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Bofetada de realidad al sector de la energía: "Nuestro problema es que creemos en el mercado… pero menos"

El fracking, las subvenciones a las renovables, la incertidumbre regulatoria: las compañías se enfrentan a una realidad cambiante y poca segura.

Domingo Soriano
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El pasado jueves, en la sede del IESE en Madrid, tenía lugar el "14º Encuentro del Sector Energético. Arquitectura energética en transición". Normalmente, este tipo de jornadas no dan para mucho. Al menos para los periodistas. La idea es que se reúnan las cabezas pensantes de un sector, comenten las novedades que les atañen, hagan un poco de networking y se quejen de lo complicado que se lo pone todo el Gobierno. Nada demasiado interesante para los de fuera.

En esta ocasión, sin embargo, los que allí acudimos como meros espectadores, sin más intención que estudiar cómo respiraban unos y otros, sí pudimos sacar algo en claro. Quizás por lo cerca que estábamos de la última polémica con el recibo de la luz, la parte regulada o los impuestos. A lo mejor es que ya se han hartado de ser el punching ball de medios y políticos. O puede que simplemente fuera un desahogo puntual. Un enfado que uno de los presentes retrató de maravilla recuperando la frase de un famoso empresario del sector: "¡Qué habremos hecho tan mal para que nos traten peor que a los bancos!"

Fuera por una razón o por otra, el caso es que el debate estuvo más animado que otras veces. Sobre todo por parte de Nemesio Fernández-Cuesta, presidente de Isolux Corsan. Porque les dijo a sus compañeros, competidores, clientes y proveedores lo que casi nadie les dice nunca. Y el discurso resonó como un disparo en la madrugada: "Nuestro problema es que todos creemos en el mercado… pero menos".

Sí, ése es un problema. Cuando confías en que tus beneficios lleguen del poder político, debes ser consciente de que ese mismo poder te los quitará cuando le convenga. Vivir del BOE implica que también puedes morir por el mismo procedimiento. Fernández-Cuesta no tenía dudas: "Hemos intentado arrimar el ascua a nuestra sardina. Con el Estado y con las comunidades autónomas. El déficit de tarifa es consecuencia de las subidas de precios que no se quisieron hacer en su momento. A ver cómo se lo explicas ahora al consumidor. Todos los errores cometidos nacen del mismo problema, creer en el mercado como mecanismo más eficiente de asignación de recursos… pero menos".

A partir de ahí, las discusiones sobre las primas a las renovables, sobre si las últimas decisiones del Gobierno rompen con la seguridad jurídica, sobre si el actual mecanismo de fijación de precios es el mejor de los posibles… Todo cae en saco roto, porque lo que debería fijarse con criterios de mercado se establece con la vista puesta en los réditos políticos. Hay que ser muy ingenuo (o muy cortoplacista) para pensar que el ministro que hoy te aprueba una regulación favorable no te la quitará por el mismo procedimiento cuando lo necesite. Como explicaba Fernández-Cuesta, los lodos de la actualidad comenzaron con los polvos del interés más miope: "Las empresas, los inversores, los productores… todos creen que este sector consiste en que alguien tiene que garantizarme la inversión".

Las primas (y los primos)

También es cierto que no está ni mucho menos claro que ésa fuera la actitud mayoritaria entre los presentes. De hecho, tras Fernández-Cuesta fueron varios los que recordaron que, aunque lo del mercado está muy bien, el de la energía es un sector especial. Claro, es especial porque es el suyo. Es lo que todos pensamos: que lo de la oferta y la demanda nos gusta; pero lo que de verdad nos gusta es que se les aplique a los demás, para que nosotros podamos comprar más barato. Pero en nuestro sector, si tenemos al primo de Zumosol en el Ministerio protegiéndonos de la competencia, pues ni tan mal.

Ya lo decía Adam Smith: si ves a dos empresarios en teoría rivales hablando (y más aún si lo están haciendo con un político), vigila tu cartera porque lo normal es que estén conspirando contra ti. Como explica el profesor Rodríguez Braun: "El economista escocés aplaude la competencia y condena severamente a los empresarios que, con toda suerte de excusas, arrancan monopolios, subsidios y protecciones varias del poder político, a expensas del pueblo". ¿Les suena? Pues esto ya pasaba en Escocia en el siglo XVIII. Quizás sea simplemente la naturaleza humana.

Por eso las primas a las renovables no serán las últimas que cobrarán en el sector. Ni los primos de las renovables se quedarán solos entre los engañados por los políticos. Llegarán nuevas regulaciones, intervenciones y excusas. De hecho, en la jornada, surgieron varios temas de debate que ocuparán a unos y otros en los próximos años. En todos se percibe el peligro del intervencionismo político:

- "Las externalidades se resuelven con impuestos". Y el sector de la energía es de los que más externalidades tienen. Todas las fuentes de energía tienen la suya. Una central nuclear debería soportar el coste de asegurarse ante el riesgo de un accidente (por muy pequeño que éste sea). Los coches de gasolina y, aún más, diésel tendrían que pagar por cada kilómetro que circulen y contaminen (no andar con el juego del par-impar). Y las renovables producen a coste cero… pero la tecnología de respaldo que necesitan por si no hay viento o sol no se mantiene a coste cero.

