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Las familias y el grave paro juvenil

En vez de intentar sustituir al ente familiar, objetivo ciertamente cuestionable de que algún día llegue a lograrse, el Estado debería aunar fuerzas con la familia y ver en ella un pilar esencial, básico, que soporta la democracia.

Con una tasa de paro anclada en el 20% y del 43% para los jóvenes entre 16 y 24 años, España vuelve a las andadas de la década de los ochenta y mediados de los noventa. La crisis es especialmente cruel con los jóvenes que entran en el mercado de trabajo con ánimo de independizarse y al no encontrar trabajo durante un largo tiempo, terminan quedándose en casa. Por otro lado, los jóvenes llevan una ajetreada vida laboral si es que se incorporan al mercado de trabajo, dado que ésta es un continuo trasiego entre el paro, la economía sumergida, el trabajo temporal y el indefinido. Este baile marca profundamente a los jóvenes y como bien señalan Victor Pérez Díaz y Juan Carlos Rodríguez en su nuevo libro Alerta y Desconfianza: La Sociedad Española ante la Crisis, la clave de sostenibilidad de la sociedad española es la familia que evita que todo salte por los aires. Otro caso relevante es el de los emigrantes, donde el paro oficial ronda el 30%. Ellos representan un nuevo apartado al paro crónico español, y su trasiego laboral es algo más complicado, concluyendo con el retorno a su país natal como una de las opciones ante el paro. Mientras, la familia, incluyendo las redes sociales como Cáritas, acoge y evita males mayores ante la situación desesperada en la que se encuentran.

Hasta cierto punto podríamos decir que la sociedad española moderna abusa, una vez más, de la familia en momentos de crisis. Se le exige que ante la avalancha que le acecha, reaccione y se adapte sin rechistar a la grave situación económica y a los abruptos cambios sociales, eso sí, en total soledad y sin paliativos. Estas circunstancias son palpables en instituciones dedicadas a la ayuda desinteresada y es también a través del entorno de las propias instituciones donde se oyen las voces que claman y reclaman por el día a día. Y tal fue el caso del debate que discurrió en el último Foro Arrupe a cargo de la Profesora Salomé Adroher Biosca ex directora del Instituto de la Familia de la Universidad Pontifica de Comillas. Su análisis profundizó en el concepto de que la familia es mucho más que un flotador en un mar de tristes lágrimas económicas. Un resumen de dicha intervención se puede encontrar en nuestra web.

Hay quienes miran al Estado moderno para resolver los problemas sociales, antes competencia exclusiva de las familias. No cabe duda que el Estado debe jugar un papel importante en la satisfacción de diversas prestaciones sociales. Pero las limitaciones de lo que puede y debe amparar el Estado son evidentes cuando arrecia una crisis económica semejante a la presente. Es por ello que en vez de intentar sustituir al ente familiar, objetivo ciertamente cuestionable de que algún día llegue a lograrse, el Estado debería aunar fuerzas con la familia y ver en ella un pilar esencial, básico, que soporta la democracia. El individuo aprende a volar, a ser libre en la familia. La libertad nace de la dependencia en el seno de la familia.

La familia: una institución humana y por ende susceptible a mejorarse, pero insustituible y pilar básico de la democracia. Hay que defenderla.

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