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Cuidado con la deuda

Mucho me temo que la realidad va a ser mucho más parecida al doloroso panorama que describe el FMI que a lo que prevé el Gobierno.

Emilio J. González
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El Fondo Monetario Internacional ha arrojado un jarro de agua bastante fría a las expectativas sobre la economía española. Lo importante de lo que dice el organismo multilateral no es tanto si el PIB español va a caer este año un 1,5%, como estiman sus técnicos, o alrededor del 1%, como calculan el Gobierno y el BBVA, porque, sea una cifra u otra, lo cierto es que seguimos en recesión. Lo verdaderamente importante es la estimación que hace para el próximo lustro, que difiere sustancialmente de la visión del Ejecutivo. Para este último, la recuperación de la economía española va a iniciarse en 2014 gracias al dinamismo de las exportaciones, y se supone que a partir de ahí se empezará a crear empleo y saldremos de la crisis; para el FMI, en cambio, nos aguardan cinco años de crecimiento económico débil y tasas de paro muy elevadas.

Por supuesto, habrá que dejar que el tiempo, ese juez inexorable, dicte sentencia. Pero mucho me temo que la realidad va a ser mucho más parecida al doloroso panorama que describe el Fondo que a los tintes optimistas con que pretende vestirla el Gobierno.

No hay que olvidar, y el FMI lo hace, que este es un país muy endeudado, y esa deuda tan abultada se convierte en el gran lastre del crecimiento. La deuda de las empresas podría dar lugar a suspensiones de pagos que crearan al sistema crediticio más problemas de los que ya tiene; y, en cualquier caso, su peso sobre los balances empresariales va a limitar las inversiones que generan crecimiento económico y empleo.

Por otro lado, la deuda de las familias limita y seguirá limitando la capacidad de consumo de las mismas; con un problema añadido: la reducción drástica de su riqueza como consecuencia de la fuerte caída de los precios de las viviendas que ya se está produciendo... y lo que todavía queda por venir, hasta que los precios hayan bajado no menos del 70% en relación con sus máximos. Estos son problemas relacionados con el estallido de las burbujas inmobiliarias, de los cuales se tarda años en salir, como demuestran las experiencias de Noruega o Japón.

El problema mayor, sin embargo, es el sector público. Como no se recorta el gasto, sino que el problema del déficit se ataca subiendo los impuestos, el crecimiento económico se deprime todavía más; pero el desequilibrio de las cuentas públicas apenas se reduce. De esta forma se van acumulando deuda y, sobre todo, intereses, los cuales constituyen más gasto público, lo que impulsa el déficit al alza. Pues bien, con una economía cuyo crecimiento va ser nulo o muy débil en los próximos años y un volumen de deuda pública en circulación que se acerca peligrosamente al nivel del 90% del PIB, la propia carga de los intereses se está convirtiendo en un factor que alimenta el déficit presupuestario y el crecimiento explosivo de la deuda.

Si las cosas siguen así, de aquí a unos meses volveremos a los problemas con la prima de riesgo, porque los mercados volverán a temer por la solvencia de España. Por eso el FMI pide más firmeza en el ajuste presupuestario. La cuestión es si el Gobierno entiende lo que puede pasar o sigue aferrándose al sueño de las exportaciones.

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