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España debería imitar a Gibraltar

El enemigo de la prosperidad de España no está fuera, sino aquí, muy cerca, entre nosotros...

Manuel Llamas
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Gibraltar se ha convertido en una auténtica tradición veraniega. Es llegar agosto y el Peñón pasa a ocupar las portadas de los principales periódicos. En 2013 el protagonismo recayó en los polémicos bloques de hormigón lanzados por el Gobierno gibraltareño en la bahía de Algeciras, pero en 2014 la atención se centra en el increíble descubrimiento realizado por la Oficina Europea de la Lucha contra el Fraude (OLAF).

Resulta que el citado organismo comunitario sospecha ahora que en Gibraltar podrían desarrollarse actividades relacionadas con el contrabando de tabaco y el blanqueo de capitales. ¡Oh, sorpresa! Los investigadores... bien merecido tienen su sueldo ante tamaña revelación, sin duda. Sin embargo, lo interesante no radica en la veracidad o no de tales acusaciones, sino en la absurda y retrógrada reacción que ha suscitado entre las autoridades políticas españolas. El PP, en un nueva muestra de la liberticida y profundamente estatista ideología que profesa, se ha apresurado a aplaudir el citado dictamen porque, de este modo, puede justificar los rígidos controles policiales aplicados en la Verja a lo largo de los últimos meses, pese a los graves inconvenientes causados a la población de La Línea. Pero lo más triste es que los dirigentes populares se han agarrado al informe de la OLAF para culpar a Gibraltar del bochornoso drama económico que padece la provincia de Cádiz y del dinero que deja de recaudar Hacienda a causa del contrabando de tabaco. Es decir, los políticos patrios vuelven a usar el Peñón como excusa para esconder sus propias vergüenzas.

No en vano, más allá del histórico conflicto que mantienen España y Reino Unido sobre la soberanía del territorio, si en algo coinciden PP, PSOE y hasta IU es, precisamente, en criticar su baja fiscalidad, acusando a Gibraltar de "competencia desleal" y, por tanto, de dañar la economía situada a este lado de la Verja, incluso de restar recursos a las arcas públicas, sin pararse a reflexionar mínimamente en el origen real del problema, a saber: que el atraso de Andalucía, especialmente en Cádiz, y la menor riqueza de España frente a Gibraltar radican en la elevada fiscalidad y el intenso intervencionismo que ejercen tanto PP como PSOE. Además, el espectacular aumento que ha registrado el contrabando de tabaco en los últimos años -protagonizado, en todo caso, por españoles- no se debe a la existencia del Peñón, sino a la brutal subida de impuestos aplicada por los distintos Gobiernos nacionales, hasta el punto de duplicar el precio de la cajetilla.

¿Cómo es posible que la renta media de los gibraltareños ronde los 50.000 euros al año y en Cádiz, cien metros más allá, apenas supere los 17.000? ¿Por qué la tasa de paro en Gibraltar es del 3% y, sin embargo, los gaditanos sufren un desempleo superior al 40%? ¿Qué explica tales divergencias? La respuesta no es otra que el marco institucional. El Peñón, con una población de apenas 30.000 habitantes, ha sabido aprovechar sus ventajas competitivas respecto a España ofreciendo una tributación mucho más atractiva y simple a empresas e inversores, al tiempo que garantiza la seguridad jurídica y facilita el desarrollo de la actividad empresarial. Todo lo contrario de lo que sucede aquí.

Su marco legal y jurídico se rige por la legislación británica (Common Law), la principal referencia mundial en el ámbito de los negocios debido a su certidumbre y agilidad, lo cual permite proteger eficazmente los derechos de propiedad privada y dirimir de forma rápida los posibles conflictos que surjan entre los agentes; su sistema monetario, basado en la libra esterlina, es estable, con una inflación baja, y libre circulación de divisas, sin restricción alguna en los tipos de cambio; su mercado laboral es muy flexible y libre; con grandes facilidades a la hora de crear empresas y poder desarrollar libremente su actividad; pero su principal punto fuerte es su baja fiscalidad, ya que ofrece un entorno muy atractivo para empresas e inversores: su Gobierno no aplica IVA ni tasas indirectas sobre la compraventa de bienes y servicios, las plusvalías están exentas de impuestos, al igual que el patrimonio o las herencias, el Impuesto de Sociedades es del 10%, sólo se tributa por los ingresos obtenidos en el Peñón, y, bajo ciertas condiciones, los trabajadores altamente cualificados desplazados a Gibraltar se pueden beneficiar de un pago máximo en IRPF, con independencia de lo que ganen, además de ofrecer grandes ventajas a los fondos de inversión para poder competir con la poderosa e influyente City londinense.

Por último, es cierto que Gibraltar es un centro financiero internacional de primer orden, pero, a diferencia de lo que se aduce habitualmente, no está calificado oficialmente como paraíso fiscal -entendido como un centro para lavar dinero procedente de delitos-, ya que cuenta con acuerdos de colaboración con los principales países desarrollados. De hecho, figura en la lista blanca de la OCDE en cuanto a transparencia tributaria. Así pues, culpar a Gibraltar de los males que padece Cádiz o del contrabando de tabaco es tan absurdo como acusar a los empresarios de explotar a sus trabajadores, a los países ricos de la desdicha que sufren los pobres, a Andorra del elefantiásico Estado francés o a España del progresivo deterioro económico que padece Cataluña.

Dicho de otro modo, Cádiz no es pobre porque Gibraltar sea rica, al igual que la miseria de Corea del Norte no se debe al progreso de Corea del Sur ni la extrema pobreza que padece Cuba responde al imperialismo norteamericano, tal y como sostienen las teorías socialistas de la explotación y la redistribución. Más bien al contrario, puesto que muchos gaditanos dependen, de una u otra forma, de Gibraltar. Su economía generó el 18% de los empleos y más del 12% del PIB del Campo de Gibraltar en 2007, así como el 0,42% del PIB de Andalucía, según lo estudios realizados al respecto. La solución, por tanto, no estriba en que el Peñón dispare los impuestos hasta equipararlos al confiscatorio nivel de España, tal y como defienden los comunistas del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) de Diego Cañamero y Sánchez Gordillo, sino en imitar las políticas que han llevado a Gibraltar y a otros muchos países hacia la senda de la riqueza y el empleo. El enemigo de la prosperidad de España no está fuera, sino aquí, muy cerca, entre nosotros...

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