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Mi segunda recomendación: compre acciones

Un dólar invertido en el S&P 500 a finales de 1925 equivale a 242 dólares hoy en términos reales (descontando la inflación).

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Ya le he advertido de los peligros de la inflación y de la necesidad de invertir. Hoy doy un pasito más. Le doy dos motivos por los que soy un firme defensor de la inversión en renta variable: la Bolsa no es un juego de suma cero; e históricamente ha sido el activo más rentable.

La Bolsa no es un juego de suma cero

El genial articulista Rafa Paz ya se encargó de desmontar la falacia asentada en el subconsciente popular de que en la Bolsa toda ganancia tiene como contrapartida una pérdida. Déjenme que les dé mi punto de vista invitándoles a una reflexión. Observe la siguiente foto:

Sí, un billete de lotería correspondiente a un sorteo extraordinario de Navidad. Piense ahora en las características del juego:

  1. Las papeletas de que le toque el gordo son de 1 entre 100.000. Lo que viene siendo un 0,00001%.
  2. Se reparte en premios el dinero recaudado -menos lo que se queda el Estado, claro-, por lo que estamos ante un juego de suma cero: para alguien gane, alguien tiene que perder.
  3. Puro azar. La acción humana poco pinta aquí, salvo el impulso que le dan al bombo los niños de San Ildefonso.

Otra foto:

Bien, tenemos claro que se trata de una quiniela. ¿Y las características del juego?

  1. Jugando una columna simple (sin dobles ni triples), las probabilidades de acertar la combinación ganadora (15 resultados) son de 1 entre 14.348.907. Esto es, un 0,0000069%.
  2. Al igual que la Lotería de Navidad, sigue siendo un juego de suma cero.
  3. Pero la gran diferencia con respecto a la Lotería es que aquí sí pueden entrar en juego los conocimientos que, en materia de fútbol, posea el apostante. Así las cosas, si uno dispone de contactos en todos y cada uno de los campos de fútbol en los que se entrenan diariamente los equipos involucrados para pulsar el hambre y la motivación de los jugadores; si tiene acceso a todas las estadísticas de jugadores, entrenadores y árbitros; si conoce el estado de todos los terrenos de juego; si es capaz de anticipar la alineación que dispondrá el entrenador en el terreno de juego; tal vez, y sólo digo tal vez, pueda jugar con cierta ventaja sobre el resto de apostantes.

Tómese ahora cuatro minutos para disfrutar de uno de los fragmentos más excitantes de una de las pelis de James Bond, la de Casino Royale.

Póker, que palabra más bonita... Pero, ¿qué esconde detrás? Veamos:

  1. Al igual que los otros dos, es un juego de suma cero: las fichas que recoge el ganador son las que él puso más las de los demás.
  2. Otra característica de este juego es que te permite modular la apuesta conforme avanzan las rondas de una mano.
  3. Pero la gran diferencia aquí es que las probabilidades de ganar dependen, no sólo de las cartas que el azar tenga a bien repartir, sino de la habilidad del jugador para defender su jugada. El jugador con la peor de las combinaciones puede ganar la mano tirando de "farol". La psicología es determinante.

Una última foto. Este es uno de los juegos que podemos encontrar en la Bolsa. Se llama Nike:

Características:

1. No es un juego. O, al menos, no tiene por qué serlo. Depende de cómo se lo tome uno. Para mí, la Bolsa es un medio que me permite alcanzar unos objetivos de rentabilidad para mi capital.

2. No es un juego de suma cero. Dicho de otro modo: ¡todos podemos ganar! Mire el gráfico de cotización otra vez: los que compraron en 1993 vendieron con fuertes plusvalías a los que compraron en 2003, y los que compraron en 2003 venderán -salvo que los mayas tengan razón y el mundo se vaya por el desagüe este 21 de diciembre- con fuertes plusvalías a los que comprarán en 2013. Y esto es posible gracias a que cada año, globalmente, somos cada vez más ricos. En el caso de las zapatillas Nike, cada vez más personas alcanzan el umbral de riqueza suficiente para convertirse en potenciales clientes.

3. Cada apuesta o boleto es una acción. Por el mero hecho de comprar esa acción usted se convierte en uno de los propietarios de la empresa. Y comprar una parte de un negocio es comprar una parte de su crecimiento y expansión.

Pasemos, ahora, al segundo motivo o evidencia.

