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El piquete de Christine Lagarde

Algunos preferimos ver el vaso medio lleno y, a lo mejor, ha sido menos perjudicial que se haya producido a los escasos noventa días de la conformación del nuevo Gobierno porque esta medida ha quedado ya desactivada.

Francisco Aranda
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Atención Bruselas. Aquí España. Sin novedades resaltables en la huelga general. Sólo se han movilizado varios cientos de liberados que viven de la cosa, algunos despistados con buena fe y marginales de todo tipo (republicanos, antitaurinos, cabreados con la muerte de Chanquete, profesionales del silbato y los pasquines, etc.). El nivel de paralización del país ha sido prácticamente irrelevante a nivel general. Se han producido brotes de violencia aislados por parte de algún piquete, pero han sido bien resueltos por la policía, a la cual esta vez le han permitido cumplir con su misión que es permitir que cada uno actúe con libertad.

Lamentablemente se ha producido una huelga general en nuestro país y contra eso nada se podía hacer. Pero algunos preferimos ver el vaso medio lleno y, a pesar de las fuertes pérdidas que va a ocasionar al país, creo que, a lo mejor, ha sido menos perjudicial que se haya producido a los escasos noventa días de la conformación del nuevo Gobierno porque esta medida ha quedado ya desactivada. Digo esto porque la suma de que la huelga haya sido un completo fracaso, junto con el mensaje de que Rajoy se mantiene firme con su programa reformista, es el mejor telegrama que le podemos enviar al piquete de la directora del FMI, Christine Lagarde, al compuesto por miembros de la Comisión Europea y al del Banco Central Europeo (BCE). Los tres nos presionan con fuerza por una sencilla razón: los euros que usted, querido lector, o yo, tenemos ahora en nuestros bolsillos proceden originariamente de sus arcas y se nos han prestado con la lógica promesa de que se lo devolveremos más pronto que tarde, para lo cual necesitamos generar ingresos.

Para ello, es fundamental que nos repongamos del derroche producido durante las dos legislaturas del Gobierno de Zapatero y también que sigan adelante las reformas de Rajoy. La laboral y la del sistema financiero avanzan en la buena dirección, pero el recorte de nuestras administraciones públicas se está haciendo esperar demasiado y eso inquieta a los mercados. En Bruselas sonríen pero no son tontos y esa timidez va a provocar, como ya han adelantado algunos analistas, que este año España entre, probablemente, en algún programa de la llamada troika si quiere seguir recibiendo el apoyo del BCE a su deuda pública o a sus bancos. Pero la pobre imagen que inspiró nuestro país en Europa durante la presidencia de Zapatero parece que no se va a deteriorar aún más, ya que España ha demostrado que es un país sensato y trabajador y Rajoy se muestra firme en su política reformista.

Además, no nos engañemos, porque no nos queda otra tras la depresión en la que nos dejó el Gobierno que conformó Zapatero con los sindicatos. Sin el apoyo del BCE no podemos colocar deuda pública ni privada a precio razonable y, por lo tanto, no podríamos seguir financiándonos en el exterior, lo cual es básico para poder recuperar el crecimiento económico y la creación de empleo. Y ya no podemos salir del euro, porque en ese caso el encarecimiento de la financiación se dispararía y perderíamos definitivamente cualquier vestigio de fiabilidad como país.

En cualquier caso, mientras aquí unos pocos han intentado hoy paralizar el país, en otras latitudes del mundo sigue descendiendo el paro. Los frutos de la reforma laboral que puso Alemania en marcha en la época del canciller Shroeder, están siendo recogidos ahora por Merkel. La tasa de desempleo en Alemania ha caído a un nuevo mínimo tras la reunificación del país, de un 6,7% en marzo, eludiendo la tendencia de otros países de la zona euro y reforzando la esperanza de que el consumo privado apuntale a la mayor economía de Europa este año. Mientras tanto, aquí algunos siguen tomando cervezas.

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