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EDITORIAL

España, ¿por el camino de Grecia?

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La evolución de la crisis griega debería servir de reflexión para los gobernantes españoles. Es verdad que España está aún muy lejos de llegar a esta situación, pero no es menos cierto que casi nadie, hace dieciocho meses, habría previsto que el Gobierno de Atenas se iba a encontrar en estos momentos al borde del precipicio del impago. Por poner un ejemplo, la prima de riesgo hispana está ahora mismo por encima de los 350 puntos, un nivel similar al que presentaba la helena hace poco más de un año.

Si hay algo que pueda salvar a nuestro país de caer en esa dinámica es el compromiso de nuestros políticos en aplicar planes de ajuste realistas y contundentes, que eviten los mismos errores que han llevado a Grecia al límite de su aguante. Y en esto no podemos ser demasiado optimistas.

El jueves de la semana pasada, mientras el huracán heleno iba tomando forma en los mercados europeos, conocíamos que las comunidades autónomas prácticamente habían alcanzado en junio el límite de déficit previsto para todo el ejercicio. Esto hace casi imposible que las regiones vayan a cumplir con el objetivo al que se había comprometido el Gobierno y este incumplimiento puede llevarse por delante las cuentas del conjunto del Estado. En su análisis sobre España, la Comisión Europea ha recalcado la necesidad de controlar el gasto de "los gobiernos regionales". Es todo un aviso para navegantes y que pone la lupa allí donde tantas veces hemos alertado: en los Ejecutivos autonómicos y en su falta de compromiso real para reducir los números rojos que su irresponsabilidad ha generado.

España tiene que demostrar de forma inequívoca que no cometerá los errores de Grecia y lo tiene que hacer desde ya. En esta cuestión no hay prórrogas. El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero se comprometió a reducir el déficit del conjunto de las administraciones públicas hasta el 6% este mismo año. Cumplir con este objetivo es un mínimo que permitiría recuperar algo la credibilidad perdida en nuestras cuentas públicas.

De hecho, un Gobierno verdaderamente responsable ya habría presentado nuevos planes de reducción del gasto y reformas económicas liberalizadoras. Es imposible pedirle eso al actual Ejecutivo, pero al menos hay que exigirle que cumpla y haga cumplir aquello a lo que se comprometió. De su capacidad para hacerlo puede depender que España tenga una oportunidad de seguir su propia ruta o se vea abocada a recorrer el camino que lleva hasta Atenas.


 

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