solares a gran escala en terrenos agrícolas. El objetivo final del decreto es "evitar la desertización" de las tierras agrícolas italianas, según el ejecutivo italiano. Sí se permitirá la energía conocida como agrovoltaica, es decir, los paneles que se sitúan a más de dos metros del suelo, lo cual no impide utilizar los campos para el cultivo.

"Queríamos regular el uso de paneles fotovoltaicos, y creemos que la tierra sirve para producir y la producción de energía debe ser compatible con la producción agrícola", declaró el ministro de Agricultura, Francesco Lollobrigida, que inicialmente era partidario de una prohibición más general.

Las prohibiciones no se aplican a los proyectos que se encuentren en proceso de aprobación y tampoco a las instalaciones agrovoltaicas que se eleven más de dos metros sobre el suelo. En cualquier caso, el Gobierno de Meloni recuerda que todavía será posible seguir produciendo energía en canteras, minas, zonas concesionadas a los ferrocarriles estatales, zonas concesionadas a los concesionarios de aeropuertos, zonas de protección de la franja de autopistas y zonas en el interior de plantas industriales, entre otras.

Sin embargo, la agrovoltaica no gusta a los operadores energéticos porque la instalación es más compleja y costosa. Según Agostino Re Rebaudengo, presidente de Elettricità Futura, la principal asociación de operadores eléctricos afiliados a Confindustria, el coste de la agrovoltaica es el doble que el de los sistemas terrestres y no aporta beneficios a los agricultores. "La elevación del suelo aumenta los problemas para el viento, para el sellado y también para el impacto visual", dijo en declaraciones a Il Sole 24 Ore .

Hasta ahora la superficie agrícola ocupada por sistemas fotovoltaicos ronda el 0,1 por ciento del total. Para respetar los compromisos adquiridos durante el último G7 sobre Clima, Energía y Medio Ambiente bastaría con alcanzar el 1 por ciento del total. según datos de Il Post.

Una iniciativa similar en España

Desde SOS Rural, la asociación que engloba a unas 300 organizaciones del campo, aplauden la iniciativa del gobierno de Meloni y recuerdan que están promoviendo una iniciativa legislativa popular (ILP) para que el Gobierno español adopte la misma medida, una petición presentada también de forma paralela por el grupo parlamentario Sumar.

"Si esto sigue así, perderemos un patrimonio enorme en cuestión de soberanía alimentaria y no nos lo podemos permitir", explica la portavoz de SOS Rural, Natalia Corbalán. "Renovables, sí. Pero España es muy grande y hay superficies improductivas en las que se podrían instalar las placas fotovoltaicas sin necesidad de sacrificar hectáreas que nos pueden proveer de alimentos".

Algunas veces, los ayuntamientos optan por expropiar los terrenos. En otros casos, son los propios agricultores los que deciden cerrar un contrato de alquiler con las fotovoltaicas. En este sentido, SOS Rural defiende el derecho de un propietario a hacer lo que quiera con sus tierras, pero también alega que se ha creado el caldo de cultivo propicio para las empresas energéticas.

"Esto es fruto de las políticas que se han llevado en la agricultura y la ganadería desde la Unión Europea. Tienen a los agricultores completamente aburridos, cada día con más exigencias medioambientales, la mayoría de ellas carentes de sentido, su actividad ya no les es rentable, están criminalizados por la sociedad como agentes contaminadores del medio ambiente y encima no hay relevo generacional. Han creado el escenario perfecto para que estas tierras pasen a manos de los grandes fondos energéticos", argumenta Corbalán.

En su opinión, "si la agricultura la hubieran respetado y protegido con marcos regulatorios proclives a la producción agrícola, seguro que nadie entregaría sus tierras con alto valor productivo".

Del mismo modo, destaca Corbalán, la sustitución de las tierras de cultivo por los campos fotovoltaicos tiene graves consecuencias medioambientales. Y pone como ejemplo el hecho de que las tierras con placas ya no son cultivables debido a la gran cantidad de herbicidas que se aplican para mantener el suelo limpio. "Eso lo único que hace es aumentar las escorrentías cuando llueve y cargarse el manto verde. Si nos cargamos los campos de naranjos, limoneros o almendros, sólo quedará un erial donde se dispararán aún más las temperaturas en verano con el riesgo climático que conlleva", además de la destrucción de paisajes.

"Lo que pasa es que se ha construido un relato donde mucha gente ve más sostenible una placa solar que un limonero o un naranjo. Y eso es un riesgo", concluye Corbalán.

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