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Rubalcaba no sabe economía

Casi toda una vida sentándose en el Consejo de Ministros de España y aún no le han informado de cómo se crea empleo.

Francisco Aranda
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El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, no me invitó a una reunión que mantuvo hace unos días en Ferraz con una treintena de jóvenes para hablar de la situación de este colectivo en el mercado de trabajo. (Prefiero pensar que fue porque no se acordó y no por haber dejado de pertenecer ya a ese colectivo de edad). Me hubiera gustado participar para poder rebatir, en tan interesante aforo, algunos mensajes lanzados por el líder socialista que he podido leer posteriormente en el periódico.

"Hay que gastar dinero en crear empleo", afirmó –según la prensa– el inefable Pérez Rubalcaba. Vaya decepción. Casi toda una vida sentándose en el Consejo de Ministros de España y aún no le han informado de cómo se crea empleo. Tampoco parece conocer aún que estamos en este agujero por gastosos, por dilapidar el dinero público en planes E-(stúpidos), que tenían entretenidos a varios paisanos unos días mientras cambiaban el monumento de orientación, en cheques bebés y otras zarandajas.

Eso del crecimiento de la economía no es un fenómeno milagroso, ni llega como lo hace cada año la primavera (ésta se hace esperar demasiado). Los países crecen cuando ofrecen más bienes y servicios de calidad a precios competitivos. Crecer es saber producir más. La actividad económica se incrementará cuando seamos capaces de abastecer muchísima demanda interna y producir lo máximo para abastecer la demanda externa. Más claro, cuando seamos capaces de exportar mucho y necesitemos importar poco. La internacionalización es la base para salir de este atolladero y crecer de forma sostenible. El aparente milagro que se ha venido produciendo en Brasil, Rusia, India o Turquía consiste en que estos países han multiplicado sus exportaciones por entre 7 y 80 veces, lo cual ha permitido que la renta per cápita de sus habitantes se multiplique por entre 5 y 30 veces. No porque hayan cambiado de sitio todos sus monumentos, ni haber cambiado el embaldosado de sus plazas.

Lo de gastar dinero público para generar empleo tiene dos inconvenientes. Por un lado, nos estamos haciendo trampas en el solitario porque se trata de un empleo artificial e improductivo. Por otro, ese empleo hay que pagarlo y el Estado sólo puede obtener el dinero a través de los impuestos, lo cual provoca una disminución de los recursos económicos que están en manos de empresas y familias y que son susceptibles de formar parte de inversiones productivas, por lo tanto estamos frenando aún más la salida de este infierno.

También llegó a decir don Alfredo en su reunión con la muchachada que "no hay forma de crecer sin bajar sustancialmente la tasa de paro". Nuevo error. El crecimiento es el que genera empleo y no al contrario. Le pongo un ejemplo: una empresa puede generar empleo sin crecimiento incrementando el trabajo a tiempo parcial y distribuyendo las horas entre más personas. En concreto, decreceremos en términos netos, si se generan empleos de forma innecesaria tanto en una empresa como en un país, más aún si para ello incluso hay que recurrir al déficit y al endeudamiento.

No hay otra salida. La fuente del crecimiento está en nuestro tejido productivo. Sí, ese que no hacemos más que castigar con subidas de impuestos, hiperregulación, fronteras administrativas y todo tipo de trabas.

Primero está la inversión, que posteriormente genera crecimiento, lo cual favorece el empleo. Ese es el orden adecuado: inversión, crecimiento y empleo. Cambiar esta fórmula sólo provoca más tiempo en el banquillo del dolor o un espejismo (que es artificial y pasajero, como sabemos).

Mientras tanto, los gobiernos sí pueden hacer cosas para ayudar a generar bienestar a sus ciudadanos a través del crecimiento económico. Básicamente, se trata de generar una administración pública más eficiente, más reducida y orientada al fomento de la actividad exterior. Es decir, según los términos adoptados recientemente por el Fondo Monetario Internacional, convertirse en instituciones inclusivas, que son las que acompañan y fortalecen el crecimiento económico, al contrario de las denominadas extractivas. Yo creo que ya estaría bien con que la política garantizara la democracia, la economía de mercado y el imperio de la ley.

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