En esto de la energía todos son especialistas en señalar la paja de la externalidad del de enfrente, pero casi ninguno ve la viga de su central. Y los gobiernos temen cobrarle a los consumidores abiertamente por estos costes, quizás porque son complicados de explicar. Pues sería un buen sitio para empezar a hacer pedagogía. También para mandar señales de precios claras al mercado. Porque no hay una manera mejor de fomentar el ahorro energético que hacer que el consumidor pague por lo que consume.

- "Si hay subvenciones, mejor en I+D y sólo para industrias de verdad nacientes": otro apunte interesante. El papel de las subvenciones en la promoción de la industria. Es cierto que España es un país con una elevada dependencia del exterior en materia energética. Por eso, impulsar el desarrollo de las fuentes de energía en las que sí podemos ser competitivos puede parecer una buena idea. Y lo único que tenemos (no es poco) es sol y viento. Pero claro, ¿eso justifica cualquier gasto? ¿Tenían sentido las subvenciones de 2004-2010, cuando estas dos tecnologías eran caras, poco competitivas y todavía estaban en una fase muy temprana de su desarrollo?

Hubo quien dijo que si nadie ayuda a las industrias nacientes, éstas nunca pasarán de esa fase. Otros apuntaron que es muy fácil aplaudir a posteriori, una vez se comprueba que una industria impulsada por la ayuda pública se convierte en líder a nivel mundial. Pero que para conseguirlo, hay que apostar en su fase inicial, cuando no existe certidumbre sobre su éxito. También es cierto que los que así se expresaban tenían un interés claro y directo en esas mismas subvenciones. ¿La solución? Uno de los presentes pidió un modelo diferente, que no interfiera en el mercado y no beneficie a una u otra empresa: si hay subvenciones, mejor centrarse en aquellas dirigidas a la I+D y sólo en industrias en estado embrionario. Es decir, con un horizonte temporal definido, un presupuesto acotado (y mucho más bajo que el actual), objetivos tasados y control de resultados. Vamos, lo contrario de lo que se estila en España.

- "El fracking ha supuesto que por primera vez tenemos elasticidad precio en la oferta de crudo": una novedad que cambiará el mercado. El desarrollo del fracking en EEUU ha supuesto que, por primera vez en décadas, el mercado de la energía comienza a responder de verdad a señales de precio. Cuando sube, se ponen en marcha campos de extracción que por debajo de cierto nivel no son rentable. Cuando se estanca o baja el precio, esos campos paran. El control de la OPEP sobre la demanda y el precio ya es historia. Por cierto, España ya importa materia prima procedente de los campos norteamericanos.

- Las renovables y su "respaldo": el próximo déficit de tarifa. Ya es un tema polémico, porque está detrás del famoso impuesto al sol. No será fácil convencer a la opinión pública, pero en España hay centrales de gas que funcionan a un 9% de capacidad. Tenemos sobrecapacidad. Hubo quien aseguró que hay plantas de regasificación en cada región, funcionando al 20% de capacidad. ¿Y si las cerramos? Pues no es tan fácil, porque al mismo tiempo todos queremos que estén ahí, entre otras cosas porque las renovables, que cada vez representan un porcentaje más elevado del mix, necesitan una tecnología de respaldo. Porque cuando no hay viento o sol, no hay molino o panel que valga. Recuerden lo ocurrido en las últimas semanas de mucho frío y poco viento. Pero tener una planta al 20% es muy caro. Eso no se paga sólo abonando la electricidad que proporcionen en los momentos en los que entran al mix. También hay que pagar por su coste durante el resto del año, cuando están paradas.

Así que, o las mantenemos con un precio fijo, produzcan o no; o pagamos la electricidad a precio de oro cuando haya que darle al ON, para compensar también por el tiempo que han estado paradas; o las cerramos y asumimos que cuando no haya renovables habrá cortes de suministro o que acudir a los mercados internacionales. Por cierto, sobre mecanismos de fijación de precios escribía el otro día Manuel Fernández Ordóñez con su habitual claridad. No hay soluciones sencillas.

- Energías renovables, ¿cuándo serán competitivas? ¿Y fiables?: aquí cada uno tiene una opinión, según le vaya en la fiesta. Hubo quien dijo que en 2040 serán más baratas que las convencionales. La Agencia Internacional de la Energía, sin embargo, prevé que en 2040 el 40% de las renovables todavía necesitará subvenciones para ser competitiva. Otros estudios dicen que la fotovoltaica ya es rentable. Lo cierto es que la tecnología, también en este campo, suele superar las mejores expectativas.

Un ejemplo sobre España: antes una planta costaba 6 millones y ahora sale por 800.000 euros. También es verdad que si esto es cierto (como defienden en la industria) entonces las subvenciones que piden y las razones que dan para cobrarlas tienen aún menos sentido. El silicio, material fundamental para las placas, es barato y muy abundante. Así, el nuevo reto es el del almacenamiento. Entre otras cosas para hacer fiable una tecnología que ahora depende totalmente del clima. Tesla ya está montando placas solares en el tejado con baterías integradas.

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