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¿Regreso al patrón oro?

Una ventaja clave del patrón oro a lo largo de la historia es que eliminaba la mano del gobierno de la máquina de hacer billetes. Una y otra vez, los gobiernos han usado su poder o influencia sobre el sistema monetario para envilecer las monedas.

En el fin de semana del 6 y 7 de Noviembre de 2010, el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, propuso en una columna del Financial Times que la economía global vuelva a estar ligada al oro como un ancla que ayude a mantener la estabilidad de las monedas y reducir las expectativas de inflación en los mercados internacionales.

Pocos días antes, el 1 de Noviembre, el columnista de Financial Times, Martin Wolf, escribió un artículo preguntando precisamente si el mundo podría volver al patrón oro. Wolf señaló que: "No es difícil entender las atracciones de un patrón oro. El dinero es una convención social. La ventaja de un vínculo con el oro (o alguna otra commodity) es que el valor del dinero estaría aparentemente libre de la manipulación del gobierno. El objetivo sería, entonces, des-politizar el dinero".

Sin embargo, Wolf apuntó una serie de objeciones al restablecimiento de un patrón oro:

a) el hecho de que requeriría una revisión significativa al alza en el precio oficial del oro en términos de dólares, lo que le parecía injusto dado que daría una ganancia inmerecida a los actuales tenedores de oro; b) impondría costes de transacción adicionales en los intercambios internacionales, ya que algunos desequilibrios comerciales tendrían que saldarse a través de transferencias de oro; y c) podría impedir una necesaria flexibilidad en el sistema bancario y financiero para que la autoridad monetaria contrarreste las fuerzas recesivas que puedan llevar a una caída en la producción y aumento en el desempleo.

Como observó Martin Wolf correctamente, una ventaja clave del patrón oro a lo largo de la historia es que eliminaba la mano del gobierno de la máquina de hacer billetes. Una y otra vez, los gobiernos han usado su poder o influencia sobre el sistema monetario para envilecer las monedas o imprimir papel moneda, con el fin de cubrir la diferencia entre los gastos del gobierno y los impuestos recaudados a partir de la ciudadanía.

Pero a pesar de las preocupaciones de Wolf, puede sostenerse que los costes de un patrón oro son mucho menores que los costes que ha impuesto sobre la sociedad la pésima gestión del sistema monetario por parte de los gobiernos de todo el mundo. Desde 1914, momento en el que se fundó el Sistema de la Reserva Federal como el banco central de los Estados Unidos, el mundo ha experimentado inflaciones severas, incluyendo una serie de hiperinflaciones, y la montaña de rusa de varios periodos de auge y recesión, incluyendo la Gran Depresión de los años 30 y la recesión actual de la economía global.

Colocar la suerte del sistema monetario mundial en manos de los planificadores centrales monetarios, quienes han tenido toda la discreción imaginable a través de su control sobre el papel moneda en lugar del oro, no ha asegurado un mundo sin inflaciones ni recesiones.

A mitad de la década de 1980, el destacado economista liberal Milton Friedman, quien durante décadas había defendido un sistema monetario de papel moneda con la restricción de incrementar la oferta monetaria a partir de una estricta "regla" del 3% anual, admitió que se había equivocado al creer que tal sistema podía funcionar. Decía que se había dado cuenta de que nunca ni a los gobiernos ni a sus bancos centrales podría interesarles resistir la tentación de imprimir dinero para cubrir el gasto público, servir a grupos de interés especiales, o avanzar en otros propósitos políticos de corto plazo.

