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Draghi se enfrenta a una rebelión interna en el BCE

En las altas esferas del BCE no gusta el estilo del italiano, a quien se acusa de ejercer un liderazgo "errático" marcado por el "secretismo".

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En las altas esferas del BCE no gusta el estilo del italiano, a quien se acusa de ejercer un liderazgo "errático" marcado por el "secretismo".

Las discrepancias internas en el seno del Banco Central Europeo (BCE) no paran de crecer. A lo largo de las últimas semanas, las turbulencias financieras han aumentado la tensión en los mercados. Por otro lado, las cifras de crecimiento del Viejo Continente han sido revisadas a la baja, confirmando una preocupante desaceleración. Ante este escenario, el liderazgo de Mario Draghi enfrenta una dura prueba.

En las altas esferas del BCE no gusta el estilo de gestión del italiano, a quien se acusa de ejercer un liderazgo "errático" marcado por el "secretismo". Estas dudas han ido a más después de que Draghi afirmase públicamente que el BCE pretende aumentar el tamaño de su balance, algo que rompe con la tónica restrictiva de los últimos años.

El ala crítica apunta que el enfoque de Draghi alimentará las expectativas de quienes esperan una política monetaria expansiva. Como consecuencia, las próximas reuniones del BCE estarán marcadas por la desconfianza que han generado las últimas decisiones del máximo dirigente de la institución.

La cristalización de estas discrepancias podría llegar en la cena de trabajo que se celebrará este mismo miércoles, 5 de noviembre. Esta cumbre informal, que se celebra cada mes, serviría para anticipar las diferencias que, de forma oficial, serán discutidas en la reunión de máximo nivel que el BCE celebrará este jueves.

Un liderazgo complejo

Hasta ahora, el trabajo de Draghi al frente del BCE ha estado marcado por una curiosa diferencia entre sus declaraciones públicas y sus decisiones monetarias. Así, mientras el italiano mantiene un discurso relativamente intervencionista de cara a los medios, lo cierto es que, en la práctica, el BCE de Draghi se ha caracterizado por adoptar medidas razonablemente restrictivas.

Así, entre 2012 y 2014 se produjo un significativo repliegue en el tamaño del balance de la entidad monetaria, justo coincidiendo con el periodo de mayor expansión por parte de la Reserva Federal.

Esta apuesta fortaleció al euro frente a otras divisas, como vemos en el cambio con el dólar.

Estas diferencias entre lo que "dice" y lo que "hace" el presidente del BCE ya habían generado dudas en el seno de la institución. Sin embargo, el verdadero problema llegó en agosto, durante la conferencia de la Reserva Federal en Jackson Hole. En esta cumbre informal de banqueros centrales, Draghi comentó que "la baja inflación en la Eurozona" podría invitar al BCE a "expandir su balance hasta recuperar las dimensiones de comienzos de 2012".

Internamente, esta decisión no había sido consensuada. De hecho, quienes sí estaban dispuestos a admitir un ligero aumento del balance del BCE no contemplaban, en absoluto, una evolución tan agresiva como la que mencionó el italiano en Jackson Hole. La tensión fue a más en las semanas siguientes, tocando techo en octubre, cuando el jefe del Bundesbank, Jens Weidmann, criticó públicamente el nuevo rumbo del BCE.

Draghi ni siquiera puede contar de forma clara con el gobernador del Banco de Francia. Christian Noyer sí está a favor de adoptar medidas monetarias más expansivas, pero mantiene sus reservas acerca de la forma en que el BCE las está ejecutando. En cualquier caso, los grandes retos que enfrenta Draghi no vienen por el franco galo, sino que proceden, principalmente, de las autoridades monetarias de Alemania, Holanda, Austria, los países bálticos, Eslovaquia, Eslovenia y Luxemburgo.

Algunos rumores han apuntado incluso que Draghi podría estar pensando en la dimisión, aunque el consenso entre los analistas es otro y apunta a que el italiano tratará de encauzar la situación a lo largo de los próximos meses.

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