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No tanta consolidación

De Guindos ha afirmado que la recuperación económica está ya consolidada. Aunque no lo crean ustedes, se refería a la economía española.

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Son muchas las ocasiones en las que la credibilidad de un personaje público no depende tanto del contenido de su mensaje como del empaque en su exposición. El señor De Guindos ha afirmado que la recuperación económica está ya consolidada. Aunque no lo crean ustedes, se refería a la economía española.

Hombre, señor ministro, yo creo que la cosa no es para tanto. Me explicaré: es bien cierto que ha habido, en los últimos tres trimestres, una tasa progresiva de crecimiento del PIB que traen esperanza a quienes la habían perdido. Lo reconozco, y reconozco también que ese crecimiento no es resultado del azar sino de medidas dirigidas a hacerlo posible; medidas que, aunque cicateras y escasas, han tenido su efecto, y hoy no me duelen prendas en aplaudir la evidencia de sus resultados.

Sin embargo, decir que la recuperación está consolidada es una forma de asumir riesgos innecesarios si, ante las veleidades de la economía, los españoles recordaran sus palabras, caso de que la tendencia decidiera invertir su sentido. Para hacer sonar el clarín del triunfo, sinceramente, me parece un poco pronto.

De hecho, apenas nos hemos recuperado de las tasas de contracción de los dos últimos años, con dos o tres décimas en exceso. Así que no es momento, considero yo, de brindis y jaculatorias, sino de seguir ante el reto de superar la enfermedad que incubó la economía española en los dos gobiernos de Zapatero, para lo cual el tratamiento aplicado ha resultado poco contundente.

El propio Gobierno tiene el propósito, según se ha dicho, de desarrollar un plan de empleo para los parados de larga duración. Si dramática es toda situación de paro, el de larga duración alcanza niveles extremos porque la desesperanza y la carencia de horizontes invaden todas las esferas vitales del trabajador.

Su alegría, señor ministro, lógica aunque excesiva, al anunciar las cifras del crecimiento del PIB ha impactado en los sectores sociales, los sindicatos y la patronal; los primeros han pedido ya la supresión de los recortes –¿de qué recortes?– y el incremento de los salarios. A poco que tuvieran éxito con la petición, o si se rebelaran contra su negativa, veríamos con gran rapidez ese cambio de tendencia que, decía yo, daría al traste con su anuncio de consolidación.

Lo que sí que habría dicho yo, de haber estado en aquella mesa, que no fue el caso, es que la medida necesaria en lo relacionado con la situación de los parados de larga duración -teniendo en cuenta que, por lo general, tienen un déficit de formación para las exigencias del mercado de trabajo- es que sindicatos y patronal queden excluidos de la posibilidad de formar a los trabajadores en paro; dicha formación habría que confiarla a las entidades dedicadas habitualmente a ello. Los escandalosos fracasos de estos protagonistas a la hora de formar trabajadores así lo aconsejan.

Y lo dejo ahí, para no abundar en el problema, de sobra conocido por todos.

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