Concluía que, en retrospectiva, los costes sobre la sociedad desde 1914 de las inflaciones y el ciclo de auge y recesión causada por la mala gestión de la banca central eran mucho mayores que los costes que habrían estado asociados a la existencia de un patrón oro auténtico, libre de injerencias políticas y facilitador de las transacciones. [i]

El hecho es que las inflaciones causadas por los gobiernos, y los temores a la inflación, ya han generado ganancias inesperadas a todos aquellos que con astucia han invertido en oro o en compañías extractoras de oro durante estos años. Ellos han protegido su riqueza y activos de la depreciación del dólar y en ocasiones han obtenido notables rentabilidades de su tenencia de oro. Pero ha sido la mala gestión de los gobiernos en materia monetaria lo que creó esta "oportunidad".

Si la Reserva Federal parara de incrementar la oferta monetaria, y si se reestableciera legalmente una tasa de convertibilidad entre el oro y los dólares sobre la base del número total estimado de dólares en circulación en el mundo, dividido por la cantidad de oro que posee el gobierno norteamericano, cualesquiera "ganancias" financieras que obtuvieran los tenedores de oro se deberían a la ingente cantidad de dólares que ha sido creada por la Fed desde hace décadas. La apreciación del oro en términos de dólares se ha debido a la depreciación del dólar causada por una ilimitada expansión monetaria.

Finalmente, la preocupación de Wolf de que un patrón oro auténtico ata las manos de los gobiernos y bancos centrales y evita que lleven a cabo políticas discrecionales para manipular el sistema monetario, debería considerarse una ventaja, no un inconveniente. Sólo los más doctrinarios Keynesianos pueden negar que las recesiones pasadas y la actual fueron precedidas por auges insostenibles derivados de las expansiones monetarias y las manipulaciones de tipos de interés que desequilibraron los ahorros y las inversiones, estimularon artificialmente proyectos de construcción inadecuados, e hicieron que la fuerza laboral se dirigiera a empleos cuyo mantenimiento dependía de la burbuja.[ii]

Los auges inducidos por la expansión monetaria son la "causa" que precede a la inevitable contracción que le sigue. Eliminar o reducir radicalmente la posibilidad de que los bancos centrales y gobiernos creen artificialmente tales periodos de auge, significaría reducir notablemente la probabilidad de que existan recesiones económicas generalizadas.

En un punto en su artículo, Martin Wolf menciona que algunos han defendido una reforma monetaria todavía más radical que la de pasar a un patrón oro gestionado por el gobierno: la abolición de la banca central y la completa separación entre el dinero y el estado, a través de un sistema monetario basado en una banca privada libre y competitiva.

Wolf deja de lado también esa alternativa, pensando que el mundo no está para nada preparado para tales cambios, incluso aunque pudieran funcionar. Pero, en realidad, ésta es la alternativa más importante y razonable al sistema actual de planificación central monetaria a través de las instituciones gubernamentales de los bancos centrales.

La planificación central monetaria no ha funcionado mejor que cualquier otra forma de planificación central durante los últimos cien años. Los banqueros centrales del mundo -igual que los planificadores centrales en la vieja Unión Soviética- simplemente no tienen el conocimiento, la sabiduría ni la capacidad para gestionar de forma exitosa el sistema monetario de una economía de mercado.

¿Cómo pueden los banqueros centrales conocer cuáles deberían ser los tipos de interés de mercado, mejor que la interacción competitiva de prestamistas y prestatarios para el uso de los ahorros escasos para los variados propósitos de inversión? ¿Cómo pueden los banqueros centrales conocer cuál debería ser la cantidad y tipos de dinero y crédito existentes en el mercado, mejor que aquellos que desean usar distintos bienes para usos monetarios, e interactuar para realizar préstamos y obtener financiación?

El dinero surgió de las interacciones del mercado, a través de la búsqueda de la gente para conseguir formas mejores de facilitar sus transacciones. Los gobiernos no crearon el dinero; pero los gobiernos sí han sido muy creativos en diseñar maneras de monopolizar su control sobre el dinero, y manipular su cantidad y valor con propósitos políticos.

