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Lo que no puede ser, no es

Recortes sí y cuanto antes. Bien es verdad que hay que empezar por los gastos estériles, suntuarios, de representación y parafernalia inútiles, además de los de cobertura ideológica, que son muchos.

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Acabamos de oír en esta campaña electoral que "el futuro no está escrito", principio disculpable en la boca de un químico, pero que yerra respecto a la verdad, como también es habitual en el oráculo personaje. Hay futuros escritos y evidenciados por la historia. Por ejemplo, todos, también el señor Pérez Rubalcaba, abandonaremos este mundo llegado un momento; está escrito el futuro de quiebra económica, política y social de España, si continuase gobernada por el PSOE, según resulta de los últimos ocho años y de los casi catorce que transcurrieron entre octubre de 1982 y marzo de 1996.

Lo que también está escrito para el futuro, para el presente y como explicación del pasado, es que "lo que no puede ser, no es". Un principio que para los más esperanzados lleva un colofón: "desplazar la solución de los problemas a tiempos venideros, no significa solucionarlos, sino, más que probablemente, agravarlos". La situación en la que se encuentra la economía española, para qué decirlo, es de extrema gravedad, y ello sin necesidad de arrastre alguno.

Ya sé que es muy celtíbero buscar culpables fuera, cuando es dentro donde se gestan los problemas y donde deberían gestionarse sus soluciones. Los señores que todavía nos están gobernando –es un decir– no están ideológicamente preparados para tomar las medidas necesarias que, rompiendo su discurso demagógico, pongan en vía de solución los muchos problemas de la Nación.

Su aspiración, se lo hemos oído al candidato P. Rubalcaba, es sentarnos, o mejor arrodillarnos, en el dintel de la Unión Europea, suplicando una prórroga de dos años en el cumplimiento de nuestros compromisos. Es decir, que aquello que debíamos conseguir en el año 2013, posponerlo al 2015. Todo menos asumir la responsabilidad de un buen gobernante cumpliendo sus obligaciones.

No nos extrañe pues, que la prima de riesgo de la deuda española crezca por encima de los cuatrocientos puntos básicos sobre el bono alemán; y mucho menos responsabilicemos a Italia del problema que nos aqueja. Allí y aquí, como también ocurriera en Grecia, el problema es la falta de credibilidad de los gobernantes, que no sólo dilapidan sus recursos, endeudándose más allá de lo permitido, sino que, además, rehúsan tomar las medidas necesarias para terminar con semejante política.

En este escenario, se siguen haciendo promesas de sostenimiento del gasto, como si nada ocurriera, sin considerar que lo que no puede ser, no es. Además, quien ha tenido, como vicepresidente del Gobierno, una responsabilidad directa en la presente situación de quiebra, no puede presentar el problema como si fuera resultado del azar, sobrevenido sin que nadie sepa porqué.

Recortes sí y cuanto antes. Bien es verdad que hay que empezar por los gastos estériles, suntuarios, de representación y parafernalia inútiles, además de los de cobertura ideológica, que son muchos en el Estado, en las Comunidades Autónomas y en los Ayuntamientos, y ello, aunque tengamos que mandar a los recortados a las Organizaciones Internacionales; allí cabe todo.

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