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El futuro de Grecia en el euro se decidirá en octubre

Su salida del euro es cada vez más probable. Washington teme que se produzca antes de las elecciones presidenciales de noviembre.

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El próximo octubre se aventura como un mes clave -uno más- para el futuro de la Unión Monetaria a expensas de lo que pueda suceder con Grecia. La permanencia del país heleno en la zona euro está siendo puesta en duda de forma cada vez más evidente con el paso del tiempo, y en octubre los socios comunitarios podrían adoptar una decisión definitiva al respecto. Tanto es así que el propio presidente de EEUU, Barack Obama, está presionando a los grandes líderes europeos para tratar de retrasar dicha decisión y evitar así que la posible salida de Grecia coincida con las elecciones presidenciales estadounidenses del próximo 6 de noviembre.

Washington teme que la ruptura monetaria se produzca de forma desordenada y, como resultado, genere un brutal impacto financiero a nivel mundial, incluyendo efectos negativos indirectos sobre la economía estadounidense, lo cual perjudicaría en gran medida las opciones de Obama para resultar reelegido. Por ello, el Gobierno estadounidense presiona a Europa para evitar la salida de Grecia antes de las elecciones.

El primer ministro griego, Antonis Samaras, se reunió la semana pasada con sus homólogos alemán y francés para tratar de convencerlos de la necesidad de conceder más tiempo a su país -dos años extra- para cumplir los compromisos que impone el segundo plan de rescate. Sin embargo, Atenas no ha logrado hasta el momento arrancar tales concesiones. La canciller alemana, Angela Merkel, insistió en la necesidad de que Grecia cumpla los acuerdos, y postergó su decisión hasta la publicación del informe de la troika sobre la evolución de los ajustes helenos. Dicho estudio se retrasará hasta comienzos de octubre, en lugar de conocerse a finales de septiembre, según fuentes diplomáticas europeas.

Se prevé que esté disponible de cara a la reunión del Ecofin -ministros de Finanzas de la zona euro- que tendrá lugar el próximo 8 de octubre, una cita clave para decidir la conveniencia o no de desembolsar el siguiente tramo de ayuda que contempla el plan de rescate, por un importe próximo a los 31.000 millones de euros. EEUU teme que, en caso de que el informe sea desfavorable, la eurozona activará de forma automática la salida de Grecia, justo antes de las elecciones presidenciales. Atenas depende directamente de la ayuda europea para evitar la quiebra y poder seguir sufragando pensiones, sueldos y servicios públicos. Si el dinero no llega, Grecia se verá obligada a abandonar la Unión. Este tema centrará la cumbre de líderes de la UE que tendrá lugar el próximo 18 y 19 de octubre.

Difícil que cumpla sus objetivos

Aunque, oficialmente, Bruselas y los grandes socios no han decidido todavía si ceder o no a las nuevas demandas de Grecia, a puerta cerrada se admite la improbabilidad de tal escenario. El presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, advirtió a Samaras el pasado miércoles que no debía esperar ningún trato de favor extra por parte de sus socios. La troika exige a Atenas un ajuste fiscal cercano a los 12.000 millones de euros durante los dos próximos ejercicios.

Para ello, Samaras se ha comprometido a privatizar activos públicos, recortar empleos y sueldos estatales y mejorar la efectividad de la recaudación fiscal. Pese a ello, y ante el fiasco obtenido en el pasado, tanto Berlín como  Bruselas dudan seriamente de que Atenas alcance los objetivos fijados. De hecho, el tamaño final del ajuste podría ascender a 18.000 millones de euros, según la prensa helena, aunque el dato fue desmentido posteriormente por el Gobierno griego.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) es el agente que está adoptando una línea más dura en el seno de la troika. Sus expertos coinciden en que la deuda griega es insostenible y la entidad amenaza con retirarse del programa en caso de que no se apliquen nuevas quitas para aminorar esta carga. El último plan de rescate ya impuso pérdidas a los tenedores de deuda helena, pero tan sólo entre los agentes privados. El FMI pretende ahora que los acreedores públicos de Grecia -estados y el propio BCE- también sufran quitas para reducir deuda.

Planes para preparar la salida

Tanto esta opción como la de conceder más tiempo a Grecia implicará un coste extra para los socios comunitarios, sobre todo, para Alemania. La población germana se ha mostrado contraria a rescatar países desde el inicio de la crisis de deuda, pero ahora esta opinión también se empieza a extender con fuerza entre su clase política y financiera.

Los socios de gobierno de Merkel e incluso destacados miembros de su propio partido abogan ya abiertamente por la salida de Grecia de la Unión. "Veo a Grecia fuera del euro en 2013", sentenciaba este fin de semana Alexander Dobrindt, secretario general de la CDU. Su salida "no tiene marcha atrás". El Gobierno finlandés también advertía recientemente sobre esta opción, y recomendaba al resto de socios comunitarios prepararse para esta situación. En este sentido, el BCE, el Bundesbank y el Ministerio de Finanzas alemán cuentan con grupos de trabajo específico para analizar las consecuencias de esta ruptura y sus posibles costes.

Entre las distintas opciones existentes, se baraja animar a Grecia a que abandone "temporalmente" el euro hasta que su economía y finanzas públicas se estabilicen, según fuentes del Ministerio de Finanzas germano, a cargo de Wolfgang Schaeuble. "Es otro escenario de trabajo, no es nuevo, pero en el último mes se ha convertido en la opción más probable".

Lo que sí se da por hecho es que, de una u otra forma, Grecia necesitará más dinero, un tercer plan de rescate que incluya nuevas inyecciones o más tiempo para cumplir objetivos, y ante tal perspectiva Berlín estudia como alternativa ofrecer un crédito puente a Atenas para facilitar su salida del euro, evitando así una ruptura desordenada de consecuencias imprevistas. Todas estas opciones se discutirán de aquí a finales de año. Mientras, no por casualidad, Atenas advertía la semana pasada que si Grecia sale, no será el último país en abandonar la Unión. El escenario de salida cobra fuerza.

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