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José García Domínguez

El tocomocho fiscal

El cupo es un hurto tan alevoso como indecente al resto del país. Un alzamiento de bienes en toda regla. Y semejante cuadrilla de robaperas tiene la audacia de elevar la voz para señalar la paja en el ojo ajeno.

José García Domínguez
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Uno pensaba que lo había visto todo, naves de guerra ardiendo más allá de Orión; rayos C resplandecer en la oscuridad, cerca de la puerta de Tanhauser; Martín Villa ejerciendo de referente de la izquierda desde su puesto de mando en Prisa. Pero aún le faltaba lo en verdad asombroso: un diputado general de Vizcaya impartiendo magisterio de honradez tributaria y probidad contable al Gobierno de España. Y para general chanza, un lehendakari López haciéndole los coros. La zorra dictando seminarios de deontología a las gallinas. Los autores materiales e intelectuales de la mayor estafa a la Hacienda Pública desde Recaredo y Wamba a esta parte, dando lecciones de moralina cívica al prójimo.

Que no cosa distinta es el cupo: un hurto tan alevoso como indecente al resto del país. Un alzamiento de bienes en toda regla. Y semejante cuadrilla de robaperas tiene la audacia de elevar la voz para señalar la paja en el ojo ajeno. Se ve que no les resulta suficiente con ejercer el derecho de pernada fiscal sobre España. También necesitan recrearse en la suerte, al modo de los toreros ante el morlaco ya entregado que rinde la cerviz presto al descabello. Un artificio medievalizante, el cupo, que no conlleva privilegio alguno con respecto al régimen común establecido en la Lofca. De ahí que solo la sistemática falsificación de las cifras permita que continúe en cartel esa obscena comedia de costumbres, el eterno tocomocho euskaldún.

Burdo engaño contable que, huelga decirlo, exige del preceptivo chantaje al Ejecutivo de turno para que el timo de la estampita foral resulte eficaz. Bernie Madoff erró al elegir oficio y pasaporte. Su destino natural hubiera sido emplearse de consejero de Hacienda en Vitoria. Recuérdese la célebre "Y" vasca, el tramo del AVE llamado a recorrer las tres provincias. Licitaron las obras. Abonaron sin rechistar su importe. Y, acto seguido, restaron el total de la factura –tres mil millones– a la cantidad que ese año les correspondía pagar al Ministerio de Hacienda. Atraco a las tres. Mikel Buesa lo ha cuantificado: si el País Vasco y Navarra dejasen de saquear impunemente al erario, cada contribuyente español podría ahorrarse un uno por ciento en el IRPF. Y todavía peroran de ética.  

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