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Eurobonos disciplinarios

La crisis de deuda es una oportunidad excepcional para que España haga sus reformas, pero ya son muchas las que se quedan a medio camino.

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Cada vez que nos rescatan, la prima de riesgo sube y la Bolsa se desploma. Los inversores no quieren saber nada de unos planes que consisten en crear más deuda y más gasto para encubrir un déficit crónico. Eso sólo prolongará la agonía hasta que seamos como Grecia.

Igual que hemos dejado que los precios de la vivienda reventaran, hay que hacer lo mismo con la burbuja del gasto público. Cuanto más tiempo mantengamos esta ficción, más subirán los costes totales del préstamo: desde 2007 pagamos 18.000 millones más, un gasto que ahora tendremos que recortar de más.

Los inversores (y, no lo olvidemos, dependemos de ellos mientras insistamos en vivir de prestado) no están dispuestos a seguir inyectando dinero a un país que se regocija en su propia miseria. Los mercados no atacan, se defienden. Protestan porque, si los políticos no están dispuestos a rebajar sustancialmente el gasto público (cerca de un 30%) y los impuestos y no liberalizan mercados clave (trabajo, empresas públicas, sectores intervenidos), la única opción es subir los impuestos y eso deprimiría tanto la actividad que el nivel de desempleo actual nos parecería incluso deseable. No es broma: hace cinco años el mileurismo tenía connotaciones negativas; hoy a muchos les gustaría serlo.

De acuerdo con el inversor Ray Dalio, todavía nos quedan 10 años de crisis, de los que dos serían especialmente graves. Sin embargo, muchos dudamos de los catastrofistas. El futuro no es lo que se nos viene encima, sino lo que construimos. Quizá los políticos no deseen deshacer la maraña de intereses creados que frenan la creación de riqueza, pero los mercados quieren que crezcamos para que les podamos devolver su dinero.

En este sentido, creo que Alemania apoyará los eurobonos. No porque la austeridad sea contraria al crecimiento, que no lo es -si eso fuera cierto nunca habríamos dejado de crecer-; tampoco porque les guste regalarnos su dinero, como si pagaran impuestos por afición; ni porque nuestras necesidades generen una obligación en ellos; lo harán porque Merkel ya ha descubierto que Rajoy es igual de incompetente que Zapatero y necesita una zanahoria delante para tirar del carro.

Europa no mancomunará todas las deudas por debajo del 60% del PIB, como piden muchos. Esta es una propuesta vacía que encerraría dudas sobre la solvencia de toda Europa. En cambio, sí puede apoyar las Euroletras, deuda con vencimiento a muy corto plazo (3 meses, 6 meses) de las que se pueda salir con facilidad si las cosas no resultan. Alemania podría animar así a España comprando deuda si hace las reformas, y si no las hace, dejar de renovar sus posiciones como castigo. Zanahoria y palo.

La crisis de deuda es una oportunidad excepcional para que España haga sus reformas, pero ya son muchas las que van en la dirección correcta y se quedan a medio camino. Esto, al contrario de lo que muchos analistas señalan, no es positivo: quien intente llegar nadando a América puede ir en la dirección correcta, pero morirá ahogado de todas formas. Si la opinión pública ve que las tensiones se relajan, entenderá que España no sólo va en la buena dirección, sino que además va a llegar a buen puerto. Y apoyarán las reformas, porque necesitamos creer en el futuro.

Pablo Cerezal, analista económico del Think tank Civismo
www.civismo.org

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