Acciones, el activo más rentable

A veces, es mejor callarse y que hablen los datos:

Un dólar de finales de 1925 invertido en acciones de empresas del S&P 500 -cuando se creó el índice, en 1923, sólo constaba de 233 empresas, ampliándose a 500 en 1957- se ha convertido, ajustado por la inflación, en 242 dólares a finales de 2011. La rentabilidad de otros activos, dado el fuerte diferencial con respecto a las acciones y la escala lineal del gráfico, no se aprecia bien. Cambiemos, pues, la escala:

Se hace evidente lo siguiente para el período 1926-2011:

  • Las acciones no tienen rival.
  • Los bonos a largo del Tesoro norteamericano -se muestra el comportamiento del bono a 20 años- logran la medalla de plata, pero a una distancia de unos 232 dólares (242$ vs 9,47$).
  • En tercer lugar, el oro, pisándole los talones a la deuda a largo plazo estatal.
  • Ya fuera del podio tenemos la deuda a corto de USA (los famosos T-Bills), que permiten que un dólar invertido en ese activo a finales de 1925 alcance ahora un valor de 1,63.
  • Y, por último, el rezagado de la cola, el dinero: 86 años de inflación han provocado que un dólar de 1925 tenga un poder de compra en 2011 equivalente a 8 céntimos. Es lo que hay...

Ahondando en la comparativa acciones vs bonos, me permito extraer el siguiente gráfico del libro Los 12 principios de Value Investing, editado por Bestinver:

Cada barra azul representa la rentabilidad anual media, en términos reales, que han arrojado las acciones en distintos países para un amplísimo horizonte temporal. En blanco, las rentabilidades de la renta fija. Sobran las palabras.

Posibles críticas

Las cosas como son: hay argumentos en contra. El primero sería éste: "Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras". Una verdad como un templo. Pero a mí me gusta mucho más una versión propia de esa frase que también tiene atisbos de verdad: "Rentabilidades pasadas en empresas bien gestionadas y que disfrutan de una ventaja competitiva tienen muchas papeletas de garantizar rentabilidades futuras". A lo que podríamos añadir: "Y si cotizan a precios con un importante descuento, las rentabilidades futuras pueden ser importantes". Una pregunta: ¿Apostaría a que el Real Madrid o el Barcelona se mantendrán entre los 5 primeros en, al menos, 7 de los próximos 10 años?

El segundo argumento en contra, relacionado con el primero, vendría dado por el siguiente gráfico:

Efectivamente, si nos centramos en los últimos 20 años, es la deuda a largo del Tesoro norteamericano la ganadora. Por tanto, un inversor que hubiera iniciado su periplo bursátil en el año 1991 animado, precisamente, por el excelente comportamiento histórico de las acciones, vería, con cierta resignación, cómo la renta fija cruza la meta en primer lugar.

Ante esta crítica, le respondo con lo siguiente:

  • Las acciones no lo han hecho nada mal: un dólar invertido en 1991 vería casi triplicado su valor en 20 años.
  • La renta fija es el peor aliado en escenarios inflacionistas. Y cuando una subida de precios toma cuerpo, ya saben quién es el siguiente invitado a la fiesta: una subida de tipos. Huelga decir que una subida de tipos supone todo un bofetón a la renta fija en circulación, que ve como su precio, ante el tirón de las nuevas emisiones de deuda a tipos más altos, se cuela por el inodoro. Y con Ben Bernanke en modo helicóptero no veo yo tan lejana una nueva era inflacionista...
  • Y es ahí, en los períodos inflacionistas, donde la renta variable se erige como la mejor cobertura posible: las empresas verán como se incrementan sus costes, pero también sus ingresos.
  • Hablamos de deuda norteamericana, con un riesgo, hoy por hoy, bajo. Pero no olvide que apostar por renta fija es ligar su futuro a la disciplina fiscal y monetaria de un país. Esto es, su dinero está en manos de la Administración, o en manos de aquellos a los que ha designado la Administración –léase, gobernador del banco central de turno. Yo, con las cajas, ya he tenido suficiente. Allá usted.
  • En los distintos gráficos que les he mostrado, la renta variable está representada por las acciones de un índice (en este caso, el S&P 500). Pero queda un espacio para la elección, un espacio para incorporar a nuestra cartera valores cuyo comportamiento supere al comportamiento medio del mercado.

Y no les hablo de quimeras. Les hablo de datos contrastados. Vean, si no, los resultados cosechados, por ejemplo, por conocidos gestores "value" -con Francisco García Paramés, de Bestinver, entre ellos-:

Y ya para terminar, déjenme que haga mía la archiconocida frase de un anuncio de una marca de coches: ¿Te gusta invertir? Entonces, compra acciones...

Pablo J. Vázquez es Doctor en Economía y especialista en Value Investing. Si estás interesado en la Bolsa y el Value Investing, puedes consultar todos los artículos del autor en su blog Value Street. También puedes seguirle en Twitter.

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