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La vida sin la FED: el sistema Suffolk

Supongan por un momento que el deseo más ferviente del congresista republicano Ron Paul se convierte en realidad y la Reserva Federal no solo se audita sino que se elimina.

Supongan por un momento que el deseo más ferviente del congresista republicano Ron Paul se convierte en realidad y la Reserva Federal no solo se audita sino que se elimina. Por muy disparatada que pueda parecer la idea, no sería la primera vez en la historia de nuestra nación en que se ha cerrado un banco central. A pesar de toda la imponente grandeza de la Fed, Ben Bernanke está dirigiendo nuestro tercer (aunque más duradero) intento con un banco central. Este país ha vivido antes sin un banco central y, si se le da la oportunidad, podría hacerlo de nuevo. Sin embargo, la mayoría de los estadounidenses (liderados por Paul Krugman) estarían horrorizados solo con pensarlo.

Hay ciertas funciones que, debido a su naturaleza, muchos dirían que solo pueden ofrecer las autoridades políticas: policía y bomberos son los primeros ejemplos que vienen a la cabeza. Para la mayoría de las personas en la actualidad, las funciones que desempeña la banca central también lo son. Aún así, la historia nos dice que no tiene que ser necesariamente un asunto gestionado por el gobierno: los individuos privados actuando fuera de los límites del control político se han mostrado completamente capaces de ofrecer buena parte de las mismas funciones que realiza un banco central, y además con un coste mucho menor [1]. Ése fue el caso del sistema bancario de Suffolk, que operó en Boston de 1824 a 1858.

Antes de la construcción del sistema, Boston y sus alrededores habían sufrido la misma confusión monetaria que el resto de nuestra Unión. Numerosos bancos estatales emitían billetes de banco con profusión, con delincuentes comunes y (en algunos casos) los propios bancos emisores falsificando libremente. Para un comerciante en Boston y cualquier banquero de la ciudad que aceptara los billetes de bancos nacionales distantes, estaba siempre presente el riesgo de que un billete pudiera no valer el papel en el que estaba impreso.

La relativamente pobre calidad de los billetes emitidos por los bancos del país frente a los emitidos por los bancos de la ciudad puso en marcha la ley de Gresham: el dinero malo desplaza al bueno. Para combatir este problema, un consorcio de siete bancos de Boston creó el sistema bancario de Suffolk e invitaron a todos los bancos de la ciudad y del país, dentro del área de Nueva Inglaterra, a unirse a él.

Las operaciones comenzaron el 24 de marzo de 1824. Todos los bancos miembros tenían que mantener una cuenta permanente y sin intereses en Suffolk, junto con una cuenta adicional que contara con saldo suficiente como para atender todos los billetes de banco que se presentaran para su redención. Al final (y en buena parte, con beneficio para Suffolk) los billetes de los bancos miembros se compensarían entre sí y podrían darse créditos por "descubiertos".[2] El sistema aceptaba a la par papel de todos los bancos miembros que contaran con un buen historial. Todos los billetes en papel de los bancos que no eran miembros eran inmediatamente enviados de vuelta al emisor para su redención en oro.[3]

El propósito original no era vigilar los mercados de divisa de Boston: eso solo se produciría debido a una afortunada consecuencia no buscada deliberadamente de la operación del sistema. Los bancos de la ciudad de Boston simplemente querían intermediar en todos los billetes de los bancos del país (devolviéndolos para su redención en oro) con el fin de disminuir su circulación dentro de Boston y abrirse así el mercado.

Aunque no tuvieron éxito en eso, sí lo tuvieron en liberar a Boston de su plaga de falsificaciones y otros billetes sin valor, hasta el punto de que, dentro de la ciudad, los billetes emitidos por los bancos del país que se unieron al sistema Suffolk empezaron a cotizar a la par con los emitidos por los bancos de la ciudad. El propio Banco de Suffolk, al tomar la responsabilidad de todo el sistema en 1825, se convirtió en el banco más rentable de Boston.

Hay algunos historiadores que afirman que Suffolk no puede calificarse como un banco central debido a su "falta de control cuantitativo" sobre la oferta monetaria, pero esto no es correcto.[4] Es casi seguro que el sistema sí tuvo de hecho control sobre la oferta monetaria, de otra manera hubiera sido totalmente ineficaz.

Sin embargo, al contrario que los bancos centrales modernos, el sistema de Suffolk estaba específicamente diseñado para restringir el exceso de circulación de billetes bancarios.[5] Los directores amenazarían frecuentemente a cualquier banco miembro con la redención de sus billetes por el oro prometido si creyeran que el banco estaba inflando más allá de los límites de seguridad. Eran conscientes de una importante verdad económica: lo que importa es la calidad más que la cantidad de dinero.

Los contemporáneos apuntaban a la gran contribución que el sistema supuso para la gente de Nueva Inglaterra: como obligaba a todos los miembros a mantener un "alto ratio de líquido en relación a los pasivos a la vista netos", los bancos de Nueva Inglaterra evitaron las carnicerías experimentadas en otros lugares en el sector bancario durante el pánico de 1837. La Comisión Bancaria de Maine afirmaría después que "El Sistema Suffolk [...] ha resultado ser una gran salvaguarda para el público".[6]

En 1858 Suffolk compensaba el equivalente a 400 millones de dólares en billetes al año (diez veces toda la oferta monetaria de Nueva Inglaterra [7]) y pagaba un dividendo superior (y disfrutaba de un precio bursátil superior) a cualquiera de sus iguales.[8]

Naturalmente, esto significaba que pronto las cosas llegarían a un final poco glorioso. Con la entrada de un competidor (el Bank of Mutual Redemption) en un mercado que Suffolk hasta entonces había mantenido completamente para sí mismo, el Banco de Suffolk se llevó la pelota y abandonó el campo enfurruñado. No fue eliminado del negocio: simplemente abandonó el negocio de compensación de billetes.

En una investigación publicada por el Banco de la Reserva Federal de Minneapolis en 2000, los autores acababan con la pregunta: "¿Hay necesidad de un banco central patrocinado por el gobierno?"[9] Considerando el hecho de que el sistema Suffolk "creció sin ninguna acción legislativa", tenemos nuestra respuesta: "no, en absoluto".[10]

Artículo elaborado por C.J. Maloney y publicado originalmente en Mises.org y Mises Daily.

Notas:

[1] Knox, John Jay. 1900. A History of Banking In The United States. (Bradford, Rhodes, & Co., Nueva York) P. 368.

[2] Rolnick, Arthur J., Smith, Bruce D., Weber, Warren E. 1998. "Lessons From A Laissez-Faire Payments System: The Suffolk Banking System (1825–58)", Federal Reserve Bank of St. Louis Review, Mayo/Junio. P. 108.

[3] Rothbard, Murray. A History of Money and Banking in the United States: The Colonial Era to World War II. (Ludwig Von Mises Institute, 2002), pp. 116-117.

[4] Lake, Wilfred S. 1947. "The End of the Suffolk System". The Journal of Economic History. Vol. 7, Nº 2: p. 191.

[5] Whitney, D.R. 1878. "The Suffolk Bank". Manuscrito privado. P. 38

[6] Rothbard 2002, p. 121

[7] Lake 1947, p. 191.

[8] Rolnick et al. 1998, p. 109

[9] Rolnick, Arthur J., Smith, Bruce D., Weber, Warren E. 2000. "The Suffolk Bank and the Panic of 1837". Federal Reserve Bank of Minneapolis Quarterly, Primavera, pp. 3-13.

[10] Knox 1900, p. 366.

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