La banca y otras formas de intermediación financiera no requieren de la creación o supervisión gubernamental para funcionar con efectividad para juntar a prestamistas y prestatarios para llevar a cabo intercambios mutuamente ventajosos. Sin embargo, las regulaciones y controles gubernamentales impuestos sobre los mercados financieros pueden generar prácticas anticompetitivas; pueden resultar en un uso distorsionado y maldirigido de los ahorros y el capital; y pueden derivar en el despilfarro de una parte de los recursos escasos de la sociedad para financiar el apetito insaciable del gobierno de gastar el dinero de los individuos.

Afortunadamente, durante los últimos veinte años, una serie de economistas liberales han demostrado satisfactoriamente cómo un sistema de banca libre privada y competitiva podría funcionar, y desempeñar mucho mejor una variedad de tareas y actividades que se presumía requerían la existencia de un banco central.[iii]

Ha llegado la hora de repensar las premisas básicas del actual orden monetario. Y esto requiere empezar pensando con originalidad sobre el marco de políticas macroeconómicas predominante.

La sabiduría e ideas de los economistas clásicos deben ser tenidas en cuenta de nuevo, en lo que se refiere a sus argumentos a favor de un sistema monetario de mercado basado en activos reales, como el patrón oro.

Incluso más radicalmente, necesitamos repensar los fundamentos de la banca central. Necesitamos, en palabras del economista austriaco F.A. Hayek, considerar la "desnacionalización del dinero", y un orden monetario basado en una banca libre privada y competitiva.

La vuelta a un dinero de mercado como el oro, por tanto, no es sólo posible sino también deseable. Y sería el medio más efectivo para evitar adicionales abusos del gobierno del sistema monetario, si esa vuelta al oro fuera introducida, además, mediante la liberalización de los mercados bancarios y financieros y el fin de la interferencia del gobierno de estas áreas.

La siguiente fase de nuestro mundo post-comunista requiere el fin del socialismo monetario, que es lo que la banca central realmente representa.

Artículo originalmente publicado en In Defense of Capitalism, blog de la Universidad de Northwood. Richard Ebeling es actualmente profesor de economía en Northwood University. Es autor de numerosos libros, incluido su más reciente Political Economy, Public Policy, and Monetary Economics: Ludwig von Mises and the Austrian Tradition.


[i]Milton Friedman, "Economists and Economic Policy," Economic Inquiry (Jan. 1986), pp. 1-10; "The Resource Cost of Irredeemable Paper Money," Journal of Political Economy (June 1986), pp. 642-64-7; and, "Has Government Any Role in Money?" Journal of Monetary Economics, Vol. 17 (1986) pp. 37-62.

[ii]Véase,Richard M. Ebeling, "Market Interest Rates Need to Tell the Truth, or Why Federal Reserve Policy Tells Lies," in Richard M. Ebeling, Timothy Nash, and Keith A. Pretty, eds., In Defense of Capitalism (Midland, MI: Northwood University Press, 2010) pp. 57-60; y Richard M. Ebeling, Political Economy, Public Policy, and Monetary Economics: Ludwig von Mises and the Austrian Tradition (London/New York: Routledge, 2010), Cap. 7: "The Austrian Economists and the Keynesian Revolution: The Great Depression and the Economics of the Short-Run," pp. 203-272.

[iii]Kevin Dowd, Private Money: The Path to Monetary Stability (London: Institute of Economic Affairs, 1988); and, The State and the Monetary System (New York: St. Martin’s Press, 1989); George Selgin, Theory of Free Banking: Money Supply Under Competitive Note Issue (Totowa, NJ: Rowman & Littlefield, 1988); and, Banking Deregulation and Monetary Order (New York: Routledge, 1993); Lawrence H. White, Free Banking in Great Britain: Theory, Experience, and Debate, 1800-1845 (Cambridge: Cambridge University Press, 1984); Competition and Currency: Essays on Free Banking and Money (New York: New York University Press, 1989); y, Theory of Monetary Institutions (New York: Wiley-Blackwell, 1999).

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