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¿Podría ser llegado el momento?

El Gobierno griego sigue perdiendo el tiempo y dando a sus electores más droga populista.

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Se suele decir, aplicable a muchos aspectos de la vida, que "la paciencia tiene un límite"; principio éste que incide directamente en los procesos de negociación entre partes. Dicho lo cual, debemos preguntarnos acerca del alcance de ese límite. Mi respuesta es clara y contundente: el límite está en el momento en que se concluya que una parte (A) está tomando el pelo a la otra (B).

Naturalmente, el pelo se puede tomar de formas diversas; en todo caso, deriva en una pérdida de tiempo y de esfuerzos. Pérdidas y actitudes que a todas luces son coherentes con la intención de A de no llegar a acuerdo alguno, porque nunca, desde el principio, estará dispuesta a cumplir. Ello es más acusado cuando del acuerdo que se vislumbra como posible se deriva para A un sacrificio.

Estoy pensando en el asunto que preocupa a los europeos de la Unión Monetaria sobre todo: la resolución de las ya largas conversaciones entre la UE y el Gobierno griego. ¿Se debe considerar un indicio de tomadura de pelo el hecho significativo de que el discurso del señor Tsypras sea distinto en función del escenario? ¿Cuál debe ser el grado de fiabilidad que la Unión Europea otorgue a sus promesas o gestos de buena voluntad?

Lejos de hacer lo que han hecho todos los países que han precisado ayudas, cualquiera que haya sido su forma, optar por la vía realista para reestructurar sus economías y sus finanzas, el Gobierno griego sigue perdiendo el tiempo y dando a sus electores más droga populista, con la esperanza, supongo, de que lleguen a la alienación plena, que les impida discernir lo que está ocurriendo en su país.

Nada puedo objetar a su acercamiento a la Federación Rusa, todo lo contrario, puede que allí encuentre la solución –lo que sí podrá comprobar allí, pues fresco está en el recuerdo de sus ciudadanos, es el alcance del término troika; Moscú sabe mucho de eso–; pero ¿no sería el momento de que la Unión Europea dijera "Hasta aquí hemos llegado"? ¿Cuándo si no?

Que los griegos piensen que su marcha supondrá problemas insalvables para la Unión Europea, y amenacen con ello, creo que es algo que en nada nos debe detener. Europa se las ha visto con dificultades mucho mayores y ha salido fortalecida. Además, los más tibios a la hora de tomar medidas contundentes deberían no poner objeciones, porque el továrich Putin le ha dispensado una acogida fraterna y generosa, lo que conforma una posible alternativa.

No cabe, sin embargo, considerarse la parte débil, a la que se le puede tomar el pelo.

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