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De Guindos y Varufakis

¿Cómo ha afectado a los poderes de Varufakis el nombramiento del coordinador Tsakalotos?

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Cuando escribo estas líneas, atardecer del siete de mayo, no puedo imaginar cuál pueda ser el contenido de la reunión de nuestro ministro de Economía y Competitividad con su colega griego. Ya sé que soy hombre de poca imaginación, pero cuando llegó a mis oídos la reunión que se produciría el viernes entre los dos personajes del enunciado sólo surgió una pregunta: ¿quién es Varufakis?

Dirán los lectores que cómo planteo yo semejante cuestión, cuando al aludido ministro griego le he dedicado líneas de opinión en este periódico, quizá no para ensalzar su conducta o alabar sus procedimientos pero sí para hacer suponer que algo sabía del personaje y de sus fazañas.

Nada puedo objetar a esa réplica, aunque quizá deba hoy ser más explícito. Así, repetiría: ¿quién es hoy Varufakis? Quién fue, está bastante claro, tanto para la Unión Europea como para los helenos: aun responsabilizándoles por los votos depositados, tampoco era necesario que se les infligiera tanto daño a su economía, a su bienestar y al horizonte de esperanzas truncadas en su nación.

Hasta donde yo conozco, fue al comienzo de la semana pasada cuando el primer ministro Tsipras, a la luz del caos en el que se había sumido su ministro plenipotenciario Varufakis, creó la figura de un coordinador superplenipotenciario, por encima del propio Varufakis; por ello, salvo que también mienta, mi pregunta de quién es hoy Varufakis no resulta tan necia.

Parece que ante la Troika –este es el vocablo que hemos utilizado entre los europeos, y no lo voy a cambiar porque a los griegos de la izquierda les moleste su uso– ha sentado bien la iniciativa de Tsipras, lo que tampoco es extraño. Su anterior hombre, entre desplantes, mentiras y promesas incumplidas, no permitió otra cosa.

De aquí mi inquietud ante la entrevista De Guindos-Varufakis. ¿Cómo ha afectado a los poderes de éste el nombramiento del coordinador Tsakalotos? No lo sé, como no sé si este arreglo no pasa de eso, de un enjuague para parecer que es lo que no es.

Al fin y al cabo, el problema de Grecia, y el de este gran país con la Unión Europea, no es cuestión de si éste o aquél, sino de ideología de gobierno. Lo que debe hacer Tsipras es decir solemnemente a los griegos que les ha engañado y que las promesas sólo pretendían conseguir votos. Alternativamente, a los de la Troika, que su engaño, también a ellos, les ha hecho perder el tiempo y la paciencia.

No importa tanto quién dice, sino qué dice. Puedo aceptar –sin entrar en detalles– que Varufakis, al decir de Tsipras, era el que mejor hablaba, pero su problema era lo que decía. ¿Se va a decir algo distinto sin explicar el engaño? Y, en este caso, ¿cómo sabremos que ahora van en serio?

Espero que esta sea la confidencia de Varufakis al oído de De Guindos que tanto me preocupaba.

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